La vida puede ser muy dura, sobre todo si nos la complicamos nosotros mismos, si no nos enteramos de lo que pasa frente a nuestras narices, si en vez de decir en voz alta lo que nos pasa por la mente nos montamos películas en nuestra cabeza. Eso es lo que le pasa a Bosco. Suerte que tiene a su lado a Nacho y Andrés, y a Camila también, aunque él no lo quiera reconocer.
Al principio me ha parecido una historia superficial, incluso infantil, pero a medida que se desarrollaba la trama he podido conectar más con los protagonistas y sus preocupaciones. Porque aunque no había página que no te dibujara una sonrisa o te arrancara directamente una carcajada, hay reflexiones muy buenas y profundas.
Conseguir seguidores en las redes sociales y a la vez sufrir la presión que supone el que todo el mundo pueda opinar sin conocerte en persona, descubrir y exponer tu orientación sexual o reconocer sentimientos sin importar lo que piensen los demás. Todo esto es lo que podemos encontrar en esta historia con la que más de uno se puede sentir identificado.
Yo no, por ejemplo, pero creo que es porque a mí ya me ha pillado en otra etapa. He disfrutado la historia, pero no me he imaginado en ella. Para mí es un libro destinado a un público joven, pero que recomiendo si quieres pasar un rato divertido.
Si tuviera que resaltar algo, además de lo que me he reído, es la relación tan estrecha que tienen los cuatro amigos.
Es el primer libro que leo de Myriam M. Lejardi y me ha fascinado cómo, con su forma de contar la historia, consigue llamar tu atención contantemente hasta hacerte sentir que participas en la narración.
Es un libro divertido, pero eso no impide que se pueda apreciar lo bien escrito que está y la forma tan ingeniosa que tiene la autora de atraparnos hasta el final.







