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lunes, 30 de septiembre de 2024

Mi encuentro con Mikel Fare

Qué mal me sabe no terminar de escribir algunas entradas en el momento en el que la alegría me hace querer compartir con vosotros lo que me ha pasado.
«Escríbela y punto», me digo siempre. Pero entre que organizo mínimamente en mi cabeza lo que ha ocurrido, vomito lo que siento y después lo corrijo, pasan muchas cosas; como el tiempo, por ejemplo. Y casi siempre más del que me gustaría.
El caso es que cuanto más tiempo pasaba, más sentía que se alejaban las palabras con las que transmitir la ilusión que me hizo conocer a Mikel Fare en persona. Hoy, al releer el correo que le envié aquel día, me he dado cuenta de que esas palabras han estado conmigo desde el principio en ese mensaje.
 


 
Como podéis suponer, si estoy escribiendo esto es porque me dio permiso 😍

Quienes llevéis un tiempo por aquí sabréis de mi afición a las casualidades, ya sea porque me pasan más que a los demás o porque yo las veo por todas partes. El encuentro con Mikel fue producto de una, o de dos.
La primera fue salir a andar después de estar muchos meses sin hacerlo. Y a punto estuve de quedarme en casa por la pereza que da retomar buenas costumbres. La segunda, que justamente ese día y a esa hora Mikel estuviera sentado en el paseo frente al hotel donde se alojaba.
Lo reconocí a la primera y aun así me quise asegurar buscando en Internet después de pasar frente a él y su amigo, con una sonrisa tonta por no creerme la suerte que estaba teniendo. Los dedos me temblaban mientras tecleaba su nombre en automático; mi mente estaba ocupada escuchando los argumentos de cada una de mis yoes: «no dejes pasar esta oportunidad», «igual lo incomodo si le digo algo», «en los vídeos parece muy cercano», «una cosa son los vídeos y otra la vida real», «no tienes nada que perder».
Y así fue como desandé los metros que había puesto como barrera y le pregunté a Mikel si era él (¿puede haber pregunta más tonta que la de que te pregunten si eres tú?). Y sí, lo era. Y sí, es tan cercano como en lo vídeos.
A él le sorprendió que lo reconociera y a mí atreverme a saludar. Cruzamos unas frases y yo seguí mi camino. A la vuelta todavía seguían sentados en el mismo sitio y charlamos un poquito más.
 

Cada uno extrae sus propias conclusiones de los acontecimientos que suceden a lo largo de su vida. Conclusiones sobre las que no estaría mal volver más tarde para analizarlas desde lejos en el tiempo, una vez pasada la influencia del estado de ánimo que tuviéramos en ese momento. 
Yo suelo hacerlo porque me ayuda a confirmar o a replantearme los motivos que me llevan a tomar una decisión u otra. Es casi un acto reflejo cuestionar por qué pasan las cosas e intentar entender las razones del resto.
La coincidencia, la casualidad o el destino —que cada uno crea en lo que quiera— no nos quita la responsabilidad del resultado de nuestras decisiones.
Coincidir con Mikel pudo ser cosa de la suerte, pero el proceso previo que me llevó a decidir hablarle —y no me refiero al momento del encuentro— fue cosa mía.
 
Además de coincidencias suelo ser de refranes y frases hechas. De algún hecho que se repitiera tuvieron que nacer; o por lo menos eso espero. Pero también es cierto que porque algo se repita no tiene por qué ser verdad o lo correcto.
¡Mierda! ¿No os pasa que después de darle mil vueltas a algo y llegar siempre a la misma conclusión, en el momento en el que aceptas que es de tal manera y se lo dices a otra persona o lo escribes, te das cuenta de que existe otra opción que no se encontraba entre las mil anteriores? Pues eso me acaba de pasar.
«La gente no cambia» o «la cabra siempre tira al monte» son sentencias con las que no estoy de acuerdo, aunque haya personas empeñadas en demostrarme que son ciertas.
¿Será que no se puede cambiar del todo? ¿Que siempre quedará un resto en nosotros que, cuando destaque sobre la nueva persona que hemos construido, nos haga ignorar los logros?
A quienes hayáis tenido la paciencia de leer hasta aquí os doy las gracias porque lo único que vais a descubrir es que yo he cambiado: una prueba de ello es algo tan sencillo como haberme atrevido a saludar a Mikel.
Que sigo cambiando: como muestra esta paja mental que no voy a borrar porque, aunque no la entiendo la mitad de las veces que la leo, tiene mucho sentido.
Que por muchas personas en las que me convierta todas ellas tienen un rasgo común: la necesidad de alimentarse de la lectura y parir reflexiones con forma de palabras.
 
 

lunes, 29 de julio de 2024

La morada donde habito

Si pudiera explicar mi estado de ánimo en imágenes, ahora mismo estas dos me representan a la perfección.



Imágenes de Ben Myhre (@benmyhre). Instagram


En algunos momentos incluso siento que soy un pastelito al borde del precipicio o un armazón de piedra en un bosque de azúcar.


lunes, 22 de julio de 2024

Perder la cuenta

 
Ilustración de naytonmai (@naytonmai). Instagram
 
Me gusta perder la cuenta 
cuando eres tú quien esconde los números.
 
 Mi Otra Yo


lunes, 15 de julio de 2024

Empezar

 
Ilustración de naytonmai (@naytonmai). Instagram

 
 Si con algo tienes que empezar,
que sea conmigo.

Mi Otra Yo


lunes, 24 de junio de 2024

Batallas

 

 Ilustración de Peijin (@peijinsart). Instagram


En las batallas conmigo misma
 soy ganadora y perdedora a partes iguales. 
Por eso el resultado siempre es el mismo: 
un aprendizaje constante.


lunes, 17 de junio de 2024

The Rose - Dawn to Dusk Europe Tour

 
Imagen de Internet
 
 
Os hablé de mi encuentro con Dorotea y Chema pero no os llegué a explicar la razón por la que pasé tres días en Madrid yo sola.
El plan era ir al concierto de The Rose con una amiga y de paso estar allí tres días y dos noches juntas, pero con todo comprado, a falta del alojamiento, a ella se le complicaron las cosas y no pudo ir. Una vez supe que iría yo sola, solo me quedaba encontrar dónde dormir; como mi experiencia en el hostel de Barcelona fue tan buena busqué algo de ese estilo y lo que encontré fue un acierto total. 
Así fue como me presenté sola en Madrid. Nada más y nada menos.
 
No tengo muy claro cómo os puede sonar, pero la verdad es que fue una pasada estar yo sola, por y para mí. Quienes llevéis tiempo por aquí sabréis cuánto me gusta la soledad, pero nunca lo había experimentado en estas circunstancias. Lo más parecido fue en el concierto de One Ok Rock en Barcelona y no era lo mismo porque estuve acompañada y fue menos tiempo. Además, me impresionó ver a The Rose por segunda vez en un recinto con aforo para 13.000 personas más.
 
Creo que se tiene tendencia a, cuando somos capaces de hacer algo, cuando «nos superamos» en algún aspecto, aconsejar a todo el mundo que se atreva con cualquier cosa que le dé miedo. Supongo que estamos en pleno subidón y pensamos que si nosotros podemos, el resto también.  
Yo me encontré con el marrón, por así llamarlo. Estaba nerviosa y emocionada cuando creía que iría acompañada, pero pasé a estar histérica y acojonada cuando descubrí que iría sola. Podría haberme quedado en casa, por supuesto, pero no lo hice porque no quise, porque en ESE MOMENTO, estaba preparada. Si no lo hubiera estado, habría dado igual que me hubieran animado o apoyado, porque no hubiera sido el momento.
Lo hice, sí, pero de no haber sido así, tampoco habría pasado nada. Lo hice con miedo; con un miedo que me preguntó varias veces si estaba segura, si era necesario, qué pintaba yo allí y si valía la pena el mal rato.
¿Sabéis qué? Valió la pena.
Ese mal rato que os digo fue un pulso conmigo misma que gané; un grano de arena en el desierto; una gota de agua en el océano. No lo olvido, por supuesto, y tampoco quiero hacerlo.

Me siento tan orgullosa de mí que no me lo creo; estoy tan irreconocible que entiendo la sorpresa del resto cuando se enteran de las cosas que hago últimamente. Y no es para menos, ni yo misma me reconozco.



lunes, 10 de junio de 2024

Excusas


Imagen de Random Box (@randomboxhere). Instagram

Tengo muchas cosas que contar. ¿Qué me lo impide? Primero era la falta de tiempo, después que había pasado el momento, más tarde, que no podía hacerlo como tenía pensado en un principio y claro, eso me bloqueaba... Sí, ya sé lo que estás pensado: todo son excusas.
He llegado al punto en el que lo único que me queda es reconocerlo y avergonzarme, a ver si así me pongo las pilas y escribo algo.


lunes, 3 de junio de 2024

Buscándome, me perdí

 
Ilustración de Alev Neto (@alev.neto). Instagram
 
Buscándome me perdí
y no me encontré 
hasta estar perdida del todo.

Mi Otra Yo


lunes, 6 de mayo de 2024

No. Me. Gusta. La. Gente

No me gusta la gente, de verdad, pero en los últimos tiempos no hago más que encontrar a personas que me hacen dudar de esto. No me gusta la gente, pero sí algunas personas. A otras las soporto. 
¿Odio a alguien? Por supuesto. Después de buscar en el diccionario el significado de la palabra, lo corroboro. Me niego a abandonar esta coraza que tanto me ha costado construir. ¿Dónde queda entonces todo el esfuerzo que he invertido en seguir adelante? Siento que he pasado de ser el Grinch a Papá Noel. Unas veces pienso que, de ser así, he perdido el tiempo. Otras, asumo que he evolucionado, como los Pokémon. Pero es que hay cosas que antes consideraba de iluminados y que ahora me creo.
La gente no cambia. Yo, he cambiado. Me siento tan segura como desconcertada ante estas dos afirmaciones.
 
Quien viva en una capital está acostumbrado a invertir una cantidad considerable de tiempo para desplazarse, pero yo no. El núcleo urbano de la ciudad donde vivo lo puedes cruzar en media hora andando, quizás un poco más, por eso significa tanto para mí que Chema y Dorotea (y Laura en su día) dedicaran la mañana del sábado a pasar un rato conmigo.
Hace casi cuatro años os hablé aquí de cómo imaginaba que sería quedar con algunas de las personas que he conocido gracias al blog. ¿Lo estaría manifestando sin saberlo?
 
Lo más importante de los casi tres días que pasé en Madrid a principios de abril es que estuve sola; ir de concierto, que hiciera buen tiempo, pasear, no perderme, visitar lugares preciosos e interesantes, volver a encontrarme con Chema y conocer a Dorotea... Todo suma, por supuesto, pero disfrutar de mi compañía, ir a mi ritmo y estar pendiente única y exclusivamente de mí, me ha sentado tan bien que ahora tengo la necesidad de repetir.

La única pega que le puedo poner al ratito que compartí con Chema y Dorotea es que me supo a poco. El resto: perfecto. Me lo pusieron todo tan fácil que todavía no encuentro palabras para agradecerlo. Creo que hacíamos un trío muy bien avenido y el ambiente fue agradable y distendido.
Nos recuerdo desde fuera y todavía me emociono. Me veo como una chiquilla nerviosa que todavía no se cree lo que está viviendo. Habladora como solo soy con alguien a quien conozco desde hace tiempo, y es que en realidad así era.
¿Tenéis un recuerdo vuestro en el que os guste lo que veis? A mí me gusta el que guardo de aquel día.



¿Por qué la foto de un bombón? Os preguntaréis (o no). Porque además de ser el mejor que he tomado en la vida, era tan dulce como todo lo que viví.


jueves, 8 de febrero de 2024

Tus miedos

 
Ilustración de @mrnOmbre. Instagram
 
Son tus miedos, 
no los míos.
 
Mi Otra Yo 

jueves, 1 de febrero de 2024

Vida de prueba

 
Ilustración de @hessah._.art. Instagram
 
Antes del dibujo definitivo hubo un boceto.
No hay libro que no tenga un borrador.
¿Será esta nuestra vida de prueba antes de la definitiva?

Mi Otra Yo


jueves, 18 de enero de 2024

Mentira


Imagen de @anime_boy1ly. Instagram
 
Todo empezó con una mentira que se convirtió en verdad.
Todo empezó con un «te quiero».
 
Mi Otra Yo


jueves, 11 de enero de 2024

Imperfecto

 
Imagen de @xxonlyprivate. Instagram
 
Lo que más me gusta de ti 
son esas imperfecciones que crees tener.

Mi Otra Yo


jueves, 4 de enero de 2024

Me torturo y me consuelo

 
Ilustración de Henn Kim (@henn_kim). Instagram
 
Me torturo pensando
que podría haberlo hecho mejor.
 
 
 
Ilustración de Henn Kim (@henn_kim). Instagram
 
Me consuelo diciéndome
que lo hice lo mejor que pude.
 
Mi Otra Yo
 
 

lunes, 1 de enero de 2024

One Ok Rock - Luxury Disease Tour 2023

 
Imagen de Internet
 
He perdido la cuenta de las veces que he intentado escribir esta entrada y cuanto más tiempo pasa más me cuesta.
Cada vez que reviso lo que tengo escrito siento que las palabras no van a ser suficientes para explicar lo emocionante que fue para mí lo que os quiero contar. Sin embargo cuando hago memoria la emoción que siento es la misma que aquel día y los recuerdos tienen el color de esos sueños que no te puedes creer se hayan cumplido.
No son las fotos, los vídeos o los detalles comprados, es haber vivido ese momento lo que hace que seamos de una forma u otra, lo que añade instantes de felicidad a nuestra existencia y consigue pintar de otro tono nuestros días. Es nuestro esfuerzo por perseguir una ilusión lo que nos hace sentirnos orgullosos de nosotros mismos. Conseguirlo es la guinda del pastel.

Cuando en febrero del año pasado fui al concierto de la banda surcoreana The Rose no me lo podía creer y aun así sentí que todo es posible.
Yo, poco acostumbrada a vivir experiencias de ese calibre, me di por satisfecha sin darme cuenta y creo que inconscientemente pensé que había llegado a mi tope en lo que a este tipo de vivencias se refiere.
Está muy bien eso de decir en voz alta «¿te imaginas que alguna vez tal o cual grupo viniera a España y pudiera ir?». Pero otra cosa es cuando finalmente vienen y puedes ir. Cuando de verdad vas y lo disfrutas como nunca hubieras soñado.
¿Por qué detenerse ahí entonces? ¿Por qué no pedir en voz más alta todavía que venga mi banda de rock japonesa favorita? Porque me doy cuenta de que nunca he soñado a lo grande y que hasta ahora no había tenido la mentalidad de que el sueño soñado está a medio camino del sueño vivido. Que si al final no lo consigo no pasa nada, pero ya habré disfrutado imaginándolo.
No pasa siempre, estoy segura, y puede que no se vuelva a repetir, soy consciente, pero en este caso se ha cumplido y he disfrutado dos veces: soñando y viviendo el sueño.

El 3 de julio de 2023 me fui yo sola a Barcelona para ver a One Ok Rock en concierto después de haber revendido una entrada a una desconocida. Tendría que haber ido con Maki  pero aunque no pudo ser así el destino puso en mi vida a Anaís, una artista y persona maravillosa que estoy segura no habría conocido de otra forma.
En ese viaje, esa noche y esos dos días que pasé en Barcelona no hubo nada que hubiera hecho antes sola. Todo fue nuevo y emocionante, perfecto y maravilloso. Cuando me aparece en You Tube algún vídeo del concierto no puedo evitar sonreír y buscarme entre el público.
Hay un montón de detalles que os contaría si hubiera escrito esto antes. Iba a decir si lo hubiera escrito en su momento, pero no es cierto, su momento es este. Y ahora lo que quiero y necesito compartir con vosotros es justo esto.

Dos han sido las reacciones que he encontrado en mi entorno al compartir mi experiencia: la de asombro y alegría en unos y la de sorpresa y un recordatorio de todo lo que podría haber salido mal en otros.
La primera, como os podéis imaginar, estupenda. Gente con muchas preguntas dispuesta a escuchar mi historia y a disfrutar de mi alegría. La segunda no  tanto, aunque puedo llegar a entenderla. Eso sí, no da para contar demasiado porque se te van las ganas al escuchar el monólogo de lo que le preocupa a esa persona por todas las cosas malas que te podrían haber pasado. Cosas que no se han dado porque estás ahí con una sonrisa en la cara reviviendo un momento que deseas repetir.
 
Para este viaje le pedí ayuda a Laura, que se ofreció cuando os conté lo del concierto de The Rose, pero también contacté con Sergio para decirle que iba a estar otra vez en su ciudad. A él no pude conocerlo en persona porque esos días iba a estar fuera pero a Laura sí. 
Si echo la vista atrás podría decir que no me reconozco pero que me encanta la persona en la que me estoy convirtiendo y, sobre todo, que aprecio y valoro a esa Otra Yo gracias a cuyo esfuerzo estoy aquí.
Cuando conocí a Chema en mi viaje a Madrid sentí que me encontraba con un amigo al que hacía tiempo que no veía. Era extraña la sensación de tener frente a ti a alguien sobre el que sabes tanto pero al que nunca has visto en persona. 
A Laura le dije que sentía como si la hubiera conocido de dentro hacia fuera. Imaginaba que mientras los demás nos veían como dos amigas tomando algo la realidad era mucho más emocionante; como una primera cita con alguien de cuyo interior estás enamorada y solo te falta ponerle rostro.
Sin darme cuenta estoy coleccionando vivencias cuyo efecto en mí se puede apreciar incluso a nivel físico.

Acabo de darme cuenta de todo lo que he escrito y todavía no os he hablado de lo que realmente me trae por aquí, que es el concierto, y la mejor forma de explicarlo es utilizar una expresión que no suele estar en mi vocabulario: fue una puta pasada.
La compañía de Anaís, la habitación que compartimos con 24 personas más, la gente que conocimos en la cola del concierto, lo cerca que estábamos del escenario, que la banda sonara tan bien como en los vídeos que he visto cientos de veces, las horas que pasé sola desde que despedí a Anaís en la estación de autobuses  por la mañana hasta que me encontré con Laura por la tarde, pasear sola por Barcelona, visitar librerías y una biblioteca, comer sola, el tiempo y la charla que compartí con Laura...
 
Mi intención es seguir recopilando experiencias que me hagan feliz no solo cuando las viva sino también cuando las reviva. Si estáis por aquí compartiré mi alegría con cualquiera a quien le apetezca ser feliz conmigo.

 

jueves, 28 de diciembre de 2023

Logros

 
Ilustración de Hayk Shalunts Art. Instagram
 
Todos tenemos logros que celebrar, otra cosa es que queramos hacerlo o no.
Yo últimamente tengo tantos que podría ir de fiesta en fiesta. Y aunque no son logros enormes en realidad sí lo son. Para mí. Son pequeñas cosas cuando consigues hacerlas pero grandes obstáculos cuando no puedes enfrentarte a ellos.

lunes, 25 de diciembre de 2023

Solo me necesito a mí


Ilustración de Carmen Suya (@carmensuya). Instagram

Antes te necesitaba para vivir.
Ahora solo me necesito a mí.

Mi Otra Yo


lunes, 18 de diciembre de 2023

Lo que necesitas

 
Ilustración de Alev Neto (@alev.neto). Instagram
 
No te puedo dar lo que quieres
 pero sí lo que necesitas.

Mi Otra Yo


jueves, 7 de diciembre de 2023

La solución a los problemas

 
Ilustración de Insaam (@insaam_illust). Instagram
 
 
 Qué mal repartido está el mundo:
tú tienes la solución a mis problemas
y yo a los tuyos.

Mi Otra Yo


jueves, 16 de noviembre de 2023

Quererme a mí primero

Ilustración de @endmion1. Instagram

No siempre que me han pedido ayuda la he dado. Cuando he actuado así ha sido porque por las circunstancias y la persona creí que incluso le estaba haciendo un favor obligándola a enfrentarse a ese problema. Con el paso del tiempo y después de encontarme en situaciones parecidas he llegado a la conclusión de que yo no estaba preparada y es probable que no hubiera sabido qué hacer.
Las ocasiones en las que negué mi ayuda fue después de pensármelo mucho y tener en cuenta que esa persona había acudido a mí incluso antes de intentarlo ella. Y lo más importante, no era la primera vez que lo hacía.
Si por una parte negarme me pareció egoísta por otra supuso la solución a una actitud que con los años había dado por normal pero que me generaba presión y angustia.

He empezado esta entrada con el sentimiento de culpa rondándome y la intención de explicar que a veces no somos como los demás creen, que no los podemos ayudar solo porque así lo quieran. Ni nosotros somos tanto ni ellos tan poco. Pasar el marrón a otro a las primeras de cambio, sin haber intentado solucionarlo por ti mismo, se puede interpretar de muchas maneras: demostración ciega de confianza, dependencia extrema, comodidad o abuso. Entre otras.
Incluso con el alivio que me ha proporcionado escribir estas líneas la culpa sigue aquí. Supongo que es lo que tiene no hacer lo que nos piden las personas a las que queremos. Si con el tiempo este sentimiento incómodo no desaparece tendré que acostumbrarme a él porque no voy a renunciar a la paz que experimento cada vez que consigo quererme a mí primero.