jueves, 29 de septiembre de 2022

Conservar amistades

 

Ilustración de peijinsart. Instagram
 

Me gusta mucho la soledad y no me gusta la gente, pero tengo muchos amigos. ¿Cuántos son muchos? Pues no lo sé, pero yo, que aspiro a socializar lo mínimo posible, salgo de casa casi por obligación y cuando lo hago siempre es envuelta en mi burbuja, creo que tengo muchos amigos. Y son muchos porque son todos los que necesito.

De un tiempo a esta parte siento que he redescubierto amistades. He vuelto a tener contacto con personas de mi pasado que no es que hubiera tenido olvidadas, pero que como no solemos vernos en el día a día no las tengo tan presentes. Volver a ver a esas personas después de no haber tenido contacto y sentirme cómoda a su lado es una de las cosas por las que quiero conservar esa amistad.
 
Quizás en un futuro me reencuentre con alguna de las personas que he conocido recientemente y que todavía no he descubierto que han llegado a mi vida para quedarse.

lunes, 26 de septiembre de 2022

Cyberpunk: Edgerunners

Cyberpunk: Edgerunners es un anime basado en el videojuego Cyberpunk 2077, conocido entre otras cosas por lo mal hecho que está. Según he leído en algunas páginas ha tenido más éxito el anime que el videojuego.
 
Imagen de Internet
 
David Martínez es un adolescente que tras la muerte de su madre y después de instalarse un implante de origen militar que no iba destinado a él termina trabajando con la banda de mercenarios cuyo jefe es la persona a la que iba a comprar dicho implante.

Sangriento y de escenas rápidas que en ocasiones no llego ni a entender no es el tipo de anime que suelo ver, pero el argumento y que son diez capítulos de menos de media hora cada uno han conseguido que lo vea entero casi sin darme cuenta. Y me ha gustado.


Suelo saltarme la introducción de las series, pero en este caso no lo he hecho porque me gustaba la canción y las imágenes que la acompañaban. Aquí os la dejo.

Franz Ferdinand - This Fffire

jueves, 22 de septiembre de 2022

No siempre se puede

 
Ilustración de kuronekonopei. Instagram
 
Cuando conseguimos algo, sobre todo si nos ha costado esfuerzo, creemos que todos pueden conseguirlo y que si no lo han hecho es que no se han esforzado lo suficiente.
Nos olvidamos de esas cosas que seguimos intentando con todas nuestras fuerzas y no hemos logrado.
 
 Mi Otra Yo

lunes, 19 de septiembre de 2022

Better Days

Better Days es una película china del año 2019. Tiene una duración de más de dos horas y está catalogada en el género de drama y acoso escolar. Se ha llevado los premios a mejor actriz, mejor actor revelación, mejor director y mejor película, entre otros.
 
 
Imagen de Internet
 

Mientras todos miran y algunos además graban o hacen fotos con sus teléfonos, Chen Nian tapa la cara de su compañera de clase después de que esta se suicidara en el instituto. Lo que viene después de ese gesto la convierte en el próximo objetivo de las abusonas de su clase.
Pero cuando una noche llama a la policía porque ve que le están pegando una paliza a un chico nunca hubiera imaginado que ese chico sería alguien capaz de sacrificar su vida por ella.

Hace poco le decía a Kiffi que los niños son bonitos hasta que se les contamina. Sigo pensando y manteniendo lo mismo pero a veces, como después de ver esta película, no puedo evitar preguntarme si el ser humano es cruel por naturaleza. Si es así ¿puede el entorno en el que nos criamos anular esa maldad? Supongo que la puede «controlar». ¿Cuánto se necesita para que sea activada? Ni que fuera algo que funciona con un interruptor. ¿Las buenas personas siempre lo son o puede pasar algo que los transforme? Cualquiera, por muy bueno que sea, se puede convertir en el mismísimo demonio después de una experiencia traumática. ¿Se convierte uno en mala persona por hacer algo malo si es para defenderse, para devolverle al otro todo lo que le ha hecho padecer? Yo pienso que no. ¿Puedes ser alguien malo y después arrepentirte y ser bueno? Por esa regla de tres también puedes ser bueno y depués descubrir que te gusta más lo contrario ¿no? 
Cuanto más lo pienso más preguntas me surgen.
Pero no es cuestión de lo que yo piense, ni siquiera de lo que haya vivido, hay tantos factores y condicionantes que no creo que pueda haber solo una respuesta para cada una de las preguntas infinitas que nos podemos hacer sobre este tema, el de abusar y causar daño a los demás desde tan pequeños. Y disfrutar de ello.
Cuando veo películas de este estilo (del que te deja un sabor amargo en la boca y los ojos rojos de llorar) siempre pienso en eso que dicen de que «la realidad supera la ficción». Eso quiere decir que si está en la cabeza de alguien, aunque sea como fantasía, es que puede suceder. Y que de algún sitio tienen que sacar las ideas.
Que ciertos comportamientos y conductas sean tan habituales en nuestra vida diaria que ya no nos sorprendan no quiere decir que estén bien. Pero me pregunto por qué parece más fácil seguir a la mayoría aun sabiendo que lo que hacen está mal. Por qué no son las buenas acciones las más copiadas.
He escuchado muchas veces eso de que un acosador suele venir de un entorno conflictivo en el que él es el acosado, por eso quiere después imponerse sobre los que son más débiles que él. Eso no lo excusa, ni mucho menos, y no creo que sea lo primero que haya que pensar cuando surgen los abusos.
¿Qué se puede hacer? ¿Se puede hacer algo? A veces no tengo claro cual sería el orden correcto de estas dos preguntas. Podríamos empezar por cambiar las preguntas por afirmaciones, creérnoslas  y hacer que los demás las crean también. ¿Cómo? A base de violencia positiva. ¿Eso existe? Violento porque lo imponemos. Positivo, ya lo dice la palabra.
Creo que estoy desvariando.

Bueno, pues después de todo esto me dejaba lo importante, y es que recomiendo esta película. Si alguien está interesado en verla y no la encuentra que me lo diga y le paso el enlace por privado. 

jueves, 15 de septiembre de 2022

Callar nos hace culpables


Ilustración de guweiz. Instagram

No somos conscientes de que nos están tratando mal o sí lo somos pero creemos ser responsables de la situación, por lo que justificamos a la otra persona. Tenemos miedo, sentimos vergüenza o nuestro orgullo (ese que hemos perdido y todavía no nos hemos dado cuenta) nos impide reconocer hasta dónde hemos llegado. O más simple y quizás más triste que todo eso: no sabemos cómo hacerlo.

Hemos cambiado y los únicos que se han dado cuenta son los que nos conocen desde siempre pero han pasado de ser nuestro apoyo a ser esas personas molestas que nos agobian porque nos hacen ver que estamos aguantando cosas que no tenemos porqué aguantar.
La puerta de volver al pasado y hacer las cosas de otra manera se cerró hace tiempo, así que agachando la cabeza y apretando los dientes seguimos hacia delante.

Mientras los demás ven lo que tanto nos esforzamos en mostrar, que es precisamente lo contrario de lo que realmente pasa, dentro de nosotros algo crece y ocupa espacio al mismo tiempo que nos vamos haciendo más pequeños como persona. Un día, ese en el que todo lo que hemos tragado ya no tiene espacio en nuestro cuerpo encogido, hacemos algo sabiendo que está mal, pero lo hacemos igualmente.

Quien habla primero no es precisamente quien dice la verdad, eso hay que tenerlo presente. Simplemente nos está contando su versión de los hechos antes de que lo haga la otra parte. Y nadie sospecha el por qué de ese repentino cambio en su forma de actuar. Pero es difícil creer que cuando alguien actúa dolido y ofendido, cuando grita a todo aquel que le quiera escuchar que ha sido engañado, solo está recibiendo una mínima parte de lo que él ha hecho hasta ahora.
¿Qué es lo que cambia a partir de entonces? Que ya no se esconde para seguir maltratando, pero tiene una excusa para hacerse la víctima.
¿Qué es lo que hemos hecho mal? Callar. Porque si no hubiéramos callado, no habríamos llegado a este punto, el punto en el que ahora somos nosotros los malos porque hemos engañado.
Ahora, los que no nos conocen y solo saben su versión, no pueden imaginarse que este cuerpo grande porque ha recuperado su espacio y vacío porque ya no se traga nada, era una persona pequeña y llena de inseguridades porque decidió callar. Para ellos somos los culpables.
¿Lo injusto? Que tenemos que seguir callando para no hacer daño a quienes no se lo merecen.
¿Qué es diferente? Que ya no aguantamos nada que no tengamos que aguantar.

lunes, 12 de septiembre de 2022

Todo sobre Korea

 
Imagen de Internet
 
Desde que empecé a interesarme más en serio por los kdramas y a raíz de ello por Corea del Sur, he encontrado muchas páginas, perfiles y cuentas en redes sociales que hablan sobre este país y prácticamente sobre todo lo que tiene que ver con él.
La que más me gusta, con diferencia, y en la que puedo encontrar de todo, es la cuenta @todosobrekorea en Instagram de Belén.
Publicando contenido durante toda la semana, nos habla sobre literatura y lengua, arte y moda, música, cine y televión, historia y cultura, turismo y noticias. 
Yo diría que prácticamente todos los libros que he leído de autores coreanos los he descubierto directa o indirectamente a través de ella. The Rose, una de mis bandas favoritas, la conocí en su cuenta. Y otro de mis grandes descubrimientos gracias a ella han sido los ilustradores coreanos.
También tiene una página web, con el mismo nombre que su cuenta de Instagram, en la que puedes comprar su «Guía turística y motivacional para cumplir un sueño» basada en sus experiencias y conocimientos, con la que te enseñará cómo preparar tu viaje a Corea del Sur y disfrutar de él.

Siempre que tengo oportunidad recomiendo la cuenta de Belén. A los enamorados de Corea del Sur por razones obvias, y a los que simplemente tengan curiosidad porque es un lugar de fiar donde informarse de forma seria pero agradable.

martes, 30 de agosto de 2022

La fórmula preferida del profesor

Descubrí La fórmula preferida del profesor en Instagram gracias a Marian y su cuenta Lecturas Niponas.
Me pareció muy interesante su reseña, sobre todo cuando dijo que esta novela se alejaba de la tristeza y melancolía características de la literatura nipona. Me gustan, de hecho me atraen esas características, pero siempre me he preguntado si algún autor las dejaba alguna vez de lado.
 
Imagen de Internet


Todos los recuerdos del profesor son de antes de 1975, año en que sufrió un accidente de tráfico y parte de su cerebro se dañó. Desde entonces, su memoria tiene un límite de ochenta minutos, pasado ese tiempo no recuerda nada. 
Incluso con esa particularidad, su nueva asistenta y el hijo de esta consiguen forjar una entrañable relación de amistad con él que durará más allá del tiempo que ella trabaje para el profesor. 
 
Me ha gustado mucho el libro, e incluso pensando que Marian tiene razón y que se aleja de algunas de las cosas que más caracterizan a los autores japoneses, para mí ha sido una lectura triste.
 
«Se puso a leer la nota más importante, la que estaba pegada en el lugar que llamaba más su atención y que saltaba a la vista aunque no quisiera al ponerse la americana.
"Mi memoria sólo dura 80 minutos".
Me senté en el borde de la cama. No encontré nada más que yo pudiera hacer. Había cometido un craso error, más bien un fatídico error.
Cada mañana, al despertarse y vestirse, le sentenciaban la enfermedad que padecía a través de las notas escritas por él mismo. Le obligaban a enterarse de que el sueño que había tenido no era el de la noche anterior sino el de la última noche que podía recordar, hace muchos años. Lo anonadaba el hecho de saber que su yo del día anterior había caído en el abismo del tiempo, del que no podría recuperarse nunca más. El profesor que había protegido a Root de la pelota fallida estaba ya muerto en el fondo de sí mismo. Yo nunca había pensado que el profesor recibía tal sentencia cruel cada día, solo en su cama».
 
Lo más parecido que el profesor puede hacer a no olvidar es escribir las cosas que quiere saber que han pasado, porque ni leyéndolas en las notas que escribe y cuelga de su traje las recuerda.

 
«Root y yo nos comportamos con naturalidad. No hacía falta perder la serenidad a pesar de haber caído en el olvido en menos de diez minutos. Simplemente se trataba de empezar la fiesta de nuevo, tal como habíamos acordado antes. Nosotros ya teníamos suficiente entrenamiento acerca de los problemas de memoria del profesor. Y entre los dos habíamos decidido algunas reglas; es decir, siempre actuar  según las circunstancias para no ofender al profesor con una actitud descuidada. Por lo tanto, debíamos de restaurar la situación, siguiendo el procedimiento al que estábamos acostumbrados».
 
No solo el profesor se esfuerza para que su limitada memoria no afecte a los demás, la asistenta y su hijo hacen todo lo posible para que esa falta de recuerdos no les impida disfrutar de la vida diaria.
 
 
Sin dejar esa tristeza durante toda la lectura, sí he encontrado dos diferencias respecto a lo que suelo sentir cuando leo autores japoneses.
La primera es que hay cierta esperanza en esa tristeza, porque aunque sabe que su problema no tiene solución intenta convivir con ello como mejor puede:
 
«El profesor miró concentrado la suma escrita por Root como si comprobara una demostración matemática de alto nivel. No alcanzando a recordar por qué le había puesto aquellos deberes y qué quería decir con lo de reparar la radio, intentaba dar una respuesta a través de aquella suma.
El profesor procuraba siempre no preguntar acerca de os sucesos de hacía más de 80 minutos. Aun cuando se lo habría podido explicar enseguida con solo preguntarme qué significaban esos deberes y lo de la reparación de la radio, procuró resolver la cuestión por sí mismo intentando encontrar pistas, de un modo u otro, sólo a través del presente. Gracias a la brilllante inteligencia de que había sido dotado desde su infancia, seguramente comprendía a fondo el mecanismo de su enfermedad. No era tanto una cuestión de orgullo como que le preocupaba más bien molestar a la gente qeu vivía en un mundo de memoria normal. Decidí, por tanto, no intervenir de manera intempestiva y dejarlos».
 
 
Normalmente las novelas japonesas consiguen que se instale en mí un sentimiento de angustia que perdura incluso una vez terminada la lectura. Un vacío y una pena por lo que podría ser y no ha sido. Pero en esta ocasión, esa segunda diferencia es el alivio y la paz que me produce la falta de esa angustia.
 
«Quizás era porque allí imperaba una calma que yo jamás había experimentado. No es que simplemente no hubiera ruido, sino que unas capas de silencio llenaban el corazón del profesor cuando vgaba por el bosque de los números, indiferente a los cabellos caídos y al moho que todo lo invadía. Era un silencio transparente, como un lago escondido en el fondo de un bosque».
 
«Necesitaba sentir que, en realidad, había un mundo invisible que sostenía al mundo visible. Una línea recta que se abriera paso con solemnidad entre las tinieblas, exenta de anchura y superficie, que se extendiera sin límite hasta el infinito. Esa línea recta me sumía en un sentimiento casi imperceptible de paz».
 
«El profesor cerró el libro, lo puso en la silla y se acercó a Root. Las notas produjeron un susurro. El profesor apoyó una mano en la mesa del comedor y puso la otra encima del hombro de Root. Las sombras de ambos se sobrepusieron. Root balanceaba los pies debajo de la silla. Yo metí el pan en el horno».
 
 
Las descripciones me parecen dignas de mención, ya que sin hacerse pesadas son tan detalladas que puedes imaginar perfectamente lo que explican.
 
«El profesor tenía sesenta y cuatro años de edad, y había sido catedrático, especialista en la teoría de los números. Parecía cansado para la edad que tenía. No sólo parecía viejo, sino que también daba la impresión de que los elementos nutritivos no llegaban a todos los rincones de su cuerpo. Su espalda encorvada hacía aún más pequeño su cuerpo de metro sesenta. En los pliegues de su huesuda nuca se acumulaba la suciedad, su cabello, seco, canoso y desaliñado ocultaba a medias sus grandes orejas de la «buena suerte», de enormes lóbulos. Su voz era muy débil y se movía muy lentamente. Para hacer cualquier cosa, tardaba el doble de lo que yo imaginaba».
 
«En aquel momento, por primera vez desde que nací, experimenté un instante milagroso. En un desierto cruelmente pisado se levantó una ráfaga de viento, y apareció una nueva senda, toda recta, ante mis ojos. Al final de la senda había una luz brillante que me guiaba. Una luz que me daba ganas de seguir la senda y de hundirme en ella por entero, empapándome todo el cuerpo. Comprendí entonces que en aquel momento estaba recibiendo una bendición que llevaba por nombre chispa».

 
Si alguno de vosotros decide leer el libro y además de conocerme a mí conoce a Chema , creo que compartirá conmigo la opinión de que es  imposible no acordarse de él. Cuando el profesor  explica algo a la asistenta y su hijo de esa manera tan cariñosa y fácil de entender no puedo evitar pensar en cómo Chema de una manera tan amena consigue hacernos ver las matemáticas en todo lo que nos rodea.
 
Creo que ya he comentado en alguna ocasión la emoción que siento cuando soy consciente de cuánto me queda por leer, y desde que he descubierto la literatura asiática esa emoción ha crecido. Libros así me confirman que el mundo de las letras es infinito y que estaré descubriendo continuamente historias que me emocionen.