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sábado, 5 de octubre de 2013

No son buenos tiempos para el amor

Hay días en los que la vida es estupenda, maravillosa, perfecta, hasta, para a quien le guste, de color de rosa.
Hace unos días que mi vida no es estupenda ni maravillosa, se aleja mucho de ser perfecta y tiene más de gris que de cualquier otro color. Y no se si es por casualidad, el tiempo, la edad, por solidaridad o decir tonterías, que hay muchas amigas a mi alrededor que estos días se sienten como yo, e incluso peor. He tenido épocas peores, pero eso no me consuela. No es la primera vez que estamos así, y el motivo es el mismo, cosa que me entristece y preocupa a partes iguales.
Me entristece porque cuando no estamos bien  nada me sale bien, no disfruto de mi vida en familia y todas las situaciones son forzadas. Me preocupa porque si con todos los años que llevamos juntos todavía no hemos conseguido superarlo querrá decir algo ¿que tenemos que seguir intentándolo o que no tiene solución y no vale la pena seguir? Deseo con todas mis fuerzas que sea lo primero.
Cuando estamos bien le quiero con toda mi alma, daría mi vida por él y no me la imagino ni un día sin estar a su lado, pero cuando estamos así... me pasan mil cosas por la cabeza que me hacen plantearme si los días buenos no son un espejismo.

viernes, 9 de agosto de 2013

15 años

Hace 15 años, la frase de mi marido para pedirme salir fue "quiero que seas la madre de mis hijos". No iba nada desencaminado...

Ayer fue nuestro aniversario y casi se me olvida.
Entre que me levanta el pequeño y vamos por la casa intentando no hacer mucho ruido hasta que se levanta el mayor, hasta que se levanta el mayor y el pequeño te pregunta "¿ya puedo hacer ruido?. Desayunar, jugar, ver la tele, hacer algo de provecho, preparar la comida, comer, aprovechar que mi marido viene a comer para ir a comprar mientras se queda con los niños, quedarme sola con ellos otra vez mientras él se va a trabajar... y entonces mirar la agenda para algo que ahora mismo no recuerdo y descubrir que era 8 de agosto...
15 años. Ahora mismo firmo por otros 15, con todo lo bueno y lo malo que hemos tenido. Aumentando la familia si fuera posible.

Hace 5 años, un 8 de agosto también, se destetó Rodrigo.

jueves, 7 de febrero de 2013

Para siempre

En los últimos años he podido vivir de cerca varias rupturas sentimentales. Alguna de esas rupturas no me han sorprendido, es más, era cuestión de tiempo que antes o después las personas implicadas tomaran esa decisión. Sin embargo otras no solo me han sorprendido, sino que además me han dolido por el vínculo que me une a esas personas.
Aún así, tanto las rupturas esperadas como las no deseadas, me han hecho pensar...
Yo quiero estar siempre con César, toda mi vida, hacerme mayor, y después vieja, a su lado. Pasear cogiditos de la mano, con la lentitud propia de los abuelos, mientras la vida pasa veloz a nuestro alrededor.
Está claro que la vida da muchas vueltas, que nunca se sabe lo que puede pasar, y que igual que ahora estamos bien y ni siquiera puedo llegar a imaginar mi vida al lado de otra persona, todo es posible. Pero por eso mismo, porque todo es posible, yo pido pasa el resto de mi vida con él.

Ya antes de tener hijos oía la frase: "A mis hijos los parí, mientras que a mi marido lo encontré en la calle". Pues sí, eso es verdad, pero no le doy ni el mismo valor ni el mismo significado que le dieron en su día las que me lo dijeron.
Sin mi marido yo no tendría los hijos tan maravillosos que tengo, y alguno más que espero tener. Nadie me entiende y me aguanta como él, ni tampoco he conocido a la persona que se complemente tanto conmigo. Lo quiero más que a nadie, y también le odio más que a nadie cuando me enfado con él....
Y creo que no hay que comparar, que no es comparable el amor hacia tu pareja del amor hacia tus hijos...

Quiero que el día de mañana nuestros hijos tengan sus vidas, sean felices, con familias o sin ellas, que puedan tener su vida y ser independientes, además de tener la seguridad de que a sus padres los van a tener siempre. Que tengan la tranquilidad de poder volver a casa y encontrar a sus padres que se apoyan mutuamente, y que se quieren y comprenden como siempre han visto.


Hace días, semanas, que empecé a escribir esta entrada. No me falta la inspiración, pero sí el tiempo y cumplir (después de hacer) una lista de prioridades que nunca llega.
En estos días ha pasado algo que recordaré toda la vida, como un mal recuerdo, además, pero que ha servido para demostrarme una vez más que César es la persona que quiero a mi lado durante toda mi vida, ya sea larga o corta. 

martes, 17 de julio de 2012

Cuando no hay relevo


Intento que no pase, pero hay días en los que "necesito" que mi marido venga a comer para aprovechar esa hora y media en la que puede echar un ojo a los niños mientras yo me ducho, subo a la terraza a tender la ropa, o quiero hacer alguna de las cosas que se hacen más rápido y mejor sin niños de por medio.
Y aunque intento que no pase, hay días en los que, inexplicablemente, se tuercen las cosas de tal manera que espero las dos y media del medio día en candeleta.
Normalmente el papi llega a comer, yo hago lo que tengo que hacer y todos contentos. Pero también me ha pasado que algunos de esos días no ha venido; media hora antes de lo que suele llegar me llama para decirme que hoy no come en casa. Y ese día, si parecía que las cosas no podían ir peor, pues sí que pueden hacerlo...
Y es esos días, sobre todo, cuando me acuerdo de las madres (también habrá algún padre, pero la mayoría siempre son madres) que no tienen relevo. Que ya sea por lo que sea, no disponen de esa hora y media para delegar, que al final del día no tienen a nadie con quien comentar la jornada o tomar la decisiones importantes para el futuro de los niños.
Supongo que pueden ser infinitas las circunstancias que lleven a una madre a criar sola a sus hijos. Sola porque no tiene a nadie, sola porque aunque lo tenga es como si no lo tuviera, sola porque lo ha elegido, sola porque no le han dado opción a elegir.
Yo cuento con mi marido, con mis padres, con mi hermano, con mis suegros cuando están, incluso tengo amigas que se me harían el favor de ocuparse con los niños en un momento puntual, pero... ¿y quién no tiene nada de todo eso? Tiene que ser duro, muy duro.

lunes, 14 de marzo de 2011

La mejor ayuda

Después de unos meses en paro, mi marido volverá a trabajar.
Es la segunda vez que está en casa durante tanto tiempo, y aunque económicamente no es una situación agradable, he de decir que esta vez me ha venido muy bien.
Ha estado conmigo los últimos meses del embarazo de Gonzalo, ayudándome con Rodrigo. Y estará también los dos primeros meses de vida de Gonzalo, ayudándome con los niños y todo lo demás.
Quiero puntualizar que aunque para mí él siempre "podría hacer algo más", está siempre dispuesto a hacer lo que le pidas. Y no es lo mismo estar disponible porque tu tiempo te lo permite, que estar dispuesto a ayudar en lo que te pidan. Y él siempre ha estado ahí, tanto para limpiar, como cocinar, comprar, duchar a los niños, cambiar pañales, llevar al mayor al cole...
Y aunque es lo que tendría que ser, no siempre lo es, y lo sé por experiencia.
Así que tengo que reconocer que cuando me dió la noticia de que volvía a trabajar, además de alegrarme por lo que supone para la economía familiar, también me "molesté" un poco porque pensé "se me termina lo bueno", y me asusté porque pensé también "¿podré con todo?".
Lo de "molestarme" no es algo que me guste reconocer, pero lo sentí y quiero ser sincera.
Siempre me las he apañado yo sola, y no me gusta nada pedir ayuda, pero en cuestiones domésticas pienso que tenemos los mismos derechos y obligaciones, aunque normalmente siempre es la mujer la que carga con la mayoría de tareas. Así que estos meses que mi marido ha estado en casa he sido bastante sargento, y he querido que vea (y experimente en sus carnes) todo el trabajo que comporta llevar una casa, con niños incluídos.
¡¡Ojo!! Esto lo he hecho ahora que está parado; si él trabaja fuera y soy yo la que estoy en casa, el trabajo de casa es mi trabajo, y entonces lo que recibo de él si que es una ayuda, mientras que si ninguno de los dos trabajamos fuera el trabajo de casa se reparte a partes iguales.
Así que llevaba tanto tiempo compartiendo tareas que creo que me había vuelto algo vaga, jejeje.
Y lo de si podré con todo... No soy la primera, ni seré la última que se encuentre en esta situación, y tengo claro que me las arreglaré, de mejor o peor manera.
Cuando Rodrigo también me encontré ante la novedad de la situación, con la duda de si podría atenderlo todo, de cómo me desenvolvería... y aquí estoy, contenta con el resultado.
Además, tengo la suerte de tener a mis padres y mi hermano cerca, y a mis suegros dispuestos a ayudar cuando vienen a vernos.

Gracias a internet conozco a muchas mamás, madres y super madres que se las arreglan con tres niños, una casa, un blog... Leer sus vidas y sus historias me ayuda a reir unas veces y a consolarme otras.
Conozco sin conocer a mujeres estupendas, con vidas lejanas e interesantes con las que comparto una visión de la vida descubierta desde que soy madre. Con ellas puedo hablar sin miedo de mis miedos sobre la maternidad, los hijos, la educación... Ellas no juzgan, escuchan (o leen en este caso), acompañan y aconsejan sólo si tú lo pides.
En sus palabras escritas puedo leer que no soy la única que siente lo que yo siento; que es normal molestarse, asustarse, agobiarse en algunos momentos de esta vida que hemos elegido, pero que a veces nos ofrece resistencia.