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miércoles, 3 de julio de 2013

Muchas cosas... demasiadas quizás

Son muchas cosas, todas pequeñas quiero pensar, pero no por su tamaño insignificantes, al contrario... Porque quizás si fueran más grandes intentaría solucionarlas antes, no dejaría que se acumularan hasta este punto.  
Estoy en un punto en el que no puedo hablar las cosas, solo echarlas en cara, no puedo pedir ayuda, sólo enfadarme porque no saben interpretar mis señales de socorro.
¿De quién es la culpa? ¿Alguien la tiene?
Nadie me ha dicho que no tenga que pedir ayuda, pero nadie me ha enseñado a pedirla...
Estos días estoy aprendiendo de mi hijo mayor mucho más de lo que yo le he enseñado.
Estos días mi hijo pequeño está llevando mi paciencia hasta límites insospechados, de hecho, creo que ya no me queda ni una pizca, y que todo lo que creí haber aprendido con el primero no me está sirviendo de nada con el segundo.
Todo lo que me pasa por la cabeza son incoherencias y contradicciones.
La razón más poderosa por la que no quiero hablar: se que todo pasará, que esto es un momento puntual en el que han coincidido muchas cosas, y que no me ha cogido en mi mejor momento.
¿Y cómo en momentos como este de agobio, agotamiento y fastidio sigo con la estúpida esperanza de tener alguna vez otro hijo...? 

lunes, 25 de junio de 2012

Nuestros colores

Estamos en crisis, España se hunde.
Cada vez más familias se encuentran con que tienen que dejar la casa por la que han trabajado durante toda su vida porque no tienen trabajo para poder pagarla, hay gente que tiene que ir a comedores sociales para poder comer, y mientras yo todavía no me he acostumbrado a ver por lo menos dos veces al día a alguien hurgando en los contenedores de la calle, mis hijos ya están acostumbrados a esa imagen porque están creciendo con ella.
Normalmente parece que nos avergonzamos de ser españoles, nadie lleva una bandera de España o combina el rojo y el amarillo por si piensan que está orgulloso (o que al menos acepta) de nacer en el país que ha nacido.
Pero este fin de semana todo es diferente. Nuestros héroes son personas que dudo tengan dificultades para llegar a fin de mes. Viajamos donde haga falta para ver un partido de futbol o una carrera de Fórmula 1. Compramos deprisa y corriendo una bandera de España para poder lucirla en el balcón y nos pintamos en la cara los colores de guerra de los que normalmente nos avergonzamos. Este fin de semana, todos somos españoles y nuestros corazones son del mismo color.
No creo que esté mal olvidarse de lo malo de vez en cuando, pero es que me desconcierta ver lo que parece que nos une.
En estos tiempos inciertos en los que el futuro solo se pinta de color negro, me cuesta olvidarme totalmente de lo mal que están las cosas para sentir algo que yo ya siento normalmente: soy española, para lo bueno y para lo malo, y no quiero hundirme en lo que no hacemos bien, quiero mejorar lo que no me gusta y disfrutar de lo bueno que tenemos.