viernes, 7 de junio de 2019

Somos frágiles

Estos días mi marido ha estado pachucho.
Son tan pocas las veces que enfermamos en casa que creo que no soy consciente de la suerte que tenemos hasta que alguno de nosotros se encuentra mal.
Entonces me angustio y me pregunto qué pasaría si alguna vez enfermamos gravemente, o nos pasara algo malo...
La vida puede cambiar en un instante, pero tampoco podemos vivir teniéndolo presente a todas horas, no se puede vivir pensando que cualquier momento puede ser el último.
En esto pienso muchas veces cuando nos despedimos mi marido y yo y no nos damos un beso, en que cualquier momento puede ser el último. Alguna vez he oído una historia tipo "se despidieron cuando se fue a trabajar y ya no se volvieron a ver", "las últimas palabras que se dijeron fueron de enfado", "daría lo que fuera por volver atrás y no haber discutido"...

Hay que intentar vivir bien, en armonía, aprendiendo de los malos momentos, los problemas y las discusiones, que también fortalecen las relaciones. Hay que agradecer, y querer: querer bien y compartir nuestro tiempo y nuestra vida con quienes la llenan.
Si no estás mal, el tiempo pasa rápido. Un día echas la vista atrás y descubres que estás casada y tienes dos hijos. No recuerdas cuándo quedó atrás el tiempo de salir todos los fines de semana, de pensar solo en ti, de gastar dinero sin pensar en el futuro.
Ahora tu vida se rige por los horarios y las obligaciones de tu familia. Planeas, ordenas y organizas para cuatro personas, no solo para ti. 
Quieres tranquilidad y tienes suficiente con la compañía cómplice de tu marido mientras ves la televisión. Vuestros planes son más a largo plazo, porque primero van los hijos, y cuando ellos vuelen, vosotros volveréis a ser todo el tiempo vosotros dos, pero cuatro en el corazón.
Cuanto más tiempo pasa más comprendes decisiones y formas de actuar de tus propios padres que no compartes, pero que ahora entiendes.
El tiempo pasa, pero es más intenso. Tú cada vez vas más despacio, y la vida cada vez va más rápido. Eres más consciente de todo, sobre todo de tu cuerpo, que cada día te descubre un dolor, una molestia, una limitación, una rigidez, el recuerdo de cuando antes podías estar sentada en el suelo y levantarte de un salto sin que te doliera nada.
El tiempo pasa y hay que tomarlo despacio, con calma, acompañado de una bebida caliente y un libro. Saborearlo con un dulce, sino eres más de salado. Escuchando la lluvia, o esa música que tarareas sin darte cuenta. Sentada en el sofá viendo una película acompañada de tu familia. Riendo sin prisa y sin vergüenza junto a las amigas. Amando, gozando, disfrutando de los besos, la carne y el aliento del único que consigue ponerte la piel de gallina tan solo con un roce.

La vida hay que vivirla, porque somos frágiles.

5 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo, me di cuenta hace dos años, mi mundo se derrumbó, desde entonces tengo la sensación de que la vida es un gran regalo.

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    1. Yo, no sé por qué, vivo con la sensación de que lo peor está por llegar. Tengo que recordarme diariamente que mientras pienso eso me pierdo el presente.

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  3. Tienes razón en todo lo que cuentas, espero que tu marido se encuentre mejor... y aunque no es mi flaco el que está enfermo en estos momentos es mi padre y no te imaginas lo desgastan que han sido estas últimas dos semanas porque está lejos y la impotencia es grande, pero solo me quedan cuatro días para verlo y no puedo estar más feliz.
    Abrazos grandes

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    1. Espero que mejore tu padre Susy. Ya queda menos para que estés con él.
      Mi marido ya está bien: fueron un par de días de bajón y ya está como nuevo.
      Besos.

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