sábado, 30 de marzo de 2019

"De ti me gusta todo"

Un día cualquiera, en un momento como cualquier otro y en una conversación sin importancia, la respuesta de mi marido a mi pregunta fue: "De ti me gusta todo".
En estas 5 palabras hay 24 años en los que puedo decir muy orgullosa que hemos mejorado como pareja.
Hace años, mi imagen sobre la relación de una pareja era distinta. Pensaba que lo normal eran las peleas, las desconfianzas, hacer evidentes y grandes los detalles que no te gustaban de la otra persona, vivir infeliz y echarlo en cara.
Asumí como natural un tipo de relación que no era sana, y cualquier cosa diferente, mejor, me creaba desconfianza por perfecta. 
Aunque no me gustaba, me sentía más cómoda entre enfados y reproches. Sin embargo, cuando la cosa iba bien, estaba a la espera del momento en el que todo se estropeara, porque estaba segura de que tarde o temprano iba a pasar.
Por eso, de vez en cuando, aparece el miedo a que lo nuestro no sea real, a que no dure para siempre. Entonces pienso que es real porque es lo que estamos viviendo cada día. Y que puede que no dure para siempre, eso lo tengo asumido, pero mientras dure, vamos a disfrutar de ello.


viernes, 29 de marzo de 2019

No pintan tan mal

Hoy I, una de las chicas de la piscina, cumple 50 años. 
Y mirándola a ella y a E, que tiene la misma edad, pues pienso: "oye, no pintan tan mal los 50".
Después de felicitarla era inevitable preguntar al resto cuántos años tenía cada una: 63, 49, 46, 42. Y resulta que la "joven", la de 42, es una servidora.
Cuando tenía 20 años pensaba que los de 40 eran unos viejos y no llegaba a hacerme a la idea de qué tipo de vida se tiene a esa edad. Ahora que lo he descubierto puedo decir que se tiene vida, mucha, y que no se es viejo, quizás mayor.
Cada vez pienso más en el futuro respecto a la edad, a cómo estaré, a qué será de mi vida.
Mi marido y yo, día a día, empezamos a tener cosillas de la edad. Que si nos duele algo que antes no nos dolía, que si tengo que ir al médico por algo que no sabía ni que existía, que si prefiero quedarme en el sofá que salir de fiesta, y un sin fin de que sis.
Y si miras fotos, más vale que sean las de hace un año, porque como sean de hace diez o más, te da un mareo al comprobar lo que hemos crecido.

martes, 26 de marzo de 2019

De cuando te das cuenta que estás metiendo la pata, y aun así no consigues cerrar la boca

La gente que me conoce dice que soy una persona reflexiva, que pienso antes de hablar y no digo nada de más, ni de menos.
Pues no siempre es así.
Ayer metí la pata hasta el fondo, y aunque mientras hablaba me daba cuenta de lo poco afortunadas que eran mis palabras, no conseguía cerrar la bocaza.
Quizás por eso me lo pienso tanto antes de hablar o de dar mi opinión. Quizás por eso a veces se me pasa la oportunidad de decir lo que pienso, porque lo pienso tanto, que después ya ha pasado el momento.
Así que para evitar momentos como el de ayer (y me refiero a lo que pudo sentir mi amigo por mis palabras), seguiré siendo (o intentando ser) reflexiva, me diré mis palabras y contaré hasta 10 antes de hablar.

lunes, 25 de marzo de 2019

La vida en un clic

Hace unos días hubo problemas con internet. Todo lo que normalmente se puede conseguir en un clic, durante unas horas costaba algo más de tiempo. Seguía siendo suficiente apretar una vez el botón del ratón, pero como no tenemos paciencia y estamos mal acostumbrados, pensamos que haciendo más clics por segundo la orden se ejecutará antes.
Es que, además, esa espera de unos segundos genera silencios muy incómodos.
Cuando fui a la librería a que me imprimieran unos documentos y el clic de siempre se tomaba más tiempo del que nos tiene acostumbrados ¿qué hacemos en esos segundos? ¿hablamos del tiempo? ¿nos miramos a la cara? No: hacemos más clics. 
Y es que todo lo queremos ya, para ayer. Ni que nosotros fuéramos tan eficientes...
Mis hijos, por ejemplo, cuando hablamos de una película que no han visto, o anuncian un estreno que les interesa, se creen que lo único que hay que hacer es sentarse en el ordenador y ya está, que haciendo clic es suficiente.
Ellos han nacido en la era del clic.
Pero yo no, y parece que ya no me acuerdo de cuando iba a la biblioteca y tenía que consultar yo misma en las fichas de registro si estaba el libro que me interesaba. O cuando no teníamos teléfonos móviles y quedabas desde casa, por teléfono, y si alguien llegaba tarde, o no llegaba, no tenías forma de saber qué le había pasado hasta que llegabas a casa y podías volverle a llamar. Cuando tener un ordenador era un lujo. Cuando no conocías más que a los que podías hablar cara a cara.
Con internet y las nuevas tecnologías podemos llegar más lejos, desde casa, conocer a más gente, desde casa, visitar más sitios, desde casa, vivir experiencias que nunca podremos disfrutar en persona, desde casa. Saber de la vida de los demás sin ni siquiera conocerlos, desde casa.
Más nos vale estar a gusto en casa.

domingo, 24 de marzo de 2019

Disfrutar de tu hija la mitad del tiempo

He coincido en la puerta del colegio con una mamá de la clase de mi hijo pequeño que está separada hace un par de años. Esta tarde le toca la niña, y para que no se le haga tan corto el tiempo que puede estar con ella, hoy ha preferido que no se quede en el comedor.
Le he dicho que tiene que ser duro no poder estar siempre juntas, y me ha dicho que sí, que "cuando tienes una hija nadie te dice que solo podrás disfrutar de ella la mitad del tiempo".
Los términos de la separación no han sido muy amistosos, y en esta relación la más perjudicada  de los progenitores ha sido la madre.
Conozco otras parejas separadas, y menos en una, en el resto son las madres las que más sufren estar separadas de sus hijos.
Cada familia, cada separación, cada persona es un mundo. Y por mucho que tenga historias cercanas para hacerme una idea, no me puedo imaginar lejos de mis hijos, sin saber de su día a día, sin poder darles las buenas noches y los buenos días todos los días de su vida.

sábado, 23 de marzo de 2019

El poder del miedo

Cinco años tienen estas líneas:

"El miedo es efectivo, mucho.

He de reconocer que a veces me gustaría tener el poder que otorga el miedo. Tener la autoridad que veo algunos padres ejercen sobre sus hijos, conseguir que con un "chisssst" y un de índice en alto, el niño haga caso en el acto y no rechiste. Pero alguna vez he visto miedo en los ojos de mis hijos ante una de mis reacciones y no me ha gustado, ha sido suficiente para decidir que no quiero que me tengan miedo.

Un niño con miedo no comparte lo que piensa ni lo que siente, no confía, no tiene seguridad. No establece un vínculo y tampoco respeta, simplemente evita y pasa por tu lado de puntillas, sin hacer ruido, para no molestar. Lo sé; unos necesitan más y otros necesitamos menos para tener miedo.
El miedo no es la solución, ni el camino, ni la forma, ni el método. El miedo sirve para reprimir, para ahogar, para controlar, para dominar. No quiero el miedo ni lo que me ofrece.

La reacción de dos niños ante la misma situación puede mostrarnos cual es el que tiene miedo y cual no.
A veces es muy fácil saber si un niño tiene miedo, sólo hay que observar su reacción ante
De pequeños nos inculcan muchos miedos por nuestro bien: miedo al médico, a la policía"

Y me alegra saber que mis hijos no me tienen el miedo sobre el que escribí.

viernes, 22 de marzo de 2019

Cerrar las cortinas




Llega el final del día, cerramos las cortinas, y todo lo que sobra se queda fuera.
Es un gesto como podría serlo otro cualquiera, pero no lo es. 
Como cerrar la puerta de casa cuando estamos todos dentro, lo demás queda en el exterior.
Sensación de protección y unión. Todos juntos. Así estamos bien.