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lunes, 30 de septiembre de 2013

De lo que somos capaces

Estos días, el caso de Asunta Basterra me ha hecho recordar otros nombres: el de las niñas de Alcácer, Mari Luz Cortés, Rocio Wanninkhof, Marta del Castillo, Ruth y José Bretón... por decir algunos.
El caso de las niñas de Alcácer es el primero que recuerdo, hace ya más de veinte años. Yo tenía 15, y me acuerdo de ver a mi madre llorar cuando vimos en la televisión la noticia de que habían encontrado los cuerpos, y cómo se descomponía cada vez que se descubrían detalles de lo que habían padecido las niñas. En esos momentos, yo tenía más o menos la misma edad que ellas.
Supongo que antes habría otros, pero no los recuerdo. Para mí, aquello marcó un antes y un después, fue como despertar y descubrir las barbaridades de las que es capaz el ser humano.
Y desde entonces, es como si cada cierto tiempo tuviera que pasar algo que nos recordara eso, que somos salvajes. Aunque también se cometen barbaridades en las guerras, todos los días, y tampoco está justificado.

Pensando en esto (y por muy banal que pueda resultar en comparación), mi boca dibuja una mueca que parece casi una sonrisa al recordar que una amiga me reprochara hace poco que no reciclo, que menudo planeta le estaba dejando a mis hijos...

martes, 17 de julio de 2012

Cuando no hay relevo


Intento que no pase, pero hay días en los que "necesito" que mi marido venga a comer para aprovechar esa hora y media en la que puede echar un ojo a los niños mientras yo me ducho, subo a la terraza a tender la ropa, o quiero hacer alguna de las cosas que se hacen más rápido y mejor sin niños de por medio.
Y aunque intento que no pase, hay días en los que, inexplicablemente, se tuercen las cosas de tal manera que espero las dos y media del medio día en candeleta.
Normalmente el papi llega a comer, yo hago lo que tengo que hacer y todos contentos. Pero también me ha pasado que algunos de esos días no ha venido; media hora antes de lo que suele llegar me llama para decirme que hoy no come en casa. Y ese día, si parecía que las cosas no podían ir peor, pues sí que pueden hacerlo...
Y es esos días, sobre todo, cuando me acuerdo de las madres (también habrá algún padre, pero la mayoría siempre son madres) que no tienen relevo. Que ya sea por lo que sea, no disponen de esa hora y media para delegar, que al final del día no tienen a nadie con quien comentar la jornada o tomar la decisiones importantes para el futuro de los niños.
Supongo que pueden ser infinitas las circunstancias que lleven a una madre a criar sola a sus hijos. Sola porque no tiene a nadie, sola porque aunque lo tenga es como si no lo tuviera, sola porque lo ha elegido, sola porque no le han dado opción a elegir.
Yo cuento con mi marido, con mis padres, con mi hermano, con mis suegros cuando están, incluso tengo amigas que se me harían el favor de ocuparse con los niños en un momento puntual, pero... ¿y quién no tiene nada de todo eso? Tiene que ser duro, muy duro.

lunes, 25 de junio de 2012

Nuestros colores

Estamos en crisis, España se hunde.
Cada vez más familias se encuentran con que tienen que dejar la casa por la que han trabajado durante toda su vida porque no tienen trabajo para poder pagarla, hay gente que tiene que ir a comedores sociales para poder comer, y mientras yo todavía no me he acostumbrado a ver por lo menos dos veces al día a alguien hurgando en los contenedores de la calle, mis hijos ya están acostumbrados a esa imagen porque están creciendo con ella.
Normalmente parece que nos avergonzamos de ser españoles, nadie lleva una bandera de España o combina el rojo y el amarillo por si piensan que está orgulloso (o que al menos acepta) de nacer en el país que ha nacido.
Pero este fin de semana todo es diferente. Nuestros héroes son personas que dudo tengan dificultades para llegar a fin de mes. Viajamos donde haga falta para ver un partido de futbol o una carrera de Fórmula 1. Compramos deprisa y corriendo una bandera de España para poder lucirla en el balcón y nos pintamos en la cara los colores de guerra de los que normalmente nos avergonzamos. Este fin de semana, todos somos españoles y nuestros corazones son del mismo color.
No creo que esté mal olvidarse de lo malo de vez en cuando, pero es que me desconcierta ver lo que parece que nos une.
En estos tiempos inciertos en los que el futuro solo se pinta de color negro, me cuesta olvidarme totalmente de lo mal que están las cosas para sentir algo que yo ya siento normalmente: soy española, para lo bueno y para lo malo, y no quiero hundirme en lo que no hacemos bien, quiero mejorar lo que no me gusta y disfrutar de lo bueno que tenemos.

lunes, 7 de mayo de 2012

Nada es lo que era

Hay días y fiestas que acaban convirtiéndose en un negocio: el día de los enamorados, el del padre, el de la madre... Algunos parece que surgen de la nada, que nunca han hecho falta y de pronto te encuentras celebrando algo que no sabes muy bien para qué sirve. Otros siempre han estado ahí.
Recuerdo haber hecho manualidades en el colegio para regalar a mi padre y a mi madre, a cada uno en su día. Incluso ya más mayorcita, hacer yo por mi cuenta tarjetas diciéndole cuánto les quería y admiraba. Ya de más mayor, cuando empezaba a tener algo de dinero ahorrado de mis pagas semanales, les compraba cosas típicas de ese día, como los platitos dedicados al mejor padre o a la mamá mas guapa del mundo.
Ahora soy yo la madre, pero las cosas han cambiado mucho desde entonces.
Hay que decir que ni mi marido ni yo somos demasiado detallistas en estos días tan concretos. Pensamos que somos padres 365 días al año, y que seguiremos enamorados el uno del otro lo que nos queda de vida. Aún así, para que mentir, me hacía ilusión pensar que algún día mis hijos me traerían un regalo hecho en el colegio para ese día.
Celebran otros días y, además de explicarles en qué consisten, traen manualidades hechas por ellos relacionadas con el tema: el día de la paz, de Santa Catalina, Sant Antoni, Sant Jordi... pero ya no hacen nada relacionado con el día del padre o de la madre.
No se desde cuando ni si es así en todos los centros, pero mi hijo empezó el colegio el año pasado y ya no hicieron nada. El motivo: que las familias ya no son lo que eran. También desconozco si fue una iniciativa del colegio o se tomó esa decisión porque algunos padres comentaran algo.
Nada es lo que era y todo cambia pero, personalmente, pienso que no ofendía a nadie mantener una actividad relacionada con ese día. Son de esas cosas que se hacen desde hace tanto tiempo que se convierten en tradición.
Ahora hay más libertad y es más normal encontrar familias en las que hay dos mamás, dos papás, en las que tu padre o tu madre cambia a menudo de pareja... y en las que como toda la vida, has tenido la desgracia de perder a alguno de tus progenitores porque a muerto. O simplemente porque tu madre ha decidido ser madre soltera.
Pero bien pensado, tiene que ser triste y difícil de entender para un niño estar haciendo un regalo en el colegio para alguien a quien no tiene para dárselo. Visto así, entiendo porqué han dejado de hacer el detalle para esos días.




miércoles, 11 de abril de 2012

¿Estamos obligadas a trabajar fuera de casa?

Cuando hace cinco años me quedé embarazada y dejé de trabajar, poco podía yo imaginar cuánto iba a cambiar mi forma de ver las cosas.
Durante el embarazo empiezo a hacer planes aplicando todo lo que he aprendido sin darme cuenta gracias a la televisión, los comentarios y consejos gratuitos... Tengo claro que disfrutaré de las 16 semanas de baja por maternidad, pero que inmediatamente después volveré a trabajar dejándole el niño a mi madre para que lo cuide. Sin olvidarme de buscar guardería y tener la plaza guardada para cuando cumpla el año.
No le echo la culpa a nadie. Yo nunca dudé de lo que iba aprendiendo, nunca me planteé que había otra opción, que otra forma de hacer las cosas era posible. Simplemente me dejaba llevar y veía como normal lo que hacía la mayoría.
Ni que decir tiene que ahora no pienso así, y que al final tampoco fueron así las cosas.
Fueron pasando los días, las semanas y los meses de embarazo. Yo me encontraba estupendamente, me encantaba mi tripa, todo lo que estar embarazada significaba y sentir que había vida dentro de mí.
Cuando vi a Rodrigo por primera vez, cuando me lo pusieron sobre  mi pecho desnudo y pude notar todo su calor y humedad, que hasta un instante antes había sido también mi calor y mi humedad... mi vida dio una vuelta completa y nada volvería a ser lo mismo. Todavía recuerdo los ruidos, los olores y las luces de aquel momento.
A partir de ahí nada iba a ser como lo había imaginado, nada transcurrió según lo planeado. Los días se llenaron de Rodrigo, de momentos de caricias, de largos ratos contemplándolo, de horas y horas de pecho y leche.
Así que cuando llegó el momento de volver a trabajar me encontré con que no estaba preparada para separarme de él, que no quería dejar de darle el pecho y de verlo durante más de ocho horas seguidas por volver al trabajo. Por eso, y por un sin fin de razones más, decidí no volver al mundo laboral; elegí quedarme en casa, ocupándome de nuestro hogar y criando a nuestro hijo.
Entiendo y respeto que hayan madres que prefieran volver a trabajar, dejar al niño al cuidado de otra persona, y probablemente contratar los servicios de alguien para que les limpie la casa. También entiendo que habrán madres que no puedan elegir, que no tengan otra opción.

Un día surge el tema y se te ocurre decir que cuando a ti te llegó el momento de volver a trabajar te lo pensaste. Sopesaste las dos opciones y la que más te compensaba era la de trabajar en casa, ocupándote de tu casa, y pasando el mayor tiempo posible con tu hijo. Y para rematarlo les dices que no te arrepientes, que es lo mejor que podrías haber hecho.
Entonces llegan las preguntas y con ellas el sentimiento de culpabilidad y la duda de si estarás haciendo lo correcto. Pero, lo correcto ¿para quién? Te preguntan si llegas a fin de mes sólo con un sueldo, si no te vuelves loca todo el día en casa con los niños, si no sabes que un niño necesita estar con más niños, que necesita socializarse...
Evidentemente, aunque llego a fin de mes, lo hago mucho más justo con un sueldo que con dos. No podemos salir a gastar sin mirar los precios ni comprar nada que no sea necesario. Y ya os podéis imaginar que cambia mucho el concepto de necesidad cuando se tienen hijos. A veces sí que me vuelvo loca en casa con los niños, pero afortunadamente tengo a mi tribu, mi red de apoyo, mis amigas, que están en una situación como poco parecida a la mía y me escuchan y entienden. Y lo de que un niño necesita socializarse os lo puede explicar mucho mejor Armando que yo.
Curiosamente, con quien más violenta me siento hablando de este tema es con algunas madres que trabajan fuera de casa.
Mas de una vez hemos hablado varias madres de las que cosas que nos gustaría hacer si tuviéramos más tiempo, y después de algunas conversaciones  he llegado a la conclusión de que entre algunas madres de las que trabajan fuera de casa corre la creencia de que a las que no trabajamos fuera nos sobra el tiempo.
Cuando alguna vez he comentado que formo parte de dos clubs de lectura  me han llegado a decir que como no trabajo, tengo tiempo y puedo leer. Precisamente leer es una de las cosas que puedes hacer mientras das el pecho o estás en el baño haciendo tus necesidades, por ejemplo. Claro que si una de tus aficiones es pintar cuadros entiendo que no sea tan fácil encontrar tiempo. O igual es que mis hijos dan mucho trabajo, o yo me organizo mal, porque no encuentro por ninguna parte el tiempo del que hablan.
De todas formas este es un tema de esos en los que hay tantas opiniones como gente para opinar, y todas diferentes.

Tampoco está bien "quejarte" de tu situación. Si tu has elegido quedarte en casa con lo que ello conlleva, no te quejes, que tú has elegido. Nada de decir que necesitas tiempo para ti, ni respirar aire fresco para ver las cosas de otra manera ¿No tienes lo que querías?

Otras veces tengo la sensación de que no produzco, de que no soy de provecho para la sociedad. Que sino me incorporo al mundo laboral y al estilo de vida que más se vende es como sino contara para lo demás.
Y me pregunto: ¿seré la única que se siente así? ¿que siente la obligación de trabajar fuera de casa?



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