Un detalle:
Solo veo esa gota de sudor resbalando por su cuello.
La escena completa:
Se encuentran siempre en el mismo sitio y a la misma hora; aunque no lo saben, también coinciden en sus fantasías.
Sudados, agotados y sin aliento es el mejor momento después de la carrera. Verse en ese estado es la recompensa al esfuerzo físico y por eso vale la pena madrugar para hacer ejercicio.
«Solo veo esa gota de sudor resbalando por su cuello. No puedo dejar de mirarla. La sigo hasta verla morir en el hueco de su clavícula, donde se convierte en mar. Quiero lamer esa gota y beber de ese mar». Piensa él.
«Contemplo su pecho subir y bajar por el esfuerzo y lo único que deseo es convertirme en esa camiseta sudada que se pega a su cuerpo como una segunda piel. Mi respiración se acompasa a la suya e imagino que soy la prenda que lo cubre y a la vez la que le quiero quitar». Piensa ella.
Se desean, es evidente, pero disimularlo lo hace más excitante. Saben que pronto no tendrán suficiente con eso. Como también saben que a esas horas pasa tan poca gente por la calle que bien podrían hacer lo que les apetezca y no les vería nadie. Por eso sienten que cada encuentro solo sirve para confirmar que se acerca el momento de cambiar los suspiros contenidos por gemidos de alivio.
Hoy, otra vez, se lo han dicho todo sin decirse nada.
Mi Otra Yo