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viernes, 4 de enero de 2019

La decisión correcta

Borrador de un borrador.

Hace meses empecé a escribir esto:

"Necesito tomar distancia y alejarme de personas, situaciones y proyectos que aunque los emprendí con muchas ganas e ilusión, hace tiempo que se han convertido en obligaciones que me aportan más malestar y preocupación que satisfacción.

Tengo la sensación de que huyo, pero no me lo voy a recriminar, mi cuerpo y mi estado de ánimo me lo piden. Hace tiempo que pienso en ello, que mantengo una lucha con mi mente, mi tiempo, mi familia, mi forma de pensar y de hacer las cosas. Lo que más me ha frenado es que tengo en cuenta la posibilidad de que después me arrepienta, de que eche de menos a las personas con las que me relaciono gracias a esto. Que no sepa qué hacer con el tiempo que ahora se esfuma como por arte de magia, que incluso acabe metida en otras cosas que me absorban tanto o más que lo que ahora quiero dejar atrás.
Me preocupaba la decisión hasta que la he tomado, entonces, de golpe, he sentido un gran alivio, y eso me hace pensar que no estoy equivocada".

Tomé la decisión correcta. Y ahora, después de unos años, vuelvo a estar en el mismo lugar, pero no en la misma situación. Las personas con las que comparto camino son distintas, y yo, aunque la misma, cuento con la experiencia del repetir, de no volver a repetir lo que en aquella ocasión me sobrepasó.
Eché de menos a las personas de aquel entonces, pero no me arrepentí en ningún momento de la decisión que tomé. Y sí, acabé metida en otras cosas que también absorbían mi tiempo, pero ya estaba escarmentada y me lo tomé de otra forma.
Aun así tengo que tener cuidado de no volver a repetir errores, porque muchas veces hay que obligarse a hacer algo, o a no hacerlo. Lo primero es nuestra vida, nuestra familia y nuestra casa, y el tiempo que sobre es el que hay que dedicar a lo demás, no al contrario. No puedo con todo, no llego a todo, ya lo he comprobado demasiadas veces.



domingo, 30 de diciembre de 2018

Los errores de nuestros padres

Hace tiempo dije que iba a recuperar los borradores que se me habían ido acumulando, pero dejé de hacerlo. 

Este es uno de ellos.

"Mis padres son personas, y como tal, se equivocan. Yo también me equivoco, y aunque soy su hija y me parezco a ellos, también hay muchas cosas en las que somos diferentes. Y como en todas las familias, en la nuestra también hay diferencias.
Mis padres han hecho y hacen cosas que no me parecen bien. Toman decisiones que yo creo equivocadas. E igual que pienso esto de mis padres también lo pienso de mis suegros, de mis amigos, de los padres de mis amigas... En conclusión, que todos somos diferentes y, guste o no a los demás, actuamos en consecuencia con lo que pensamos, así que a todos no los podemos complacer.
Y por supuesto no todo es malo, porque como padres para mí son los mejores del mundo, y gracias a ellos soy como soy y estoy donde estoy".

¿Sigo pensando lo mismo? Pues sí. Y me doy cuenta que con la edad, la mía, acepto más cosas. Bueno, no más cosas, pero sí que soy más consciente de las circunstancias que les han llevado a hacer lo que hayan hecho, lo comparta o no.



viernes, 28 de agosto de 2015

Días grises

Me gustan los días grises, metereológicamente hablando.
Hay muchos tonos de gris, y todos preciosos. Me gusta descubrir un cielo gris y plomizo al despertarme, sobre todo si va acompañado de frío. Ese frío que hace que me guste todavía más la sensación de hogar que siento en mi casa.
Hay que decir que esto lo estoy escribiendo a finales de agosto, y claro, ya sabemos que solemos añorar lo que no tenemos. La letra de una canción de Fito y los Fitipaldis lo expresa muy bien: "Sé que no puedo dormir, porque siempre estoy soñando, en invierno con el sol, con las nubes en verano"
El caso es que soy más de invierno, de frío, por lo menos del que aquí tenemos, que no es demasiado duro, todo hay que decirlo.
Para mí vivimos en un lugar privilegiado: el mar de frente, montaña a la espalda, campos hacia los lados, y siempre el sol. Quizás por eso valore tanto los días grises y nublados, porque son escasos, por lo menos para mi gusto.
Tengo que recordarme a mí misma que no tengo que dar explicaciones, ni aclarar nada, que es una conversación conmigo misma.

lunes, 11 de agosto de 2014

Cuestión de actitud

Del libro ¡Yo pienso, yo soy!, de Louise L. Hay.

Queridos padres y profesores:
Me llamo Louise L. Hay, y he dedicado gran parte de mi vida a enseñar a las personas que sus pensamientos pueden cambiar sus vidas. He escrito muchos libros que han ayudado a la gente a descubrir su propia valía; es más, siempre he creído que si los niños pudieran aprender a una edad temprana al potencial que tienen sus pensamientos, su viaje a través de la vida sería más feliz y gratificante.
Este libro, que he escrito junto con mi amiga Kristina Tracy, puede ayudaros a enseñar a vuestros hijos el poder de las afirmaciones. Llamamos "afirmaciones" a los pensamientos y las palabras que utilizamos a diario. Las palabras de preocupación, enfado y miedo son afirmaciones negativas, mientras que las palabras optimistas de esperanza, felicidad y amor son afirmaciones positivas.
Dentro de ¡Yo pienso, yo soy! leeremos ejemplos de niños que han transformado pensamientos negativos en acciones y palabras positivas. Podéis practicar esto en casa con vuestros hijos; a mí me gusta que aprendan mirándose al espejo mientras dicen sus afirmaciones positivas. El espejo es una herramienta muy poderosa que te conecta con las palabras que estás diciendo. Una gran afirmación para comenzar sería "me quiero a mí mismo". Repite esta o cualquier otra información positiva, una y otra vez, y notarás la diferencia.

Afirmación: palabras que piensas o dices y  que crees que son verdad.

¿Sabías que las cosas que piensas y dices tienen el poder de cambiar tu vida? Cuando repites algo una y otra vez empiezas a pensar que lo que estás diciendo es verdad; y lo que tú crees afecta a lo que haces y lo que te sucede.
Esta clase de pensamientos y palabras se llama afirmación. Aprender a cambiar tus pensamientos tristes (negativos) en afirmaciones puede resultar divertido.

TRUCOS PARA HACER AFIRMACIONES
Tú puedes inventar tus propias afirmaciones para cualquier situación que desees cambiar en tu vida, por ejemplo...
1. Empieza siempre tus afirmaciones con palabras positivas: Yo puedo, yo soy, yo deseo, yo tengo...
2. Repite tus afirmaciones cada vez que te acuerdes.
3.Di una afirmación cuando tengas pensamientos tristes o negativos.
4. Mírate al espejo y di tus afirmaciones positivas en voz alta.
5. Escribe tus afirmaciones en una libreta o diario.
6. Haz carteles con tus pensamientos positivos y cuélgalos donde puedas verlos cada día (en tu espejo, en la nevera o en un corcho en tu habitación).
7. Cierra los ojos e imagina lo que deseas: es lo mismo que una afirmación.

Me parece muy interesante, y muy útil, lo que se explica en este libro.
Con los años, y después de observar a la gente negativa que tengo a mi alrededor, tengo claro y he decidido que lo mejor es tener una actitud positiva hacia la vida.
No discuto que a veces la vida es una mierda, y que da igual lo que hagas que parece que nunca vas ha salir de ese pozo en el que has caído y al que no le ves el fondo, pero chica, para bien o para mal lo malo viene sin que lo busquemos (hay quien no, hay quien parece que se empeña en darse de narices con los problemas, que parece que necesite vivir lamentándose por lo mal que le va la vida, sin hacer nada por cambiarlo. Pero bueno, es su elección.) ¿por qué no utilizar nuestra energía, nuestros pensamientos y nuestro tiempo aquí en intentar que las cosas cambien, en fijar la vista y los sentidos en lo bueno que tenemos en nuestra vida?

El libro me lo dejó una amiga, y lo traje a casa pensando en mi hijo mayor. Tiene 6 años y a veces tiende a ser más negativo de lo que a mí me gustaría, aunque también está claro que es pequeño para darse cuenta de la diferencia que puede suponer en al vida el cómo te tomes las cosas. El caso es que una noche leímos el cuento y no le hizo demasiada gracia. Yo pensé que al estar dirigido a niños podría hacerle entender mejor lo que yo he intentado explicarle en muchas ocasiones. Durante unos días, he insistiendo un poquito, conseguí que cada noche pensara en algo positivo que le hubiera pasado durante el día, y cada mañana visualizábamos algo positivo que hacer o conseguir.
No funcionó.
Aunque el libro es para niños, yo creo que no hay nada como que lo vean, que puedan vivir con alguien que tenga esa actitud. De nada valdría leer el libro e intentar hacer lo que dice si los adultos que tiene a su alrededor lo ven todo negro.

domingo, 10 de agosto de 2014

Si sirviera de algo

Si pudiera huir, huiría.
Si supiera que sirve de algo, lo haría.
Si tuviera la certeza de que cuando volviera todo se hubiera arreglado, lo haría. Porque volvería, eso lo tengo claro.
¿Por qué quiero huir y no tomarme un descanso? Porque huir es no hacer nada, correr sin mirar atrás y dejarlo todo como está, no hacerse responsable de nada y dejar que los demás lo arreglen. Tomarse un descanso es coger fuerzas para seguir adelante, no olvidar nada y volver dispuesto a enfrentarse a los problemas.
Necesito tiempo, soledad, alejarme, pero con la seguridad de que me esperarán. No me planteo la posibilidad de que mi petición sea egoísta, me ha costado demasiado reconocer que lo necesito y que no puedo con todo. Aún así, prefiero no pedir ayuda, porque si lo hago tengo que dar explicaciones.
Quiero dejar constancia de algo, y es que no quiero huir de mis problemas, sino de los de los demás.
Entiendo que todos tenemos problemas, y me hago responsable de mis acciones, e intento ser consecuente con mis actos, pero creo, estoy segura, de que no tengo la obligación de cargar con el peso de los demás.

jueves, 13 de marzo de 2014

Mi cuerpo no es mío

Hoy, ahora mismo, tengo uno de esos momentos en los que siento que mi cuerpo no es mío.
Hoy no estoy bien. He dormido mal y aunque no recuerdo lo que he soñado, sé que han sido malos sueños. Hace días que ando inquieta, que siento que me falta o he perdido algo. Siento que tengo un asunto pendiente, aunque no se cual. Y hoy, hoy es uno de esos días en los que no puedo con todo lo que me piden.
No me gusta sentirme así, no poder con todo, no me gusta tener que pedirle a los niños una tregua porque no lo entienden, y me eso me hace sentir peor todavía. 
Todo a la vez no se puede hacer, lo se, pero hoy da igual. Me llama uno, estoy con el otro, ninguno sabe esperar, los dos lo quieren todo al instante y yo... yo hoy no puedo.

No me acuerdo de mí, de lo mío, de mi cuerpo, de mis cosas, de mis ratos, de mis momentos; es lo habitual. Normalmente no recuerdo esto, pero hoy sí. Hoy vuelvo a tener presente que me falta mi espacio, mi tiempo, mis cosas, mi silencio, que  me falto yo...
Siempre no es así, pero hoy no tengo un buen día.

domingo, 16 de febrero de 2014

No puedo con la vida de los demás

No puedo con la vida de los demás, en serio.
Hoy no estoy harta, pero sí muy cansada, tanto, que ni fuerzas de enfadarme tengo. Y aunque he llegado a la conclusión de que no puedo, aunque así lo he decidido por mi bien, me siento mal y culpable. Me siento mal por no llegar, me siento culpable por no hacer más.
Que crean que yo puedo ayudarles no quiere decir que así sea.
Me da miedo pensar que un día pueda ser yo la que necesite ayuda, y no encuentre quien me ayude. Tengo miedo de que me paguen con la misma moneda.
Y los que nunca fallan, siempre están ahí y no me abandonan, son el miedo y la culpa.
No creo que alguien de mis características sea la persona más adecuada para ayudar a los demás, para dar consejos o decir lo que tienen que hacer.
Y por otra parte, ¿alguien me ha preguntado si puedo, si quiero? Puedo no ser capaz, tengo mis limitaciones. Y también tengo poder de decisión, tengo derecho a negarme.
Además, que ya tengo bastante con lo mío, que también estoy para que me ayuden... ¿que no lo sabías? Normal, no suelo compartir mis malos momentos. Puedes llamarlo egoísmo, vergüenza, soberbia, orgullo, miedo, culpa, como quieras. Y no vayas a creer que no lo he intentado, pero no ha funcionado.


viernes, 14 de febrero de 2014

El banquero borde

A veces, te haces una idea de como es alguien por algo en concreto, un encuentro, una coincidencia, un  momento, y te quedas con que ese alguien es así, a no ser que tengas la posibilidad de conocerlo mejor en otro ambiente y otras circunstancias.
Esto es lo que me ha pasado a mí hace poco.
Hay un señor serio y con cara agria que trabaja en un banco, y cada vez que he ido con alguna de mis amigas y nuestros hijos nos mira mal. Y no sólo a nosotras. Si en alguna ocasión he ido sola pero había en el banco alguna madre con niños, en cuanto los pequeños se hacen notar él pone mala cara, incluso se permite algún comentario. Me parece serio y antipático. Borde.
Un detalle: tiene una sección fija de opinión en una publicación local.
Aún con todo me parece un hombre culto, por eso no me extrañó coincidir con él en la presentación de un libro. Lo que si me sorprendió fue verlo aparecer en el club de lectura hace un par de meses. Y más todavía me está sorprendiendo durante las reuniones. ¿Por qué? Porque es agradable, participativo y sus opiniones me parecen muy interesantes.
Así que ¿será que tendré que cambiar mi opinión respecto a él? Pues de momento creo que no, porque una cosa no quita la otra. Puede ser todo lo simpático que quiera en el club, pero eso no quita que en su puesto de trabajo es una persona desagradable.
De todas formas tengo que reconocer que escucho sus opiniones con un interés especial, y creo que este puede ser el comienzo de una inesperada amistad.

jueves, 31 de octubre de 2013

Discursos

Lo he leído, me lo han explicado y también lo he comprobado: a los niños no hay que "echarles" discursos o sermones. Si te extiendes en una explicación o una regañina se pierden pronto.
Pero aún así, aún sabiéndolo, y sobre todo cuando estoy enfadada, echo unos discursos de mucho cuidado.

Me pasa sobre todo con el mayor. Cuando tiene curiosidad por algo y me pregunta, y sobre todo si sé la respuesta, me lío a explicarle cosas sobre el tema, a darle opciones, a preguntarle si quiere que busquemos más información... y de pronto me doy cuenta de que en algún momento ha dejado de prestarme atención y yo ni me he enterado. Normal.
También me pasa cuando me enfado y quiero dominarme para no perder los nervios. Entonces parece que sustituyo los gritos o las malas maneras por una explicación detallada y prolongada de por que me siento así, por que creo que no está bien lo que ha hecho, por que... y bla, bla, bla...

miércoles, 23 de octubre de 2013

Totalmente de acuerdo, pero...


Estoy totalmente de acuerdo con esta reflexión, pero a veces es frustrante ver que nuestros esfuerzos no tienen frutos. Pero no es cierto, se por experiencia propia que todo esfuerzo tiene su recompensa, mi hijo mayor es la prueba y me lo demuestra todos los días, y aún así no puedo evitar sentirme triste y desilusionada.
Hay días en los que la paciencia y la comprensión brillan por su ausencia, en los que no consigo ponerme en su lugar y entender por qué actúa así. Hay que aceptarlos como son, no intentar cambiarlos, pulirles, en todo caso. Y no deja de ser un niño de casi 6 años, impulsivo, que actúa como siente y no se para a pensar antes.
Yo soy la que me tengo que parar a pensar y reconocer que en el fondo se parece a mí. No hace tanto que yo dejé las malas formas, de hecho todavía las utilizo, y siempre me arrepiento. A mi edad, mi modo de actuar lo veo como una forma de protegerme de las desilusiones, del daño que te pueda hacer la gente, pero a la suya...
No puedo pensar que a él le va a pasar lo mismo, somos parecidos, pero no iguales. No puedo dejar que mis miedos le marquen el camino, le coarten y le digan cómo no actuar. En cambio, dejaré que mi juicio le guíe y le muestre las consecuencias de sus actos, cómo repercuten en los demás y cómo eso puede influir en sus relaciones con el resto de la gente.

martes, 22 de octubre de 2013

A mí me ha gustado

Hace días leí esto y me gustó mucho.
Normalmente no suelo hacer comentarios ni leer los que los demás dejan en los blogs que leo, aunque me gusten mucho, pero en esta ocasión si lo hice. Y me gustó tanto lo que leí y me sentí tan identificada con algunas palabras que la verdad es que me sorprendió mucho que todo el mundo no pensara lo mismo.
Y aquí viene cuando tengo que recordar que todos no pensamos igual, y que lo que yo puedo ver de color blanco, otros lo pueden ver negro, o gris. Que igual que yo pienso, creo y estoy segura de que los demás están equivocados, ellos pueden pensar lo mismo respecto a mí.

Lo que más me gustó de todo fue la última parte: "Tan solo te pido un favor, si has de volver a mirar a mis hijos despectivamente mientras piensas que los tuyos son mejores, procura que yo no esté cerca, porque esa mirada me ha partido el corazón, y es que yo no lo haría, ya ves, esta madre, aunque imperfecta gasta algo de dignidad, y sobretodo... no escupas hacia arriba, no vayas a calcular mal la trayectoria y te caiga encima..."
¿Y por qué me gustó tanto esta parte? Pues porque siempre que vamos al parque hay alguna de esas, de las que te miran por encima del hombro, de las que miran con desprecio a los hijos de los demás. A algunas las conoces, a otras no, pero cada vez que coincides con ellas, desearías no haberlo hecho.






sábado, 5 de octubre de 2013

No son buenos tiempos para el amor

Hay días en los que la vida es estupenda, maravillosa, perfecta, hasta, para a quien le guste, de color de rosa.
Hace unos días que mi vida no es estupenda ni maravillosa, se aleja mucho de ser perfecta y tiene más de gris que de cualquier otro color. Y no se si es por casualidad, el tiempo, la edad, por solidaridad o decir tonterías, que hay muchas amigas a mi alrededor que estos días se sienten como yo, e incluso peor. He tenido épocas peores, pero eso no me consuela. No es la primera vez que estamos así, y el motivo es el mismo, cosa que me entristece y preocupa a partes iguales.
Me entristece porque cuando no estamos bien  nada me sale bien, no disfruto de mi vida en familia y todas las situaciones son forzadas. Me preocupa porque si con todos los años que llevamos juntos todavía no hemos conseguido superarlo querrá decir algo ¿que tenemos que seguir intentándolo o que no tiene solución y no vale la pena seguir? Deseo con todas mis fuerzas que sea lo primero.
Cuando estamos bien le quiero con toda mi alma, daría mi vida por él y no me la imagino ni un día sin estar a su lado, pero cuando estamos así... me pasan mil cosas por la cabeza que me hacen plantearme si los días buenos no son un espejismo.

miércoles, 2 de octubre de 2013

¿Por qué no puedo?

No se por que me cuesta tanto mostrar afecto. Desde siempre. Me cuesta horrores el contacto físico con cualquiera que no sean mis hijos y mi marido.
Soy capaz de sufrir por los demás más que cualquiera que se prodigue en besos y abrazos, pero soy incapaz de demostrarlo, ni con palabras ni con gestos.
No es nuevo, siempre me ha pasado, pero nunca me ha preocupado. Ahora no es que me preocupe, pero me pregunto el por qué.
Y después de todo soy afortunada porque siempre ha habido en mi vida alguien dispuesto a darme lo que yo no puedo dar en ese aspecto. Siempre he tenido un beso, un abrazo o unas palabras de afecto cerca... y eso me hace pensar que yo pueda ser egoísta, aunque no me sienta así. Y no me siento así porque no es que no quiera, es que no puedo.

lunes, 30 de septiembre de 2013

De lo que somos capaces

Estos días, el caso de Asunta Basterra me ha hecho recordar otros nombres: el de las niñas de Alcácer, Mari Luz Cortés, Rocio Wanninkhof, Marta del Castillo, Ruth y José Bretón... por decir algunos.
El caso de las niñas de Alcácer es el primero que recuerdo, hace ya más de veinte años. Yo tenía 15, y me acuerdo de ver a mi madre llorar cuando vimos en la televisión la noticia de que habían encontrado los cuerpos, y cómo se descomponía cada vez que se descubrían detalles de lo que habían padecido las niñas. En esos momentos, yo tenía más o menos la misma edad que ellas.
Supongo que antes habría otros, pero no los recuerdo. Para mí, aquello marcó un antes y un después, fue como despertar y descubrir las barbaridades de las que es capaz el ser humano.
Y desde entonces, es como si cada cierto tiempo tuviera que pasar algo que nos recordara eso, que somos salvajes. Aunque también se cometen barbaridades en las guerras, todos los días, y tampoco está justificado.

Pensando en esto (y por muy banal que pueda resultar en comparación), mi boca dibuja una mueca que parece casi una sonrisa al recordar que una amiga me reprochara hace poco que no reciclo, que menudo planeta le estaba dejando a mis hijos...

lunes, 23 de septiembre de 2013

Desvaríos

Estoy sentada frente al ordenador aprovechando los diez minutos justos, y con interrupciones, de los que dispongo ahora mismo. Estoy intentando acabar de escribir alguno de los innumerables post que tengo empezados, esos que empiezo en un momento de inspiración y que tengo que dejar de escribir porque me reclaman desde cualquier rincón de la casa. Esos que retomo después, cuando me regalan otros diez minutos, y no se cómo continuar porque la inspiración se esfumó en la primera interrupción. Y mientas escribo estas líneas, y a través de lo poco que mis sucios cristales me dejan ver, admiro con envidia como mis vecinos, solteros y a estas horas de un lunes en casa, limpian las ventanas y los cristales y que, en mi humilde opinión, no estaban sucios.

viernes, 9 de agosto de 2013

15 años

Hace 15 años, la frase de mi marido para pedirme salir fue "quiero que seas la madre de mis hijos". No iba nada desencaminado...

Ayer fue nuestro aniversario y casi se me olvida.
Entre que me levanta el pequeño y vamos por la casa intentando no hacer mucho ruido hasta que se levanta el mayor, hasta que se levanta el mayor y el pequeño te pregunta "¿ya puedo hacer ruido?. Desayunar, jugar, ver la tele, hacer algo de provecho, preparar la comida, comer, aprovechar que mi marido viene a comer para ir a comprar mientras se queda con los niños, quedarme sola con ellos otra vez mientras él se va a trabajar... y entonces mirar la agenda para algo que ahora mismo no recuerdo y descubrir que era 8 de agosto...
15 años. Ahora mismo firmo por otros 15, con todo lo bueno y lo malo que hemos tenido. Aumentando la familia si fuera posible.

Hace 5 años, un 8 de agosto también, se destetó Rodrigo.

martes, 30 de julio de 2013

Cuerpo de madre

Me miro en el espejo y veo mi cuerpo; un cuerpo de madre.
Una madre como tantas, pero única al fin y al cabo.
No es el cuerpo con el que había "soñado" (aunque tener un buen cuerpo nunca me ha quitado el sueño): es infinitamente mejor.
Es ancho, para poder cobijar a mis dos hijos a la vez.
Es cálido, para poder darles calor en invierno, y en verano, que el calor de madre se agradece en cualquier estación.
Es tierno, blandito y mullido para lo que quieran y necesiten en cada momento.
También es duro y fuerte, bien para jugar a cosas de chicos o para protegerles de cualquier cosa que les pueda dañar.
Es valiente, y siempre va por delante inspeccionando el terreno para anticiparse a posibles peligros.
Es sanador, y cuando se hacen daño o necesitan consuelo saben que siempre pueden contar con él. Muchas veces, precisamente porque saben que siempre pueden contar con él, no lo necesitan, aunque yo siempre se los ofrezco.
Es juguetón, y cada vez que juego con ellos, gana vida.
Es milagroso, porque crea vida.
Tiene mariposas que se reúnen en mi estómago para jugar cada vez que alguno de mis chicos se abraza a mí rodeándome el cuello con sus brazos y la cintura con sus piernas.
Es libre, porque ellos lo son. Corre, juega, ríe y es feliz cuando lo son ellos. Con ellos.

domingo, 24 de marzo de 2013

Son mejores

Aunque ahora no puedo leerla tan a menudo como quisiera, estos días he leído un post de Ileana Medina que me ha encantado: Los bebés no son como nos lo contaron.

Realmente a mí no me contaron que los bebés fueran de otra forma, en este aspecto yo más que mal informada llegué poco informada. Y no es que esperara otra cosa, simplemente no sabía lo que me esperaba. Así que desde que fui madre por primera vez hace más de cinco años, no hay día en el que no me sorprenda del rumbo que ha tomado mi vida y que ni en mis más irreales fantasías me podía imaginar.
Creí que había leído mucho, y que había leído lo adecuado, pero me equivoqué... Creía que llegaba preparada, y llegaba sin saber nada.

Volviendo a Ileana, me quedo con unas palabras muy concretas de su post: "No. Los bebés no son alto-demandantes. Somos nosotros los bajo-tolerantes, los bajo-pacientes, los bajo-disponibles, los bajo-respondedores. No. Los bebés no quieren que los dejes. Quieren ir contigo a todas partes, eres su ejemplo, su seguridad, su referente, su único universo.
Te guste o no te guste, así son los bebés humanos, primates, mamíferos. Si quieres comprobarlo, tan solo ten uno. Ninguna otra especie desconoce y putea tanto a sus propias crías. Si queremos un mundo un poquito más humano, bien haríamos en comprenderlo.
No son como nos lo contaron. Son infinitamente mejores y más inteligentes. Cualquiera que ve a estas crías diría: ¡qué especie tan avanzada! ¿Y cómo se convirtieron en lo que hay?"

Y es que si te paras a pensar, da miedo ser el ejemplo de alguien. Descubrir cómo eres cuando te miras en el espejo en el que se han convertido tus hijos, ver cosas que hacen, que no te gustan, y que no son más que reflejo de lo que ven. Ahí no puedes culpar a nadie, no les puedes culpar a ellos de no copiar sólo lo bueno (lo que a nosotros nos parece bueno, por supuesto).
Ellos, afortunadamente, están preparados para sobrevivir con gente tan poco preparada como nosotros. Y claro que son mejores y más inteligentes, sino, no se entiende que crezcan, maduren, y sepan andar por los caminos que les llevarán a ser mejores personas de lo que fuimos nosotros, de lo que les enseñamos nosotros.
En algún momento, en el camino, perdimos el instinto, el sexto sentido, lo que sea que hace falta para confiar en uno mismo y no dejarse llevar por la corriente, por la mayoría.
Nos defendemos del amor, de las caricias y del apego como si fueran algo malo, como si la compañía y la comprensión nos hicieran más débiles. Y sin embargo los (nos) entrenamos como si en cualquier momento tuviéramos que entrar en guerra, sufrir y desconfiar de todos nuestros semejantes.
Y aunque así fuera, aunque lo que nos espera sea la soledad, el sufrimiento y la incomprensión, ¿no es mejor enfrentarse a ello después de haber sido querido, nutrido, aceptado y comprendido?






miércoles, 13 de febrero de 2013

Lo mejor de cada día: la noche

Normalmente soy yo la que arropa a los niños cuando se destapan mientras duermen. Mi chico mayor recibe bien el calor, y cuando lo tapas en medio de la noche sonríe agradecido y se acurruca debajo del nórdico. Mi chico pequeño es otra historia; si no está bien dormido lo más probable es que se despierte y aún encima se enfade...
Pero esta noche me han arropado a mí, y ha sido como una caricia.Como el pequeño había tomado de la teta derecha me había quedado dormida sobre ese lado. En un momento, noto que me tapan el hombro izquierdo y ajustan la ropa de la cama para dejarme bien tapada: era mi chico mayor, que dormía a mi espalda, tapándome, como hago yo con él... y entonces he sonreído, como hace él cuando yo lo arropo. No hace falta explicar cómo me he sentido.


Dicen que el momento de irse a dormir debería de ser siempre relajado, a la misma hora y temprano, a ser posible. En nuestro caso siempre es divertido, unas veces entre juegos y otras entre cuentos, siempre a partir de la misma hora y muy a mi pesar, nunca temprano. Quiero decir que para mí temprano son las nueve de la noche, y nosotros no conseguimos acostarnos nunca antes de las diez. Y además, hay que puntualizar que acostarse no quiere decir precisamente dormir, por lo que aunque una noche consigamos acostarnos a las diez (o incluso antes), es seguro que no nos dormiremos en cinco minutos.
Los días en los que nos acostamos "antes" (más cerca que lejos de las diez) los niños juegan un rato con su padre en la cama a hacerse cosquillas, saltar, esconderse entre las sábanas, escapar de la araña,... y cuando voy yo a dormirlos me encuentro con que la cama está peor a la hora de acostarme que a la de levantarme ;-), y que los niños además necesitan unos minutos de reposo para poder calmarse y dejar de reírse.
El día que se ha hecho tarde no hay juegos, pero sí el cuento que ellos elijan. El pequeño se duerme con la teta, no con el cuento, así que es el mayor el que marca el momento de apagar la luz.

Tengo conocidas para las que la hora de irse a dormir es una tortura porque ya saben que habrá gritos y lágrimas, que se tendrán que levantar las cuatro o cinco veces que se despierte el niño durante la noche, y que a la mañana siguiente arrastrarán sueño y mal humor. Pero bueno, supongo que les merece la pena, porque después presumen (literalmente) de que ellas están tranquilas a partir de las nueve y pueden hacer, o no hacer, lo que les da la gana.
Ellas han hecho su elección, y yo la mía.
Hace mucho tiempo que los niños no se duermen a la vez o lo suficientemente pronto como para que a mí me queden ganas de ponerme a ver la tele. No me importa, prefiero el ajetreo y la alegría de la que disfrutamos para irnos a dormir, la tranquilidad que tengo porque si el pequeño se despierta para pedir teta me tiene al lado, y si el mayor tiene una pesadilla o ganas de ir al baño yo me he dado cuenta incluso antes de que él abra los ojos.
Me gusta cuando estoy leyendo un cuento y el mayor pasa de preguntarme mil veces la misma cosa a quedarse dormido antes de pasar la página. O cuando apagamos la luz y todavía está despierto. Entonces tengo al pequeño cogido de la teta, con su cabeza apoyada en el brazo, y veo a Rodrigo a mi lado, mirando la oscuridad, tranquilo, y cómo cada vez que parpadea le cuesta más abrir los ojos, hasta que el final ya no los abre porque se ha quedado dormido, a mi lado. Es muy probable que a esas alturas el pequeño también esté dormido. Entonces oigo sus respiraciones, reposadas, serenas, y no me quiero levantar, prefiero disfrutar de la noche, mi noche.

jueves, 7 de febrero de 2013

Para siempre

En los últimos años he podido vivir de cerca varias rupturas sentimentales. Alguna de esas rupturas no me han sorprendido, es más, era cuestión de tiempo que antes o después las personas implicadas tomaran esa decisión. Sin embargo otras no solo me han sorprendido, sino que además me han dolido por el vínculo que me une a esas personas.
Aún así, tanto las rupturas esperadas como las no deseadas, me han hecho pensar...
Yo quiero estar siempre con César, toda mi vida, hacerme mayor, y después vieja, a su lado. Pasear cogiditos de la mano, con la lentitud propia de los abuelos, mientras la vida pasa veloz a nuestro alrededor.
Está claro que la vida da muchas vueltas, que nunca se sabe lo que puede pasar, y que igual que ahora estamos bien y ni siquiera puedo llegar a imaginar mi vida al lado de otra persona, todo es posible. Pero por eso mismo, porque todo es posible, yo pido pasa el resto de mi vida con él.

Ya antes de tener hijos oía la frase: "A mis hijos los parí, mientras que a mi marido lo encontré en la calle". Pues sí, eso es verdad, pero no le doy ni el mismo valor ni el mismo significado que le dieron en su día las que me lo dijeron.
Sin mi marido yo no tendría los hijos tan maravillosos que tengo, y alguno más que espero tener. Nadie me entiende y me aguanta como él, ni tampoco he conocido a la persona que se complemente tanto conmigo. Lo quiero más que a nadie, y también le odio más que a nadie cuando me enfado con él....
Y creo que no hay que comparar, que no es comparable el amor hacia tu pareja del amor hacia tus hijos...

Quiero que el día de mañana nuestros hijos tengan sus vidas, sean felices, con familias o sin ellas, que puedan tener su vida y ser independientes, además de tener la seguridad de que a sus padres los van a tener siempre. Que tengan la tranquilidad de poder volver a casa y encontrar a sus padres que se apoyan mutuamente, y que se quieren y comprenden como siempre han visto.


Hace días, semanas, que empecé a escribir esta entrada. No me falta la inspiración, pero sí el tiempo y cumplir (después de hacer) una lista de prioridades que nunca llega.
En estos días ha pasado algo que recordaré toda la vida, como un mal recuerdo, además, pero que ha servido para demostrarme una vez más que César es la persona que quiero a mi lado durante toda mi vida, ya sea larga o corta.