jueves, 18 de mayo de 2023

Pequeña gran diferencia

 
Ilustración de @sayu.go. Instagram
 
Hay una pequeña gran diferencia 
entre plantearte algo e imaginarlo.
Planteárselo es más como reconocer que existe, 
que hay quien lo hace y ya está.
Pero imaginarlo, concentrarte mientras diriges la vista hacia arriba a la derecha 
y ser capaz de sentir que puedes hacerlo, 
es estar un paso más cerca de conseguirlo.
 

lunes, 15 de mayo de 2023

Left and Right

 
Charlie Puth - Left and Right (ft. Jung Kook of BTS) (Subs español)
 
He tenido tendencia a intentar echar de mi mente lo que me preocupa y nunca lo he conseguido. De hecho tengo fama entre mis conocidos de darle demasiadas vueltas a todo. No consigo lo primero e intento evitar lo segundo. No se puede vivir preocupado todo el tiempo, ni se puede pasar de todo sin darle la importancia que se merece.
 ¡¿Qué hago entonces?!
Siento que corro de un lado a otro tras esa idea que choca dentro de mi cabeza de izquierda a derecha, como una canica dentro de una caja que agito mientras me la acerco al oído intentado entender algo a la vez que sé que esa no es la manera.
Me causa incomodidad tener que enfrentarme a algo que no entiendo y mi reacción es expulsarlo cuanto antes pero como no lo comprendo no sé cómo deshacerme de ello. Cuanto más a la fuerza actúo más pequeño se hace el agujero por donde debería de salir.
 
Es hora de cambiar de método.
Primero voy a observar lo que me invade, tratar de escuchar lo que tenga que decir o de sentir lo que pueda necesitar. Intentaré entender por qué eso, de esa manera y en ese momento. Quizás si reconozco qué está pasando simplemente se vaya cuando lo necesite en vez de pelear para echarlo haciendo que se quede más tiempo del necesario.


jueves, 11 de mayo de 2023

Dedicatoria

 


El pensamiento concreto que me ha llevado a escribir las palabras de la imagen es de a quién le dedicaría mi primer libro si alguna vez escribiera alguno. 
Lo he tenido claro. No he dudado entre «a mi madre por traerme al mundo» o «a mi padre por todo lo que me ha enseñado». Entre «a mi marido por ser mi compañero de viaje» o «a mis hijos por llenar mis días de alegría» . Entre «a mis amigas por ser mis confidentes» o «a todos los que han creído en mí».
Porque sin negar ni quitar una pizca de valor a todo lo que me rodea y me ayuda a seguir adelante, quien al final hace el esfuerzo soy yo. Y quien habla de escribir un libro habla de cualquier otra cosa que nos suponga trabajo y dedicación. 
Sé que ayer hubiera pensado que esta actitud es egoísta; hoy creo que empiezo a valorarme; mañana estaré convencida de que voy en la dirección correcta.


lunes, 8 de mayo de 2023

Hierba

 
Imagen de Internet
 
«El término "mujeres de consuelo" o "mujeres de solaz" fue un eufemismo usado para describir a las mujeres que eran forzadas a la esclavitud sexual por parte de los militares japoneses durante la Segunda Guerra Mundial».
 
En forma de novela gráfica la autora de Hierba nos narra la vida de Lee Ok-Sun, una mujer coreana a la que durante tres años obligaron a ser «mujer de consuelo».
En esta novela hay casi 500 páginas de viñetas en las que en algunas ni siquiera hay texto, pero es que no le hace falta, porque aunque la ilustración no sea explícita es lo suficientemente descriptiva para que no hagan falta palabras, ya que sin mostrar nada lo dicen todo.

Hierba es una novela que estaba en mi lista de pendientes porque todo lo que había leído sobre ella eran reseñas positivas, incluso me la habían recomendado en persona, pero no sé por qué el que fuera una novela gráfica hacía que no me decidiera. Ahora pienso que es el formato lo que le da tanta fuerza y la hace tan desgarradora, porque la autora no ha necesitado de largos párrafos o detalladas descripciones para hacernos llegar, a través de la historia de Lee Ok-Sun, el dolor y sufrimiento que debieron sentir todas las «mujeres de consuelo».

Si os interesa saber más y mejor sobre esta novela os dejo este enlace:


jueves, 4 de mayo de 2023

Días de mierda

 
Ilustración de @guweiz. Instagram 
 
También puede haber días de mierda; 
y no pasa nada.

Mi Otra Yo

lunes, 1 de mayo de 2023

Las flores de la guerra

 
Imagen de Internet
 
1937, Nanjing. Segunda Guerra Chino-Japonesa. Durante la entrada del ejército japonés en la ciudad terminan malviviendo bajo el techo de la parroquia Santa María Magdalena el padre a cargo del edificio, su diácono y dos empleados, junto con un grupo de niñas de menos de 14 años a las que están cuidando y que mantienen ocultas para protegerlas. La tensa calma en la que viven se ve interrumpida con la llegada de tres soldados chinos heridos que consiguen entrar utilizando el engaño y con casi el asalto después por parte de un grupo de prostitutas.
A duras penas consiguen convivir todos hasta que el ejército japonés invade también ese espacio sagrado.
 
 
Esta es mi segunda lectura compartida del Club de Literatura Asiática y todavía no me acostumbro al descubrimiento de cómo de diferente puede ser una opinión dada leyendo por partes y las cosas que pasamos por alto a la hora de comentar una novela si lo hacemos una vez terminada la lectura.
El parón al leer la primera meta y comentarla hizo que esa primera parte me pareciera plana y ligera para el tema del trata y estoy segura de que si hubiera leído la novela sin esa pausa hubiera entendido esa parte como lo que es, una presentación de los protagonistas y la situación en la que se encontraban. A partir de ahí todo se desarrolla con rapidez y el final llega casi sin darnos cuenta.

En todas las guerras se cometen barbaridades, da igual quien sea el atacante o el atacado. Me horroriza imaginar de lo que somos capaces pero también me fascina la capacidad de algunas personas para describirlo. 
A continuación os copio un fragmento del libro. Aviso de que puede resultar desagradable.

«Una de sus piernas había quedado expuesta al viento frío y húmedo del río. Deseó con todas su fuerzas que no llamara la atención de los japoneses y que la tomaran por la de un muerto. Al cabo de unos minutos uno de los soldados se fijó en ella y clavó su balloneta en pleno músculo con un ruido sordo. El músculo se contrajo de forma instintiva dificultando la tarea de desclavar el arma. Los dientes de Li Quanyou mordieron con fuerza su labio. Tenía que fingir que aquélla era la pierna insensible de un cadáver. El más mínimo movimiento echaría por tierra todo cuanto había conseguido hasta entonces y supondría su segundo fusilamiento. La bayoneta volvió a hundirse, esta vez un poco más profundamente que antes. Li Quanyou pudo escuchar el sonido del filo atravesando la carne hasta llegar al hueso. Su cuerpo hizo de caja de resonancia de aquel ruido, lo amplificó y propagó hasta el fondo de su cerebro. La fricción del acero con la carne llegó hasta su cabeza como un zumbido que borró por unos instantes su conciencia, sus recuerdos y pensamientos, y la llenó de una luz blanca. La cuarta vez que le clavaron el arma, sintió que algo se rompía en la parte posterior de su rodilla. Era un tendón que quedó cortado en dos y cuyos extremos elásticos rebotaron sobre la pantorrilla y el muslo. Esta rotura provocó que la luz blanca se derramara por todo el cuerpo».
 
Además de guerra en esta novela encontramos amor, miedo y cómo las diferencias entre las clases sociales pueden hacerse más evidentes todavía en estas circunstancias.
Me ha gustado la novela, el tema y como está escrita, pero no recomiendo su lectura si no te apetece quedarte con el corazón encogido.
Hay película, aunque no la he visto, pero he leído que tiene muy poco en común con la novela.



jueves, 27 de abril de 2023

Cambio de frase


Ilustración de @peijinsart. Instagram

Esta entrada bien podría ser una continuación de la del lunes.
 
Aunque creo que no me ha ido del todo mal y tengo que estar agradecida con los caminos seguros por los que me ha llevado el hacer las cosas como se debe —aquí cada uno puede imaginar qué forma es esa— de un tiempo a esta parte me he sentido más controlada que guiada y la seguridad que sentía antes ha pasado a ser una imposición mal llevada. Es a mí a la única que puedo pedir explicaciones y como no tengo ninguna que me satisfaga voy a hacer la vista gorda, de momento.  
No puedo, ni quiero, renegar de cómo he hecho las cosas hasta ahora porque es lo que me mantenía cuerda, pero ha llegado el momento de cambiar. El «al pie de la letra» siempre me ha ayudado a saber qué hacer, me ha ofrecido un manual al que acudir en caso de duda, y el resultado no me desagrada. Pero ya me he cansado.
Esa misma línea recta que antes necesitaba para guiarme ahora me oprime, no me deja mirar a los lados y ver todos esos caminos que llevan al mismo lugar. O no. Ahora quiero elegir el paisaje, decidir si prefiero curvas o rectas, perder el aliento en las cuestas o dejarme ir en las pendientes.
Digo esto dejando de lado la preocupación por si será algo pasajero y descartando la posibilidad de no hacerlo por si acaso. Me lo reconozco a mí misma como la confirmación de que hace tiempo que lo sabía pero no me atrevía a sacar un pie de esa línea tan conocida. Aceptarlo sin ponerme «peros» para mí es un compromiso más serio que asentir ante los demás cuando dicen que me ven diferente.
Hace tiempo que necesité probar cómo podían ser las cosas con un «sobre la marcha» como lema. Me voy acostumbrando y, sobre todo, descubriendo que es lo que me hacía falta.