Desde que tengo mi vida, mi casa, mi familia y mis obligaciones recuerdo a menudo la frase que nos decía el profesor de lengua cuando estaba en E.G.B (sí, hace siglos, lo sé).
«Faena feta fa goig».
¿Sería él consciente de que con unas cuantas palabras podría permanecer años y años en nuestra memoria? De él recuerdo su nombre, su aspecto y esta frase, nada más.
Estas sentencias siempre se dicen cuando para el que van dirigidas no tienen sentido, como la de «si dejas de estudiar te arrepentirás». Se dicen cuando hay que decirlas, por supuesto, pero es casi cuestión de suerte que decidamos tenerlas en cuenta, darles la importancia necesaria para entender que lo saben por experiencia.
Ahora soy yo la que tiene esa experiencia que dan los años y aunque todavía no he traspasado la sabiduría de esas frases sí que las «he sufrido en mis carnes».
Siento el gozo que da tener el trabajo hecho, el cumplir con lo que te has propuesto o tienes que hacer. Disfruto de la sensación de estar al día y no tener trabajo atrasado.
También cargo con el arrepentimiento de no haber estudiado. De no haber aprovechado la época en la que de lo único que me tenía que preocupar de verdad (eso lo veo así ahora) era de estudiar, memorizar, empollar, clavar codos...