Me vuelven loca los libros y a mi marido le pasa lo mismo con los coches.
Estas Navidades hemos estado en Zaragoza y hemos tenido la oportunidad de disfrutar juntos, aunque no a la vez, de nuestras pasiones.
Él se aburre, creo que hasta sufre, cuando me acompaña a una librería grande, pero como sabe que a mí me gustan esos sitios espera pacientemente mientras me ve disfrutar.
Cuando como esta vez hemos podido visitar a unos amigos que tienen un taller de coches es él quien disfruta mientras yo soy la que se aburre, aunque no tanto como cuando él está entre libros.
Nos gusta estar juntos aunque eso suponga a veces el pequeño sacrificio de acompañar al otro a ver cosas que no nos gustan, por eso con el tiempo hemos cambiado el enfoque de la situación: disfrutamos mientras vemos al otro divertirse con lo que más le gusta en vez de estar deseando salir de allí corriendo, que es lo que nos pasaba al principio.
Con los años pienso más despacio y empiezo a valorar cosas y detalles que antes daba por supuestos, actitudes que se deben al amor que sientes por otra persona. Es placentero disfrutar viendo a alguien ser feliz con lo que más le gusta, aunque a nosotros no nos agrade eso en concreto.

