Después de tanto tiempo me siguen maravillando las posibilidades que ofrece Internet y lo rápido que evoluciona todo en algunas cosas.
Recuerdo cuando aparecieron las cámaras digitales: yo tardé en hacerme con una, sin embargo mi sobrino, que todavía era un renacuajo, las manejaba mucho mejor que yo porque ya las conocía y estaba acostumbrado a su funcionamiento.
Mis hijos sin ir más lejos no han llegado a conocer las cámaras analógicas y cuando apareció una perdida en una caja en la última limpieza de armarios no sabían cómo utilizarla.
Con mi primer móvil la forma de demostrar que estabas pensando en alguien sin tener que gastar dinero con un sms eran las llamadas perdidas. Eso ahora es historia.
El primer contacto que tuve con desconocidos a través de Internet fue gracias a los blogs, si no recuerdo mal. Eso de encontrar a personas con gustos similares a los míos e intercambiar opiniones sin conocernos en persona me pareció un gran descubrimiento. Todavía mantengo amistades que hice en aquella época a las que les tengo un gran aprecio.
Pero lo que ahora me alucina y que para la gente más joven es el día a día es eso de los Live o conexiones en directo de un montón de gente de países diferentes en las que todos pueden interactuar.
Bueno, y quien dice Live dice cualquiera de esas aplicaciones con las que ahora se pueden hacer reuniones, video llamadas y todo aquello para lo que nos hemos tenido que adaptar desde que pasó lo que ya todos sabemos.
¿Sabremos mantenernos conectados a los que tenemos al lado a la vez que nos acercamos a los que están más lejos?






