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lunes, 3 de marzo de 2014

Reunión con la profesora

En la puerta del colegio, en el parque, en corrillos, en confianza, con cualquiera, con razón, sin ella, por costumbre... las mamás (y algunos papás) de los niños de la clase de mi chico el mayor comentamos que no estamos de acuerdo con la forma de proceder de la profesora de los niños.
Está claro que todos no podemos pensar igual, y que cada uno tiene una manera de expresar su forma de pensar, pero todavía me sorprenden y cada vez me molestan más las personas que cuando no tienen delante a la persona de la que hablan mal son muy valientes, y que cuando se les da la oportunidad de dar la cara, no lo hacen.Y eso es lo que está pasando.
Visto que casi todas tenemos algo de qué quejarnos y con lo que no estamos de acuerdo con la manera de actuar de la profesora, unas cuantas madres nos hemos puesto de acuerdo para pedirle una tutoría y explicarle nuestro malestar, además de darle la oportunidad de explicarse porque, vete tú a saber, igual los argumentos y las razones de la mujer para actuar como actúa nos convencen de que no puede hacer las cosas de otra manera...
Pues bueno, como las pocas que nos hemos decidido a pedir la tutoría  oímos a menudo comentarios de otras madres mucho menos contentas que nosotras, hemos decidido avisarlas de que vamos a hablar con la profesora, por si alguien más se quiere apuntar. ¿Y qué ha pasado? Pues que las que más hablaban, las más radicales y tajantes en sus comentarios (comentarios tipo "como yo hable se va a enterar", "pues no me conoce esta bien", "que me siga calentando, que como me canse", "si sigue así, yo soy capaz de cambiar al niño de colegio") son las que ahora no dicen nada, porque dicen que no tienen nada que decir (no me extraña, ya se quedan la mar de desahogadas a la puerta del colegio), que no es para tanto.
Que sí, que tienen derecho a no querer hablar, que nadie les puede obligar ¿pero es entonces necesario ponerse como se ponen y quemar a la profesora  en la hoguera (aquí estoy exagerando, aviso) cada vez que se habla del tema?
Me da igual, considero que hay que ser consecuente con lo que se dice y se hace, y si te dedicas a poner a caer de un burro a la profesora porque no te gustan sus métodos, y a decir lo que eres capaz de hacer si tienes la oportunidad, hazlo, sobre todo si la oportunidad te llega.
Pero bueno, bien pensado, la gente que actúa así se desahoga más que las que nos limitamos a comentar nuestro malestar en confianza y grupos reducidos. Supongo que hablar en alto y ante público contando las guerras a las que irías por lo valiente que eres sirve para descargar la frustración acumulada de vete a saber qué. Por eso el resto, antes de llegar a ese extremo, le pedimos cita a la profesora para comentarle que estamos preocupadas por los niños y que nos gustaría que nos aclarase las dudas que tenemos.

miércoles, 18 de julio de 2012

Lo aprenden todo, hasta lo que no les enseñas

Hace meses que con Gonzalo hemos vuelto a "actividades" que ya teníamos olvidadas porque Rodrigo ya es mayor para según que cosas. Y sino fuera porque tengo la experiencia del mayor, no me creería que sirve de algo repetir las cosas 1000 veces.
Y lo que sirve, además de repetir, es dejar pasar el tiempo, porque poco a poco les van interesando otras cosas, y dejan de subirse a la mesa pequeña cada vez que tienen oportunidad para encender y apagar todas las luces de la casa, y después tocar todo lo que hay en las estanterías a las que antes no llegaban.
Es cierto que no hace falta pegar para que aprendan, que con repetir las cosas (las veces que haga falta) al final aprenden lo que se puede hacer y lo que no.

Queremos enseñar a nuestros hijos muchas cosas, todas buenas y de provecho. Sobre todo cosas que creemos le van a facilitar la vida y la convivencia con los demás. Podemos llegarnos a preocupar porque por más veces que les decimos que se pongan la mano en la boca cuando tosen, no lo hacen. Porque les hemos repetido mil veces que no griten, se metan el dedo en la nariz o porque no están quietos como clavos en la silla mientras comen.
Muchas veces, esas cosas que insistimos tanto en que aprendan, no son tan importantes, y al final acabarán aprendiéndolas igualmente. Y si les dejáramos el tiempo y el espacio que necesitan, nosotras no nos preocuparíamos tanto y ellos no se sentirían tan presionados.

El tener otra vez un bebé en casa me ha servido para ver al mayor desde otro punto de vista. Y el tener la experiencia de un hijo mayor me ha servido para tomarme las cosas con más calma con el pequeño.
Con Gonzalo tengo la seguridad de que todo lo que haga  y diga servirá de algo, porque eso me ha pasado con Rodrigo.
Con Rodrigo quiero disfrutar de lo que le enseño, de lo que aprende, y con lo que me sorprende cada día. Quiero dejar de preocuparme por detalles que con el tiempo se limarán poco a poco, para sorprenderme por esas cosas nuestras que están pasando a ser suyas.
Quiero tenerle en cuenta muchos detalles que son de agradecer, detalles que salen de él, como que hable en voz baja (todo un esfuerzo para él) si su hermano duerme, y no tirar de la cadena cuando hace pis para no despertarlo.
También hay cosillas que copia de nosotros y que nunca le hemos dicho que haga, como recoger el cinturón de seguridad del coche cuando se lo quita o, cuando me ayuda a barrer, quitar las pelusas del cepillo de la escoba con la mano.

Pero no todo lo que aprenden, aunque tú no se lo enseñes, es bueno. Durante esta semana, ante un momento de frustración, la reacción de Rodrigo me ha sorprendido mucho y, sobre todo, no me esperaba las palabras que ha utilizado. En dos ocasiones ha intentado hacer algo que no le ha salido a la primera, y en una de esas ocasiones dijo que era tonto, y en otra que era un inútil.
No es una actitud propia de nuestra casa, aunque sí de algunos adultos de nuestro círculo más cercano; pero   tengo claro que aunque aprenda cosas de ese tipo fuera, lo que cuenta es lo que vive día a día en su casa. Aunque reconozco que me ha sorprendido, y preocupado, que lo haya utilizado para referirse a él mismo.
Es normal que experimente, que utilice palabras y expresiones que aprende, pero claro, cuando es algo que no te gusta o crees que no es bueno para él, te llama más la atención.

De todas formas la sensación que me queda es de tranquilidad, de ánimo y de avance. Y sobre todo de alegría.

jueves, 7 de junio de 2012

¡Me lo pasaré bien!

Hoy Rodrigo iba muy contento al cole.
Es jueves, tiene gimnasia (asignatura que al final de mi vida escolar pasó a ser educación física y a la que ahora la llaman psicomotricidad) y ese es un aliciente importante para él. Le encanta el ejercicio físico, moverse y todo lo que tenga que ver con utilizar el cuerpo de manera activa, muy activa.
Todas las mañanas, cuando me despido de él en la puerta del colegio, le digo que se divierta o que se lo pase bien. Hoy le he dicho "¡Hasta luego!" y antes de completar la frase me ha respondido con un "¡Me lo pasaré bien!"
Pues eso espero, que entre normas, fichas, hora del patio, almuerzo, hacer fila para entrar a clase y demás, también se lo pase bien.
Bueno, y también espero que aprenda, no vayáis a pensar. Pero lo primero es lo primero, que niño sólo se es una vez y se recuerda toda la vida.

lunes, 7 de mayo de 2012

Nada es lo que era

Hay días y fiestas que acaban convirtiéndose en un negocio: el día de los enamorados, el del padre, el de la madre... Algunos parece que surgen de la nada, que nunca han hecho falta y de pronto te encuentras celebrando algo que no sabes muy bien para qué sirve. Otros siempre han estado ahí.
Recuerdo haber hecho manualidades en el colegio para regalar a mi padre y a mi madre, a cada uno en su día. Incluso ya más mayorcita, hacer yo por mi cuenta tarjetas diciéndole cuánto les quería y admiraba. Ya de más mayor, cuando empezaba a tener algo de dinero ahorrado de mis pagas semanales, les compraba cosas típicas de ese día, como los platitos dedicados al mejor padre o a la mamá mas guapa del mundo.
Ahora soy yo la madre, pero las cosas han cambiado mucho desde entonces.
Hay que decir que ni mi marido ni yo somos demasiado detallistas en estos días tan concretos. Pensamos que somos padres 365 días al año, y que seguiremos enamorados el uno del otro lo que nos queda de vida. Aún así, para que mentir, me hacía ilusión pensar que algún día mis hijos me traerían un regalo hecho en el colegio para ese día.
Celebran otros días y, además de explicarles en qué consisten, traen manualidades hechas por ellos relacionadas con el tema: el día de la paz, de Santa Catalina, Sant Antoni, Sant Jordi... pero ya no hacen nada relacionado con el día del padre o de la madre.
No se desde cuando ni si es así en todos los centros, pero mi hijo empezó el colegio el año pasado y ya no hicieron nada. El motivo: que las familias ya no son lo que eran. También desconozco si fue una iniciativa del colegio o se tomó esa decisión porque algunos padres comentaran algo.
Nada es lo que era y todo cambia pero, personalmente, pienso que no ofendía a nadie mantener una actividad relacionada con ese día. Son de esas cosas que se hacen desde hace tanto tiempo que se convierten en tradición.
Ahora hay más libertad y es más normal encontrar familias en las que hay dos mamás, dos papás, en las que tu padre o tu madre cambia a menudo de pareja... y en las que como toda la vida, has tenido la desgracia de perder a alguno de tus progenitores porque a muerto. O simplemente porque tu madre ha decidido ser madre soltera.
Pero bien pensado, tiene que ser triste y difícil de entender para un niño estar haciendo un regalo en el colegio para alguien a quien no tiene para dárselo. Visto así, entiendo porqué han dejado de hacer el detalle para esos días.




martes, 24 de abril de 2012

Todo llega

Hay una mamá a la que me gusta mucho leer por la visión tan positiva y optimista que tiene de las cosas.
Hace unos días comentaba que su hija, al ser nacida en noviembre, todos los cursos los comienza un poco "justilla". Pero que al final consigue ponerse a la altura del resto de la clase.
Me alegra (y alivia) leer esto porque Rodrigo es de finales de diciembre y también va más justo que algunos de sus compañeros. Y es que se lleva casi un año completo con algunos de los niños de su clase.
Varias personas me han comentado que, en el caso de algunos niños, este "retraso" se nota durante todo infantil y a veces parte de primaria. Incluso han habido casos en los que les han recomendado repetir curso para ir a la par de sus compañeros.
Y me pregunto: en vez de matricular a los niños el año que cumplen tres años ¿no podrían hacerlo el curso en el que cumplen los tres años?

Creo que todavía es pronto para prever el futuro escolar de Rodrigo. De momento progresa adecuadamente, está dentro de lo normal. De hecho, las observaciones que nos hace la profesora en las evaluaciones tienen que ver más con el comportamiento (le cuesta esperar su turno a la hora de hablar, no suele sentarse bien...) que con la adquisición de conocimientos.

En lo que sí he notado más esa diferencia de edad entre mi chico y sus compañeros es en el comportamiento, en la comprensión y en la forma de actuar. Cuando son tan pequeños, esos meses de más o de menos pueden situarlos en etapas diferentes y a veces poco compatibles.
A mi chico se le unen varias desventajas: le está costando más que a la mayoría hablar bien y es más grande y fuerte que muchos de los niños de su edad. Estas dos "características" nos han hecho vivir situaciones un poco... incómodas; notas como la gente se queda extrañada ante reacciones de un niño que por aspecto físico esperas que hable mejor y tenga más edad.
De todas formas he aprendido que todo es cuestión de tiempo, que no puedes hacerles madurar más rápido para que estén al nivel del resto. De hecho, ahora me río de cosas que antes me preocupaban muchísimo y que no sabía si algún día llegarían.
Pero al final, todo llega.


domingo, 8 de mayo de 2011

Amor das, amor recibes

Me encanta besar y abrazar a mis hijos. No necesito ningún motivo para hacerlo y cualquier excusa es buena para achucharlos y hacerles mimos.
Rodrigo está acostumbrado desde siempre, y Gonzalo responde con sonrisas y gorjeos a las fiestas y cariños que le hacemos.
Yo soy de la opinión que si un niño recibe cariño, es eso lo que da. Si para él es habitual recibir besos, abrazos y caricias en su casa y su entorno, eso será lo que él ofrezca a los demás también.
¿Hay niños que aunque reciban todo eso no son cariñosos? ¿Se nace cariñoso o te hacen cariñoso? Pues no lo se.

Cuando Rodrigo se despierta y lo saco de la habitación, lo cojo en brazos y él me rodea el cuerpo con sus piernas y el cuello con sus brazos. Mientras, yo le acaricio la espalda y le doy besos en el cuello y en la cara. Y desde hace tiempo él me responde con lo mismo: me acaricia la espalda con sus manitas y me llena la cara y el cuello de besos cuando lo saco de la habitación.

Una noche en la que él había cenado primero se tumbó en el sofá a ver la película de dibujos de los payasos de la tele, que cantan la canción de "Susanita" o "Don Pepito y Don José". Yo intentaba terminar de cenar en la cocina mientras él insistía en que me tumbara con él a verla, y como yo le decía que quería cenar va y me dice: "Yo eque ve pipa ico bazaooooo, mama" (Yo quiero ver la película del circo abrazado, mamá)
Ahhhhhh... pues mis quilos de baba y yo, madre enamorada, vamos al sofá a abrazarnos y acurrucarnos con mi chico. Y mientras le tengo abrazado se gira para mirarme y decirme: "A mi si guta mama chucha mi" (A mí si me gusta que mamá me achuche).
Y bueno..., creo que las palabras sobran, que cualquier madre se puede imaginar lo que sentí.
Momentos como ese te dan la razón, te demuestran que el amor y el cariño, las caricias y las palabras dulces son una semilla que da sus frutos. Unos frutos tiernos, cálidos y dulces que nos alegran el día más negro y nos curan todas las penas.
Por momentos como ese en concreto, y por muchos más, merecen la pena las horas de sueño, las rabietas, los enfados, las prisas y el desorden, esquivar jueguetes tirados por el suelo, la falta de tiempo para una misma y todo eso y más que es la vida de cualquier mujer que sea madre.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Ellos no son rencorosos, pero nosotros les enseñamos

Puedo decir que me encuentro bien de ánimo, aunque hay momentos en los que tengo mis bajones.
En esos momentos no estoy nada orgullosa de mi comportamiento, y acabo actuando como tantas veces le reprocho a otros que lo hagan.

Es habitual que Rodrigo y su padre se peleen. Tienen un carácter tan parecido que chocan muy a menudo.
Esta semana sin ir más lejos se han vuelto a pelear, y se enfadaron mucho los dos. Así que la cosa terminó con que yo me fui a dormir con Rodrigo mientras mi marido se quedaba con Gonzalo. Mientras hablábamos antes de que se durmiera me dice "si guta papá ama mir" (o lo que es lo mismo: me gusta que papá venga a la cama conmigo a dormir). Así que se quedó tan tranquilo cuando yo me levanté y se quedó su padre con él.
Entonces me dí cuenta de lo poco, o mejor dicho, nada, rencorosos que son los niños. Mientras mi marido seguía enfadado con él, el niño ya ni se acordaba de lo que había pasado, sólo quería tener a su padre al lado antes de dormirse.
Esto fue lo que me hizo acordarme de algo que leí en el libro Bésame mucho, de Carlos González.
En la segunda parte del libro habla de que nuestros hijos son buenas personas, desinteresados, generosos, ecuánimes, valientes..., y que saben perdonar.

Su hijo sabe perdonar.
Emilia y su hijo Óscar, de seis años, han tenido una fuerte diferencia de opiniones. Para no perdernos con los detalles, digamos tan sólo que Emilia era partidaria de que Óscar se duchase, mientras que este último se sentía muy limpio. Ha habido gritos, llantos, insultos y amenazas. Un testigo imparcial reconocería que la mayor parte de los llantos han venido de una de las partes del conflicto, y la mayor parte de los insultos y de las amenazas, de la otra.
De eso hace una hora. ¿Cuál de estas personas cree usted que está ahora contenta y feliz, y continúa con sus ocupaciones como si nada hubiera ocurrido, mostrándose incluso inusualmente alegre y zalamera; y cuál, por el contrario, es más probable que esté todavía enfadada, haciendo reproches, rezongando? "Mira, mamá, mira qué hago." "No, mamá no ríe." "¿Iremos al zoo el domingo?" "A ver, ¿tú crees que te lo mereces? ¿Te parece que te has portado bien?"
Arturo, el padre, vuelve ahora del trabajo. ¿Cuál de las siguientes frases le parece que oirá?:
a) "Mamá se ha puesto tremenda esta tarde, no sabes la escenita que me ha hecho. Tienes que decirle algo."
b) "Este niño ha estado toda la tarde muy impertinente, no me hace ni caso. Tienes que decirle algo."
Nuestros hijos nos perdonan, cada día, docenas de veces. Perdonan sin doblez, sin reservas, sin reproches, hasta olvidar completamente el agravio. Se les pasa el enfado mucho antes que a nosotros.


A mí me cuesta mucho que se me pasen los enfados. Hay momentos en los que considero necesario enfadarse con Rodrigo; está en un punto en el que no es suficiente explicarle, las veces que haga falta, que lo que hace no está bien. Y enfadándonos es la única manera que hemos encontrado de que vea que a veces nos disgusta su actitud, que sus acciones tienen consecuencias.
Y a veces me encuentro con que me esfuerzo en que me dure el enfado, en que él se de cuenta de cómo me afecta su comportamiento, de que me gustaría que no hiciera ciertas cosas, de que me gustaría que a veces actuara de otra forma. Y no es justo...
No es justo porque a él los enfados no le duran ni un minuto.
No es justo porque él ni siquira recuerda el motivo del enfado.
No es justo porque él quiere estar contigo y comerte a besos aunque tú, como lección, le hayas quitado el juguete con el que golpeó la mesa.
No es justo, y además es una tontería y una pérdida de tiempo enfadarse de esta manera con un niño.
¿Qué le estoy enseñando con mi actitud? Pues a ser rencoroso, a que no olvide, a que no tenga en cuenta que todos cometemos errores y que nos merecemos la oportunidad de intentar arreglarlos pidiendo perdón...
No veo mal enfadarme; yo también tengo derecho a dar rienda suelta a mis sentimientos, a poder expresar cuando algo me enfada o me disgusta, y quiero que él también aprenda a hacerlo. Que pueda reconocer sus sentimientos y emociones para poder expresarse, pero sin ser esclavo de sus reacciones.

Así que si quiero que él aprenda, yo tengo que enseñarle, predicar con el ejemplo.

jueves, 6 de enero de 2011

Al final... siempre coches

Desde bien pequeño Rodrigo ha mostrado un claro interés por una clase de juguetes: coches, o en su defecto, casi cualquier cosa que lleve ruedas.
Recuerdo cuando bien chiquitín nos juntábamos con otras madres y sus hij@s, y mientras que el resto no sabía ni como hacer rodar los coches, Rodrigo sabía perfectamente para que servían esas cosas redondas tan curiosas que tanto le han fascinado desde siempre, las ruedas.
A mi marido también le encantan los coches, y tiene una colección de esos que se miran pero no se tocan, que de vez en cuando es asaltada por Rodrigo, que mira con las manos. A mí tampoco me desagrada nada el tema, así que se puede decir que el niño lo lleva en la sangre.

Mi gran afición son los libros, la lectura. Y aunque desde siempre he intentado inculcársela a mi hijo también, me he dado cuenta de que de momento me tienen ganada la batalla los coches.
Siempre me ha visto leer, está acostumbrado a ver libros por casa y el tiene estanterías habilitadas para los suyos. Y aunque mis libros están mucho más accesibles que los coches de su padre, nunca lo he pillado cogiendo uno con la cara de pillo y satisfacción que pone cuando consigue hacerse con uno de los coches prohibidos (¿tendrá algo que ver eso, que sean prohibidos?)
Uno de mis lugares favoritos para perderme en el tiempo son esas librerías que tienen de todo, libros, libretas, colores, material de escritorio, pinturas,... , y tengo que contenerme para no comprarle algo a Rodrigo cada vez que voy a una.
Al principio me decía a mí misma que "ya le interesarán estas cosas, lo compro ahora y después ya lo tendrá". He intentado que tenga en casa las cosas necesarias para hacer lo mismo que en el colegio: pintura para pintar con las manos, los lápices de colores triangulares que dicen son mejor para aprender a cogerlos, acuarelas, tijeras y cartulinas de colores, plastilina,... Y cada vez parece que sale un poquito más de él pasar algún rato haciendo alguna de estas actividades, pero al final casi siempre me encuentro que me quedo yo toda encantada pintando y el ¿qué hace?, pues lo de siempre, jugando con coches.

Me he dado cuenta que tiene un carácter, unos gustos y unas preferencias muy concretas desde muy pequeño, ¿que no son las mismas que las mías? No me importa. Y me encanta ir por la calle y ver como con sólo tres años se sabe casi todas las marcas de los coches, la memoria que tiene para eso, cómo con una vez que se lo expliqué sabe distinguir perfectamente entre llanta y tapacubo.
Yo seguiré ahí, ofreciéndole el mundo de los libros y las letras, proponiéndole pasar ratos pintando, recortando o jugando con pegatinas, sin agobiar, sin imponer, pero haciéndoselo posible y estando disponible cada vez que a él le apetezca.

Y ¿a qué venía todo esto?... A que después de la variedad de regalos que ha tenido este año (parchís, una cocinita con sus accesorios correspondientes, juegos varios de mesa más didácticos, entre otros) al final siempre termina con un coche en la mano, haciéndolo rodar por alguna de las pistas que le regalaron cuando cumplió el año o paseándolo por el sofá imaginándo que son montañas, para terminar metiéndolo en un garaje que antes era la caja uno de esos juegos didácticos, con números y letras que a mí me gustan tanto.

domingo, 2 de enero de 2011

¿Comprensiva o permisiva?

He buscado la definición de las dos palabras.
Comprensivo,va: Que tiene facultad de comprender o entender una cosa.
Permisivo,va: Excesivamente tolerante, que concede con facilidad.
Lo que me ha llevado a buscar otras dos, y aquí uno de los significados de cada una.
Comprender: Encontrar justificados o razonables los actos o sentimientos de otro.
Tolerancia: Respeto hacia las opiniones o prácticas de los demás.

Yo quiero ser comprensiva, pero a veces me encuentro en la duda de si no estaré siendo demasiado permisiva. ¿Y qué es lo que me plantea esa duda? Pues ahora mismo pienso que no es el comportamiento de Rodrigo, ni los resultados que veo en mi forma de tratarlo, sino los desacuerdos a la hora de hacer con mi marido y, sobre todo, que creo que no estoy haciendo NADA como pensaba que iba a hacerlo.
Me gusta lo que hago y como lo hago, lo que leo y aprendo. Me parece mucho más sensato y respetuoso para con el niño que lo que pensaba antes de ser madre. Pero es todo tan diferente a lo que pensaba...
¿Y qué pensaba? Pues muy poco, o más bien nada, de lo que pienso ahora.
Me sorprendo de lo mucho que hago ahora, de cuánto tengo en cuenta al niño como persona, de las explicaciones que le doy, de mi interés por ponerme en su lugar en las situaciones que pueden resultarle molestas o complicadas, de lo que "aguanto" de él, ... y sobre todo me sorprendo de mi paciencia.
Y no tengo más paciencia que nadie, ni lo aguanto todo, ni mantengo la compostura en todas las situaciones, pero tengo tantísima más de la que esperaba que no puedo más que asombrarme.
Y no es que me preocupe, pero a veces me pregunto que pensará la gente ante tanta paciencia, la gente que piensa como yo pensaba antes. Porque viendo lo que hago (o que no hago como los demás) muchos pueden llegar a pensar que mi hijo me domina, que lo tengo demasiado en cuenta, que le dejo hacer lo que quiere, que le doy derechos de adulto, que para qué tantas explicaciones...

Siempre me ha gustado leer, y tengo preferencia por una librería en la que si no tienen lo que me interesa, me lo piden sin problema. Desde que nació Rodrigo, y por los temas que me interesan ahora, son muchos los libros que han tenido que pedirme porque en una librería pequeña no se pueden permitir tener muchos títulos que no sean comerciales. El caso es que he hecho cierta amistad con el dueño, o más que amistad, nos tenemos cierta confianza, y supongo que fué por eso por lo que un día se atrevió a decirme que "para que leer tanto (sobre crianza y educación, que es sobre lo que más leo), si al final todos salen iguales".
No me ofendió, y sin embargo me hizo mucha gracia. "Es evidente que todos no salimos iguales, no somos iguales. Y yo estoy convencida que la forma en la que nos crían tiene mucho que ver en cómo somos de mayores, porque sino, todos seríamos iguales".
Yo sigo comprando libros allí, y el señor no ha vuelto a hacer ningún comentario al respecto. Creo que con los años hemos llegado a conocernos lo suficiente como para saber que sobre este tema pensamos diferente, y eso que creo que lo que comento más arriba es la única conversación que hemos tenido sobre el tema.

Algo que me hace pensar estos días en mi forma de hacer es que Rodrigo está especialmente movido, rebelde, agresivo, poco tratable,... Y cuando está así es más fácil que su padre y yo tengamos opiniones diferentes en como tratarlo, como afrontar la situación.
Pero bueno, ya se sabe, cuando las cosas van bien, cuando no hay problemas, todo se ve de mejor manera.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Compartir

Desde hace unos días que Rodrigo no comparte. Supongo que es una etapa, que todavía tiene que aprender, pero el caso es que últimamente comparte sus cosas menos que nunca.
Lo llevo y lo recojo del colegio con su triciclo, y cuando salimos a las cinco, una amiga con su hijo, Rodrigo y yo, llevamos a otra niña con su madre.
Cuando Rodrigo se baja del triciclo y alguno de los otros dos aprovecha para subirse se enfada y se pone a llorar, y a veces intenta bajar al otro niño a la fuerza. Antes me ponía más de la parte del otro que de la de mi hijo, y le decía a Rodrigo que tiene que compartir, que un ratito él, un ratito el otro... y así.
Ahora pienso que lo que estaba haciendo no era enseñarle a compartir, sino obligarle, porque en cuanto se bajaba y se subía otro yo le decía que sino quería que se lo quitaran que no se bajara.
Conforme pasan los días he ido viendo la situación de otra manera, y poniéndome más en el lugar de Rodrigo.
El triciclo es de él, con lo que lo llevo y lo traigo del colegio. Si me pongo en su lugar, quizás a mí tampoco me apeteciera dejarlo porque vengan otros niños conmigo, "que se traigan el suyo" podría llegar a pensar. Y ¿por qué no puedo bajarme y subirme cuando quiera si es mío? ¿Acaso yo dejo mi coche a todo el mundo o me bajo con miedo por si alguna de mis amigas se sube a él y se lo lleva?
Sigo afinando mi opinión respecto al tema de compartir. Por que si lo que quiero es que aprenda, creo que no está mal que no se suban al triciclo si él no quiere, aunque no lo utilice en ese momento, es suyo y tienen que respetar su decisión. Como él tendrá que respetar a los demás cuando traigan algo y no se lo quieran dejar. Le costará una rabieta y unos lloros, seguro, pero aprenderá a base de experimentar cómo te sientes cuando no te dejan algo, y no porque yo le diga que si él no deja nada, tampoco le dejarán a él.
Porque, claro, ¿qué piensa el niño que se sube al triciclo en cuanto Rodrigo se baja aún sabiendo que no quiere dejarlo, y después todavía se molesta cuando le hacen bajar?
Sólo ellos saben lo que sienten cuando les quitan algo que es suyo, o cuando no pueden conseguir algo que desean. Aunque quizás no es tan diferente de lo que sentiríamos nosotros en su misma situación.
Hay otras maneras de enseñar a compartir, pero esta es la que he elegido yo en esta situación, ¿me estaré equivocando?

viernes, 12 de noviembre de 2010

¿Cómo son?

Pues no sé como enfocarlo, ni siquiera como titularlo.
No es que esperara que Rodrigo fuera igual que yo, de hecho, hay cosas que no me gustan de mí que preferiría que él no heredara. Y tiene otras que yo no tengo y que estoy encantada de verlas en él: es sociable y cariñoso como yo no soy.
Pero ¿puedo yo ser objetiva con mi hijo?
Observo a otras madres, a sus hijos, y me gusta pensar que los quieren tanto como yo al mío. Pero no basta con querer a tu hijo, también hay que respetar cómo es y cómo no es. Y supongo que todas sabemos como son nuestros hijos, algunas no lo respetan del todo, y muchas no reconocen lo que no les gusta.
¿Y acaso nos gusta como somos nosotras mismas? ¿O queremos que ellos sean lo que nosotras no somos, lo que quisiéramos ser?
Yo misma me sorprendo cuando Rodrigo hace algo que yo no haría. Y me cuesta pararme a pensar que él todavía no sabe, que tiene que tropezar, caer y levantarse. Que seguramente su forma de afrontar las cosas sea diferente a la mía. Que aunque yo huya de las multitudes, los problemas y los enfrentamientos, a él le puede gustar tener gente alrededor, no importarle meterse en líos y ser valiente y enfrentarse a lo que no le gusta.
Que si yo sufro cuando un niño le rechaza o le pega puede que lo que el siente en esa situación no sea lo mismo, o que no le afecte tanto como a mí, o quizás lo pase incluso peor que yo, que para eso es el que lo sufre. Pero la vida es larga, y va a tener que sufrir y sentir muchas cosas, tanto malas como buenas.

Ahora que los niños entran sin llorar a clase las madres (también hay padres, claro) estamos más tranquilas, más simpáticas diría yo, y hablamos más entre nosotras.
En los dos meses escasos que llevamos de colegio se van formando grupos entre los niños, y creo que su equivalente entre las madres; no sé si me explico.
Pero claro, las razones por las que un niño se hace amigo de otro pueden ser bastante diferentes a las de los adultos, o quizás no tanto. El caso es que sino pasa nada grave, yo creo que no habría que intervenir demasiado en los asuntos de los niños. Y mucho menos ser las madres las que juzgan a otro niño que no es "tan amigo de su hijo".
Yo sé como es Rodrigo, y sé como actúa en su casa, con su familia y su entorno más cercano, pero también veo que crece, aprende y cambia.
Desde que va al colegio ha aprendido a decir malo, tonto, pegar, escupir y dar alguna que otra patada, entre otras cosas buenas y útiles, por supuesto. Y no es que antes fuera un santo, pero estas son algunas de las cosas que sólo hace desde que va al colegio. Mi hijo es fuerte, muy fuerte y grande para su edad; y a veces eso es una desventaja, si puede llamarse así.
Supongo que para las madres de algunos compañeros de Rodrigo lo que mi hijo será es bruto, pero bueno, yo me guardo mi opinión sobre sus hijos.
Y me pregunto, ¿puede afectarles a los niños, puede afectar a la relación entre ellos lo que cada madre piense de cada compañero de su hijo? Está claro que si la madre le va diciendo al hijo que Fulanito es malo, Menganito un pegón, Perico tonto y Antón un llorón, es lo que ellos van a pensar de los compañeros. Pero si no dicen/hacen nada explícito, ¿son los niños capaces de ver las miradas de sus madres hacia sus compañeros, hacia las madres de esos compañeros?
Seguramente me estoy liando, pero necesitaba decirlo, escribirlo. Supongo que cuando ordene lo que pienso y analice lo que veo podré explicarme mejor.

martes, 2 de noviembre de 2010

¿Por si se acostumbran?

"Por si se acostumbran, para que no nos toreen, para que sepan quien manda, ..."
Pues no sé cuál es el motivo de que nos cueste tanto hacer lo que un niño quiere sin tener miedo a estar dominados por sus deseos para el resto de nuestras vidas.

Cada día me doy cuenta de la cantidad de peticiones que no le satisfacemos a un niño porque ..., pues no sé, porque son peticiones tan absurdas que lo más fácil sería complacerlas sin más, porque nos lo piden y punto.
Y es que si te paras a pensar somos más complacientes con cualquier adulto, desconocido incluso, que con un niño que nos pide algo.
Hay miles de ejemplos, tontos y diarios, y aunque todo no sea tan exagerado a como lo explico ahora mismo, sí que es bastante absurdo.
Un adulto te puede vacilar y gastarte una broma haciendo siete veces que te va a dar algo y retirarlo cuando estás a punto de cogerlo, si un niño te lo hace dos veces seguidas piensas que te toma por el pito del sereno.
Te agacharás las veces que sean necesarias (o no, pero se lo dirás de buenas maneras) a recoger lo que se le cae a un adulto, totalmente capaz de agacharse él, pero la etapa en la que los niños experimentan con tirar las cosas y verlas caer está llena de reproches tipo "si lo vuelves a tirar ya no te lo doy", "¿qué te has pensado, que estoy aquí para recoger lo que tú tires?", "¡si vuelves a tirarlo lo tiro a la basura!"
Si vas caminando con alguien por la calle y te pide dar un rodeo casi seguro que le dices que sí, a no ser que tengas prisa. Si te pide el niño que cambies de acera en la calle porque al otro lado hay escaparates, o porque le apetece y ya está, seguro que siempre tienes prisa, que no se puede ir por ahí ¿? o se tiene que ir por aquí ¿?. Hay muchas situaciones de este tipo, también peores, también menos graves. Y no terminaría nunca de nombrarlas todas.
Les reprochamos las cosas en un tono que no nos permitiríamos con alguien de nuestro tamaño, por si se enfada u ofende. ¿Qué pasa, que un niño de dos años no se puede sentir dolido porque le gritemos, no se puede asustar porque un gigante que mide metro y medio más que él le grite desde las alturas con cara de enfado?
Abusamos de nuestra superioridad física en todo momento; cuando jugamos y los cogemos de mil maneras aunque ellos no quieran, cuando los agarramos fuerte de un brazo para evitar que hagan algo (esto vale para evitarles un peligro, aunque a veces el peligro somos nosotros mismos), cuando estrujamos su cara para darles mil besos que ya nos han dicho que no quieren,... Y después nos ponemos como locos si en un intento de soltarse de nosotros una de sus manos chocan con nuestra cara, accidentalmente o no.
A veces creo que los niños somos nosotros, en lo de actuar sin pensar lo que hacemos. Ellos están aprendiendo, experimentando, comprobando el efecto de sus acciones; nosotros ya sabemos todo eso, pero seguimos comportándonos como niños, sin serlo, y no dejándoles ser a ellos lo que son, niños.
Pensamos que si no hacen EXACTAMENTE lo que nosotros queremos, ya están haciendo lo que les da la gana. Hay miles de maneras de andar el camino, no podemos pretender que anden como nosotros, sin enseñarles con el ejemplo, sólo indicándoles lo que "hacen mal".
¿Por qué le exigimos a los niños un comportamiento que ni siquiera nosotros tenemos?
¿La paciencia también se enseña? ¿Será que a nosotros no nos la han enseñado, o que la hemos perdido con los años?
Supongo que hay que decir que a cierta edad hay que dejarles claro blabla, blabla, blabla, pero ¿quién decide esa edad? O mejor dicho, ¿por qué cada vez es más corto el período en el que son niños y pueden actuar y comportarse como tal?

A mí me pasan cosas de estas con mi hijo, más de las que quisiera. Y aunque me voy dando cuenta, lo que quiero es evitarlas, darme cuenta antes de hacerlas.
Quiero disfrutar del niño que es, de las limitadas explicaciones que me puede dar, de los sentimientos y emociones que de momento puede manejar. No quiero exigirle a él algo que sé que todavía no es capaz de hacer sobre todo cuando yo no soy capaz de pedir explicaciones, de exigir comportamientos, a personas de mi tamaño y edad.
No quiero ver en esos ojos oscuros la incomprensión de porqué le digo/hago/pido eso incomprensible para él, para su mente todavía por formar.
Quiero que su vida sea lo que tiene que ser ahora: amor, caricias, abrazos,besos, sentimientos a flor de piel, juegos, descubrimientos, libertad, tonos de voz agradables,...
Porque si un niño no se merece todo lo bueno y todo el tiempo del mundo ¿quién se lo merece?

lunes, 27 de septiembre de 2010

Complacer a los demás

Nunca me ha gustado que me llamen la atención, que me digan que he hecho algo mal, que he hecho algo que no está bien. Y no por el hecho de equivocarme, sino por no haber sabido complacer a la otra persona.
Quizás esto tiene que ver con algún complejo de la infancia, con ser "la hija mayor, buena, sensata y la que todo lo hace bien".
Con los años una aprende que hay muchas formas de hacer las cosas, que el resultado es el mismo aunque el camino que se tome sea diferente. Y esto es algo que me lo aplico a mí y a los demás también, porque yo también he tenido que aprender que todo no se puede hacer a mi gusto, y que es tan buena mi forma de hacer como la de los demás.
Así que ahora vivo más tranquila. Tan tranquila como que antes, si hacía un bizcocho y alguien me decía simplemente que en vez de poner limón pusiera almendra, me sabía mal no haber acertado a la primera, y entonces o hacía todos los bizcochos de almendra, o no hacía más. Ahora no pasa nada, si te apetece un bizcocho de almendra, tranquilo, que el siguiente te lo hago a tu gusto. O quizás no, y lo sigo haciendo como a mí me gusta, que es con limón. Es un ejemplo muy simple, pero se puede aplicar a cualquier momento de la vida cotidiana.
Ahora cocino mucho más que antes, porque me apetece y lo hago a gusto; veo los programas de la tele que me apetecen (cuando puedo) sin sufrir porque sé que no le gustan a mi marido; doy mi opinión, incluso aunque no me la pidan, siendo consciente de que me puedo equivocar, o que puede haber alguien que opine lo contrario.

Cuando me quedé embarazada de Rodrigo casi vuelvo a caer en el error de querer complacer a todo el mundo. De seguir todos esos consejos que no pides y te dan sobre el embarazo. Cuando nació mi hijo tuve que ser más fuerte todavía para no dejarme llevar por el miedo y el desconocimiento de ser madre reciente y primeriza y hacer todo lo que me decían.
Pero ahora estoy más débil, me siento más vulnerable. Y es que se me ha juntado el segundo embarazo con el comienzo de Rodrigo en el colegio.
En este embarazo, como en el anterior, yo sabía que sería niño, aunque también sabía que personas de mi entorno importantes para mí querían niña (como ya pasó en el embarazo de Rodrigo). Y en un momento de descuido y abandono, se presentó aquí la Mari de antes, la que quiere complacer para no sentirse mal por no conseguir lo que los demás esperan de ella, y esa, la otra Yo, consiguió durante un tiempo que yo también quisiera (eso creía) niña.
¿Y qué sentí cuando en la segunda ecografía me confirmaron que sería niño? Alegría y alivio.
Estos días (han sido dos), cuando la profesora de Rodrigo me habla del niño o me dice lo que "tengo que hacer" me vuelvo a sentir un poco como antes, pero sólo un poco, porque estoy volviendo a retomar mi filosofía de vida, la que me hace feliz y consigue que disfrute de mi hijo tal y como es, no como a una profesora le gustaría que fuera (él y los otros 24 niños de la clase).
Hay que educarlo: mi hijo está educado. Convive perfectamente y en armonía en mi casa con nosotros, y en el resto de ambientes que frecuentamos con la gente que ya conoce. A ella no la conoce, como a ninguno de sus 24 compañeros.
Tienes que decirle cuando tiene que estar quieto, sentado, hacer caso...: en mi casa está quieto y sentado cuando hay/quiere/tiene que estarlo. A mí me hace caso, yo le explico las veces que haga falta cómo y porqué en casa se hacen las cosas de esta manera. Yo no tengo (ni quiero) que enseñarle como se hacen las cosas en el colegio, para eso está ella.
Es muy bruto: Rodrigo es muy fuerte. Tiene mucha fuerza, y que dé gracias de que además de eso no es violento y no tiene mala idea ( con menos de 3 años ¿se pueden tener malas ideas?). Además, yo soy bruta y su padre es bruto, ¿cómo tiene que ser el niño?.
Tienes que hablarle bien y no hacerle caso, aunque tú le entiendas, hasta que no diga bien las palabras: intento ponerme en su lugar, señora. Resulta que Rodrigo hasta hace bien poco no mostraba interés por hablar, pero en cuestión de dos meses ha avanzado mucho (para como es él, no comparado con los demás), y ahora repite, a su manera, todo lo que oye. Y si tú le dices que repita o rectifique algo él lo hace, lo intenta. Y vuelvo a lo de siempre, si Rodrigo fuera del 2008 y no del 2007, hubiera llegado al colegio hablando como hablamos los mayores. Pero claro, entiendo (lo intento) que entender a 25 niños pequeños, cada uno de una madre, y algunos incluso de otro país, debe de ser duro y difícil. Pero bueno, deben de ser complicaciones propias del oficio, yo trabajaba construyendo barcos y tampoco era fácil.
Las cosas que me preocupan a mí, como que se coma el almuerzo y haga pis, no le dan problemas a ella, así que tengo que ser yo la que pregunta, porque sino no me dice que come rápido y bien, y que hace pis en el baño.
Con todo esto quiero decir que cuando la profesora me dice "estas" cosas, no me siento mal con Rodrigo, ni mucho menos. Mi hijo es como es, y su casa y su familia son su castillo y su mundo, así que no voy a hacerle vivir como en el colegio para que ella esté más contenta. Yo soy la que ve y vive cuántas cosas nuevas está superando en dos semanas: ya no se hace pis ni de día ni de noche, intenta entender lo que le dice su cuerpo para hacer caca en el baño y no en los pantalones, aprende palabras nuevas cada día, está aprendiendo que aunque esté en el colegio yo siempre voy a ir a buscarlo, y que cuando se sienta triste porque mamá y papá no están tiene que recordar que puede pensar siempre en nosotros porque nos lleva en la cabeza y en el corazón: en la cabeza para pensar en nosotros siempre que quiera, y en el corazón porque nos quiere.
Pero claro, esto lo veo yo porque soy su madre, como cada madre verá lo de su hijo.
Ella es la profesora, la que trabaja con ellos, la que ve lo que hay que mejorar para que su trabajo sea más fácil.

viernes, 17 de septiembre de 2010

¡Hay que empezar a educarlo ya!

Al final Rodrigo ha empezado hoy el colegio. No quería hablar todavía del tema, tenía pensado esperar un par de semanas para comentar algo más definitivo, por si la cosa no iba bien con lo del control de esfínteres y se quedaba en casa durante más tiempo.

Pero bueno, hoy ha ido, y cuando le he preguntado a la profesora que tal y me ha contestado... me he quedado tan parada con lo que me ha dicho, no me lo esperaba (como supongo que no te esperas algo que no te gusta) en absoluto, de hecho, después incluso de hablarlo con familiares que llaman a preguntar qué tal el primer día y con alguna amiga, todavía flipo un poco, todavía le doy vueltas al asunto.
Yo: "¿Qué tal?"
Profesora: "Uyyyy, no me ha hecho ningún caso. Cuando había que sentarse no se quería sentar, cuando había que comer no quería comer, ¡y me ha hecho la burla!"
Yo: "¿La burla?"- le pregunto yo, supongo que con cara de pasmada.
Profesora: "¿A ti no te la hace?"
Yo:"Pues no"
Profesora: "Pues te lo digo para que lo sepas. Y ha llorado, cuando le he reñido y le he dicho que eso no podía ser. Hay que empezar a educarlo ya."
Me sabe mal no tener mejor memoria y poder reproducir las palabras exactas, aunque aún así cada uno le puede dar su interpretación.

A mí me preocupaba que se quedara llorando, y no lo ha hecho. Ha entrado la mar de contento, y cuando ha visto la alfombra tan grande que había al fondo que era como un circuito, se ha tirado de cabeza y allí se ha quedado.
Me preocupaba que se hiciera pis encima, y no se lo ha hecho. No ha querido orinar antes de ir al cole, así que justo antes de entrar al aula ha dicho "pis", le he llevado corriendo al baño y entonces ha hecho. Cuando le he preguntado a la profesora me ha dicho que le ha pedido un par de veces, no sabe si porque de verdad quería hacer pis, o por entretenerse un rato, pero que no me puede decir si ha hecho porque no lo ha visto. Bueno, si Rodrigo le pide aunque sea por entretenerse, supongo que también le pedirá cuando tenga de verdad.
He pasado por el colegio después de un recado, y como era la hora del patio me he parado a mirar. Lo he visto tirarse unas cuantas veces por una escultura que hace de tobogán, otra parado en lo alto, mirando a lo lejos (por un momento hubiera jurado que me había visto) y parecía que llamaba a papá o mamá, y otra llorando y buscando consuelo. Entonces lo ha atendido un chico (profesor de refuerzo durante el primer trimestre) y le ha acompañado de la mano hasta donde estaba antes jugando. Y ya me he ido porque no quería ver más.
También me preocupaba que estuviera llorando a la hora de la salida, y pensaba que cuando me viera se echaría a mis brazos, aunque no fuera llorando. Pues ni una cosa ni otra. Me he acercado cuando esta ya sentado en un murito en el que esperan a esa hora, le he llamado y se a puesto ha jugar con los pies en la tierra y a pasear el saco del almuerzo por el suelo. Eso sí, cuando he dicho su nombre me ha mirado y ha dicho "mmamma", mientras sonreía.
Así que claro, cuando me ha dicho que tengo que empezar a educarlo me he quedado parada, confundida, con cara de tonta, sorprendida, y alguna cosa más.

Creo que la base de la educación de un niño parte de casa, que todo el trabajo no es del colegio, pero entonces ¿para que lo llevo?, ¿qué quiere decir con que tengo que educarlo?, ¿que le haga caso el primer día a alguien a quién no conoce, en un lugar extraño, con otros 20 niños a los que tampoco conoce? Seguro que muchos niños hacen caso a la primera, y me parece muy bien, pero el mío "da un poco más de trabajo", al menos en ese aspecto.

Con la intención de conocer mejor a los niños, nos dieron unas hojas con preguntas sobre varios temas: carácter del niño, estado de salud general, información sobre los padres... Una de esas preguntas era si "el niño se mueve mucho, si está siempre en marcha". Pues el mío SI, SI y SI.
Niños pequeños, algunos ni de tres años, como el caso del mío, muchos no han ido nunca a guardería, con un desarrollo normal, partiendo de que cada niño tiene su ritmo, ¿cómo tienen que ser/les gustaría que fueran los niños a las profesoras?

Tengo dos amigas y compañeras las cuales sus hijos empiezan el cole también este año (en el mismo que Rodrigo), y tampoco han ido nunca a guardería.
La hija de una de ellas es un mes mayor que Rodrigo, hace tiempo que no lleva pañal y que habla estupendamente bien, y le han dicho a su madre que es una quejica, que se pasa el día quejándose. Quizá es que para su edad habla estupendamente bien y sabe lo que quiere y lo que no.
El hijo de mi otra amiga es ocho meses mayor que el mío, es muy inteligente para su edad y muy observador. No lleva pañal hace tiempo y habla bastante bien. Rodrigo es de acción, mientras que este niño es más de observar. Así que como tampoco es muy hablador con quien no conoce y se queda mirando a los otros niños le ha dicho a su madre que si sigue así se lo tendrá que mirar.
Y supongo que no será a los únicos tres a los que les habrán encontrado "pegas".
Bueno, para no querer hablar del colegio creo que me he extendido bastante, así que intentaré volver a mis intenciones iniciales y no sacar el tema hasta que todo esté más estable, por así decirlo.

martes, 7 de septiembre de 2010

No con pañal

No con pañal, es la frase resumen de la reunión del Lunes.
Han pasado dos días y la verdad es que lo que voy a decir de lo que pensé aquella noche y lo que pienso ahora es lo mismo pero con otras palabras. Cuando se está tranquila y pensar en el tema ya no te hace llorar se ven las cosas de otra manera, puedes pintarlas de otro color.
Después de la reunión lloré, como también lloré en algún momento del día siguiente, ¿porqué?. No fue porque pensara que mi hijo es más lento que los demás, ni porque me avergonzara decir que con dos años y ocho meses todavía lleva pañal, ni porque se me cayera el mundo encima pensando que entraría más tarde de "lo que le toca", no fue por nada que responsabilizara al niño de esta situación. Lloré porque me sentía mal conmigo misma por no haber "sabido enseñarle a tiempo a dejar el pañal". Incomprensible.
En momentos así me doy cuenta de hasta dónde ha calado todo lo que he oído durante mi vida, de cómo das por supuesto que si coges al niño en brazos demasiado se mal acostumbra, de que si duerme en tu cama no lo sacarás nunca de ahí, de que si le escuchas y le das explicaciones de el porqué de las cosas te está dominando..., ¿pero alguna vez se nos dice algo que no sea malo? Nunca se nos propone dar cariño, calor, comprensión, amor, ..., al contrario, hay que evitar toda práctica de ese tipo de emociones.
El caso es que Rodrigo se va a quedar conmigo en casa, hasta que esté preparado para controlar esfínteres y no lleve pañal. ¿Me molesta? No ¿Me supone algún problema? Tampoco ¿Durante cuánto tiempo? Como he dicho antes, hasta que esté preparado.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Colegio y pañal

Estos días hay un tema que me preocupa por encima de todo lo demás, y es que Rodrigo empieza el colegio la semana que viene y todavía lleva pañal.
No quiero explicar ahora todo lo que llevo pensando estos días porque prefiero esperar a la reunión que hay el Lunes y hablar primero con la profesora. No quiero cortar la cabeza de quién no tiene culpa ni sentirme culpable por haber tomado una decisión que me costó mucho meditar.
Me han comentado muchas cosas sobre el tema y casi ninguna me gusta. Siempre he oído que tienes que llevarlo al colegio ya sin pañal, pero a mí nadie del centro me lo ha especificado mientras hacíamos la matrícula. No creo tener que dar por cierto todo lo que oiga por la calle sino me lo confirman en el colegio, ¿tendría que haberlo preguntado yo antes? Ahora ese antes será el Lunes.
En esta edad unos meses más o menos marcan mucha diferencia, ¿no se tiene en cuenta que un niño sea de principio o de final de año?
Tengo una amiga profesora en el mismo colegio que es la "que peor me lo pinta", estoy segura que sin esa intención, y me explica lo faltos que van de personal y porqué piden que los niños no lleven pañal. Que una profesora no puede hacerse cargo de 25 niños si además tiene que limpiarles el pis y la caca, que necesitarían a alguien de refuerzo para ayudarlas en esas tareas...
Pero yo no soy profesora y no estoy en su situación.
Soy la madre de Rodrigo, nacido a final de año y que parece no estar preparado todavía para controlar los esfínteres, la que decidió respetar lo máximo posible su ritmo a la hora de dejar el pañal. Soy la que se aferra a la decisión que tomó (siempre de acuerdo con mi marido) y a la vez se arrepiente de haberla tomado, la que piensa que no ha insistido lo suficiente con eso de ir con la fregona detrás del niño.
¿Tendré que arrepentirme de la decisión tomada? La vida está llena de decisiones, unas veces aciertas de pleno, otras no tanto pero el resultado no es tan malo, y en algunas ocasiones la cagas. Así que ahora a esperar y tirar para delante con las consecuencias, que para eso somos adultos responsables de nuestras decisiones. O eso espero.