Cuando pensamos en mar pensamos en azul, pero también puede ser transparente o verde turquesa. A mí el que más me gusta es el mar gris de los días nublados, cuando la superficie del agua tiene el color de las escamas de un pez.
Aun así yo prefiero los verdes, amarillos, marrones, naranjas y rojos de la montaña.
Dicen que el sonido del mar relaja, que el murmullo del oleaje mece los sentidos y aleja las preocupaciones mar adentro.
Yo prefiero el lenguaje de las hojas de los árboles cuando el viento juega con ellas.
Si hablamos de silencios también prefiero el de la montaña, más grande, más intenso, más silencio.
No es cuestión de colores, sonidos o incluso olores para preferir una cosa u otra, sino de cómo nos haga sentir. Ni siquiera hay que elegir, simplemente disfrutarlo.