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viernes, 14 de febrero de 2014

El banquero borde

A veces, te haces una idea de como es alguien por algo en concreto, un encuentro, una coincidencia, un  momento, y te quedas con que ese alguien es así, a no ser que tengas la posibilidad de conocerlo mejor en otro ambiente y otras circunstancias.
Esto es lo que me ha pasado a mí hace poco.
Hay un señor serio y con cara agria que trabaja en un banco, y cada vez que he ido con alguna de mis amigas y nuestros hijos nos mira mal. Y no sólo a nosotras. Si en alguna ocasión he ido sola pero había en el banco alguna madre con niños, en cuanto los pequeños se hacen notar él pone mala cara, incluso se permite algún comentario. Me parece serio y antipático. Borde.
Un detalle: tiene una sección fija de opinión en una publicación local.
Aún con todo me parece un hombre culto, por eso no me extrañó coincidir con él en la presentación de un libro. Lo que si me sorprendió fue verlo aparecer en el club de lectura hace un par de meses. Y más todavía me está sorprendiendo durante las reuniones. ¿Por qué? Porque es agradable, participativo y sus opiniones me parecen muy interesantes.
Así que ¿será que tendré que cambiar mi opinión respecto a él? Pues de momento creo que no, porque una cosa no quita la otra. Puede ser todo lo simpático que quiera en el club, pero eso no quita que en su puesto de trabajo es una persona desagradable.
De todas formas tengo que reconocer que escucho sus opiniones con un interés especial, y creo que este puede ser el comienzo de una inesperada amistad.

martes, 26 de febrero de 2013

Aficiones

Siempre me ha gustado leer, y de todo lo que recuerdo que siempre me haya gustado, es lo único que sigo haciendo, aún con el poco tiempo que tengo para mí desde que soy madre. También me gusta pintar, escribir y ver películas, pero de momento, son aficiones aparcadas a la espera de tener más tiempo.
Desde que soy madre me gustan cosas que antes no me llamaban la atención, y que para mi sorpresa no se me dan del todo mal, como la cocina o el punto de gancho. Y ahora intento hacer mis pinitos con las manualidades que encuentro apropiadas para la edad de mi chico el mayor, y para mi satisfacción descubro que soy más creativa e imaginativa de lo que creía.
No recuerdo ningún libro de los leídos en el colegio pero sí de los de instituto, como "El Camino", "La Venganza de Don Mendo" o "La Celestina".
Del libro que no me olvidaré nunca es del que me hizo darme cuenta (y esto fue en el año 95) realmente de lo que me apasiona leer, del que me hizo descubrir el ansia por seguir con la lectura, y la dulce decepción que se siente al terminar un libro que te gusta, porque independientemente de que el final nos guste o no, el libro tiene un fin. Ese libro fue "El mundo de Sofía", de Jostein Gaarder.

Un día, hace algo más de tres años y medio, descubrí que en la biblioteca de la ciudad donde vivo había formado un Club de Lectura y me apunté. Me vino muy bien porque era una época en la que desde hacía ya unos meses sólo leía sobre embarazo, maternidad, crianza, educación... y, aunque lo hacía muy a gusto, empezaba a cansarme. Tenía en casa libros sobre otros temas, pero parecía que me hacía falta "una obligación" para leerlos, ya que sino siempre terminaba leyendo los que aunque me interesaban, también empezaban a saturarme.
El Club de Lectura consiste en reunirnos una vez al mes para comentar la lectura de un libro que nos han dado previamente en la biblioteca. Y es emocionante, y muy gratificante, poder hablar de un libro con varias personas a las que les gusta leer tanto como a tí. También es curioso descubrir cómo a veces todos coincidimos en la opinión sobre una lectura, y otras las opiniones son tan diferentes y dispares como asistentes ese día a la reunión.

Estoy contenta por haberme apuntado al Club de Lectura. Con el paso de los años, si miro atrás, veo todas las cosas buenas que me ha portado: la lectura de libros buenísimos que a mí nunca se me hubiera ocurrido leer, conocer a personas con las que nunca hubiera coincidido por la diferencia de edad y los diferentes ambientes en los que nos movemos, tener ese ratito para mí una vez al mes, que nada tiene que ver con mi vida diaria, ese momento de desconexión.
Como detalle, decir que yo soy la más joven del Club, y para qué mentir, me gusta ser "la xiqueta, la joveneta" de la reunión ;-)