miércoles, 26 de diciembre de 2018

Cualquiera puede escribir un libro

No es cierto. 
Y me queda muy claro cuando acabo de leer libros como "Todo lo mejor", de César Pérez Gellida, o "Los señores del tiempo", de Eva García Sáenz de Urturi.
Aunque en realidad sí que es cierto que cualquiera puede escribir un libro, y que se lo publiquen. El ejemplo está en los libros escritos por youtubers que leen mis hijos, o en esas biografías de "famosos" que creen que tienen algo que contar, y que además nos interesa.
Pero bueno, para gustos colores, y está claro que lo que a mí me puede parecer una gran novela a otro no le tiene por qué gustar.

lunes, 24 de diciembre de 2018

Media hora

"Hay que escribir media hora cada día...".
Vamos, practicar, como para todo. Lo leí hace poco, pero siempre lo he sabido, siempre lo he comprobado. Cuando escribes a diario cuesta menos arrancar, romper la pereza o la inseguridad. Lo de la media hora, una cifra, sin más. Lo ideal es escribir todos los días, cuanto más mejor, y siempre es mejor poco que nada.
Querría decir que escribo, mentalmente, todos los días, a todas horas, pero no es lo mismo.

Estas líneas no son las primeras que escribo hoy, así que podría decir que ya he cumplido, pero prefiero no hacerlo. Eso sería como conformarse, excusarse para no seguir haciéndolo.
Así que aunque lo dejo aquí, en este medio, quiero decir que sigo escribiendo.

jueves, 20 de diciembre de 2018

11 años

Hoy cumples 11 años, y sigues siendo un niño.
Eres casi tan alto como yo, pero todavía eres un niño.
Cariñoso siempre, e intenso en tus estados de ánimo.
No dejan de sorprenderme tus razonamientos de adulto, y aún así mantienes toda la inocencia propia de un niño.
Todavía recuerdo el instante, la sensación que recorrió mi cuerpo cuando toda yo decidí ser madre por primera vez. Y es que tú eres y serás "el de las primeras veces".
11 años son una vida, y sin embargo no son nada con lo que todavía te queda por vivir.
Quiero que nuestra relación te aporte todo lo necesario para crecer seguro y libre. Quiero que vivas con libertad, sin ataduras ni cargas que no te corresponden. Que tu mochila pese poco para poder llegar lejos, pero que tu corazón y tus recuerdos rebosen de lo que hemos vivido en familia.
Un día como hoy, hace 11 años, cambió todo en mi vida. Cualquier frase hecha, por muy acertada que sea, se queda corta.
Me seguiré esforzando para que puedas seguir siendo un niño el tiempo que quieras, el que necesites. El "tiene que madurar" ya no me da miedo, porque siempre lo has hecho, a tu ritmo. Y todo ha sido más fácil cuando lo hemos respetado.


viernes, 14 de diciembre de 2018

Me resisto

Me resisto a dejarme llevar por mi tendencia al pesimismo.
Estos días estoy en plena lucha con ella. Yo le echo la culpa a la Navidad, que no me gusta demasiado, pero quizás simplemente sea que ésta sea la época del bajón, sin más.
Llevo viendo durante toda mi vida los estragos que hace el pesimismo y no quiero repetirlo, así que me esfuerzo mucho por conseguir lo contrario. Y eso no quiere decir que yo sea la alegría de la huerta, ni mucho menos. De hecho soy seria (y estoy orgullosa de ello, aunque a veces me gustaría serlo menos), pero una cosa no quita la otra.
Intento tomarme las cosas de otra manera, ver la parte buena, que siempre la hay, por muy pequeña que sea. Y si alguna vez aparece el desánimo, le dejo estar en su justa medida, que todo es necesario, pero no me recreo en él, ni me dejo arrastrar hasta el fondo.
Sé que todos los estados son necesarios, que no es bueno estar siempre triste y que no se puede estar siempre feliz.
Mi cara muchas veces no refleja cómo me siento, o no lo entienden así los demás. La mayoría de los días estoy bien, y me siento plena y feliz por lo que tengo, aunque no haya una sonrisa permanente pintada en mi cara.
Es cómo nos sentimos por dentro, no cómo nos vean los demás.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Me apetece

Mañana me voy de cena con las chicas de la piscina. Con mis amigas de la piscina. Y me apetece.
Este verano también fueron, junto a más gente, pero ni si quiera me lo planteé, no me apetecía.
Lo de mañana es diferente, y es que desde el mismo momento en el que se planteó, hace casi un mes, tenía ganas de que llegara el día.
¿Y qué sé de mis amigas de la piscina? Pues prácticamente nada: lo justo y necesario.
Nos vemos unos cinco días a la semana, a primera hora de la mañana, y no llegamos a hablar durante más de media hora. El ambiente es agradable y distendido, hablamos de todo y de nada, nos reímos y nos gusta bromear sobre la peculiaridad de madrugar por placer.
Menos a dos de ellas, que ya las conocía de antes y de situaciones diferentes, no conocía a nadie más. Y no creo que las hubiera conocido sino hubiéramos coincidido en la piscina.
Mañana me lo pasaré bien, porque me apetece.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Perchas más grandes

Es una de las muchas cosas que me indican que crece, que se hace mayor. Y es que este mes cumple 11 años.
Hacía tiempo que podría haber cambiado las perchas, porque aunque todavía podía utilizarlas, ya eran algo justas para su ropa. Pero ahora ya no, ahora necesita perchas de tamaño grande...
Y un detalle como este, algo tan simple como tener que cambiar las perchas porque quedan pequeñas, me hace ser consciente de lo rápido que pasa el tiempo, que todo lo que pensaba que no pasará ha pasado, que todo lo que ahora se me hace cuesta arriba después no tendrá importancia. Y aunque cada vez soy más consciente de esto, a veces se me olvida.
A veces me encuentro enfadada, enfrascada en mis predicciones de futuro pensando que nunca dejará de hacer esto o aquello, diciéndole cosas como "¡ya eres mayor para comportarte así!".
Y un día me encuentro frente a su armario, decidiendo cambiar sus perchas porque su ropa ya es demasiado grande, como él.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Me arrepiento

Últimamente me arrepiento a menudo de la decisión que tomamos.
Fue una decisión muy pensada, y para nada impuesta por la otra parte, aunque ahora creo que un poco sí por las circunstancias. Porque para qué engañarme, es una de esas cosas que viene detrás de otra, a continuación. Había más posibilidades de que pasara lo que pasó, que de lo contrario.
Me doy cuenta de que no era realmente consciente de lo que a la larga a mí me conllevaría.
Y como cayéndome del guindo, ahora descubro que se paga desaparecer del mundo, no constar entre la vida laboral de los demás, vivir "haciendo lo que tienen que hacer las madres", pero que al final es como si no hubieras hecho nada.
Estos años de experiencia en exclusiva como madre no suman en un currículum: restan. Y por mucho que me pusiera al día, que tuviera estudios o carrera (que por cierto, no tengo), llevo, por ser mujer, el gran inconveniente de tener hijos, en lo que a buscar un trabajo se refiere.
No me pagan por lo que hago, aunque mi trabajo sí que hace que nos evitemos ciertos gastos: canguro, extraescolares para tener a los niños en algún sitio, matineras para poder dejarlos a las 8:00h en el colegio, comedor, repaso... Y bueno, aunque somos de los afortunados que tenemos a la familia cerca y podríamos utilizarlos para ahorrarnos lo que nos ahorramos porque lo hago yo, no lo hacemos.
Hay dos sentimientos con los que no contaba y que se alimentan del tiempo que pasa: la culpa y el miedo.
Culpa cuando tengo que gastar en mí un dinero que yo no gano. Si los niños o mi marido necesitan algo ni me lo pienso (dentro de nuestras posibilidades, claro), pero si lo necesito yo es otra cosa. Me lo pienso, lo repienso, y hago todo lo posible por evitar el gasto.
Miedo a volver a la vida laboral, sentir que no estoy a la altura, cambiar mi zona de confort, que no deja de ser otra que la zona en la que me necesita mi familia. No sabría cómo venderme o qué ofrecer de mí.
Sé que es imposible encontrar un trabajo fuera de casa que me permita seguir sin cambiar con el que ya tengo. Porque, no nos engañemos, no estaría cambiando de trabajo, cambiando uno por otro, estaría buscando un trabajo más.

Y sé que hay otros puntos de vista, otras situaciones... pero esta es la mía.