Imagino sin prejuicios, sin poder comparar, porque supongo que me gustaría.
Imagino cómo tiene que ser la vida de hotel, aunque no llego a imaginar el motivo.
Imagino habitaciones bonitas, acogedoras, cómodas, de las que da pena despedirse. Con balcones desde los que disfrutar de vistas preciosas.
Imagino baños espaciosos, cálidos y orinigales, con albornoces blancos de rizo que siempre te quedan bien.
Imagino hoteles grandes, pequeños, lujosos, modestos, pero siempre con recepciones en las que ya puedes adivinar que te vas a sentir como en tu casa.
Imagino que la gente que se hospeda en un hotel es siempre feliz allí, que solo se puede llevar buenos recuerdos y que siempre desea volver.
Imagino.
Imagino habitaciones bonitas, acogedoras, cómodas, de las que da pena despedirse. Con balcones desde los que disfrutar de vistas preciosas.
Imagino baños espaciosos, cálidos y orinigales, con albornoces blancos de rizo que siempre te quedan bien.
Imagino hoteles grandes, pequeños, lujosos, modestos, pero siempre con recepciones en las que ya puedes adivinar que te vas a sentir como en tu casa.
Imagino que la gente que se hospeda en un hotel es siempre feliz allí, que solo se puede llevar buenos recuerdos y que siempre desea volver.
Imagino.
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