Hay días y fiestas que acaban convirtiéndose en un negocio: el día de los enamorados, el del padre, el de la madre... Algunos parece que surgen de la nada, que nunca han hecho falta y de pronto te encuentras celebrando algo que no sabes muy bien para qué sirve. Otros siempre han estado ahí.
Recuerdo haber hecho manualidades en el colegio para regalar a mi padre y a mi madre, a cada uno en su día. Incluso ya más mayorcita, hacer yo por mi cuenta tarjetas diciéndole cuánto les quería y admiraba. Ya de más mayor, cuando empezaba a tener algo de dinero ahorrado de mis pagas semanales, les compraba cosas típicas de ese día, como los platitos dedicados al mejor padre o a la mamá mas guapa del mundo.
Ahora soy yo la madre, pero las cosas han cambiado mucho desde entonces.
Hay que decir que ni mi marido ni yo somos demasiado detallistas en estos días tan concretos. Pensamos que somos padres 365 días al año, y que seguiremos enamorados el uno del otro lo que nos queda de vida. Aún así, para que mentir, me hacía ilusión pensar que algún día mis hijos me traerían un regalo hecho en el colegio para ese día.
Celebran otros días y, además de explicarles en qué consisten, traen manualidades hechas por ellos relacionadas con el tema: el día de la paz, de Santa Catalina, Sant Antoni, Sant Jordi... pero ya no hacen nada relacionado con el día del padre o de la madre.
No se desde cuando ni si es así en todos los centros, pero mi hijo empezó el colegio el año pasado y ya no hicieron nada. El motivo: que las familias ya no son lo que eran. También desconozco si fue una iniciativa del colegio o se tomó esa decisión porque algunos padres comentaran algo.
Nada es lo que era y todo cambia pero, personalmente, pienso que no ofendía a nadie mantener una actividad relacionada con ese día. Son de esas cosas que se hacen desde hace tanto tiempo que se convierten en tradición.
Ahora hay más libertad y es más normal encontrar familias en las que hay dos mamás, dos papás, en las que tu padre o tu madre cambia a menudo de pareja... y en las que como toda la vida, has tenido la desgracia de perder a alguno de tus progenitores porque a muerto. O simplemente porque tu madre ha decidido ser madre soltera.
Pero bien pensado, tiene que ser triste y difícil de entender para un niño estar haciendo un regalo en el colegio para alguien a quien no tiene para dárselo. Visto así, entiendo porqué han dejado de hacer el detalle para esos días.
Intento no dar nada por hecho para no llevarme sorpresas. No siempre funciona.
lunes, 7 de mayo de 2012
domingo, 6 de mayo de 2012
Diez minutos más
Nunca me ha costado levantarme de la cama cuando suena el despertador. A mí eso de ponerlo para que vuelva a sonar más tarde y dormir unos minutillos más no me aprovecha nada; empiezo a dar vueltas en la cama y lo único que consigo es ponerme nerviosa.
Pero desde que tengo hijos, desde que duermo con ellos, todo es diferente. Ahora si que me aprovechan esos diez minutos más, pero no durmiendo.
Todas las mañanas, antes de levantarme, dedico unos instantes a mirarlos, a contemplarlos. Les tapo si están destapados, les beso la carita y acaricio sus manos. Me gusta ser consciente del gran regalo que tengo a mi lado mientras escucho sus respiraciones acompasadas. Meto mi nariz en su cuello para sentir ese olor a carne tierna tan característico de los niños pequeños.
Y me levanto contenta y feliz porque sé que esa misma noche volveré a dormir con ellos, y que a la mañana siguiente disfrutaré otra vez de esos diez minutos más.
Pero desde que tengo hijos, desde que duermo con ellos, todo es diferente. Ahora si que me aprovechan esos diez minutos más, pero no durmiendo.
Todas las mañanas, antes de levantarme, dedico unos instantes a mirarlos, a contemplarlos. Les tapo si están destapados, les beso la carita y acaricio sus manos. Me gusta ser consciente del gran regalo que tengo a mi lado mientras escucho sus respiraciones acompasadas. Meto mi nariz en su cuello para sentir ese olor a carne tierna tan característico de los niños pequeños.
Y me levanto contenta y feliz porque sé que esa misma noche volveré a dormir con ellos, y que a la mañana siguiente disfrutaré otra vez de esos diez minutos más.
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martes, 24 de abril de 2012
Todo llega
Hay una mamá a la que me gusta mucho leer por la visión tan positiva y optimista que tiene de las cosas.
Hace unos días comentaba que su hija, al ser nacida en noviembre, todos los cursos los comienza un poco "justilla". Pero que al final consigue ponerse a la altura del resto de la clase.
Me alegra (y alivia) leer esto porque Rodrigo es de finales de diciembre y también va más justo que algunos de sus compañeros. Y es que se lleva casi un año completo con algunos de los niños de su clase.
Varias personas me han comentado que, en el caso de algunos niños, este "retraso" se nota durante todo infantil y a veces parte de primaria. Incluso han habido casos en los que les han recomendado repetir curso para ir a la par de sus compañeros.
Y me pregunto: en vez de matricular a los niños el año que cumplen tres años ¿no podrían hacerlo el curso en el que cumplen los tres años?
Creo que todavía es pronto para prever el futuro escolar de Rodrigo. De momento progresa adecuadamente, está dentro de lo normal. De hecho, las observaciones que nos hace la profesora en las evaluaciones tienen que ver más con el comportamiento (le cuesta esperar su turno a la hora de hablar, no suele sentarse bien...) que con la adquisición de conocimientos.
En lo que sí he notado más esa diferencia de edad entre mi chico y sus compañeros es en el comportamiento, en la comprensión y en la forma de actuar. Cuando son tan pequeños, esos meses de más o de menos pueden situarlos en etapas diferentes y a veces poco compatibles.
A mi chico se le unen varias desventajas: le está costando más que a la mayoría hablar bien y es más grande y fuerte que muchos de los niños de su edad. Estas dos "características" nos han hecho vivir situaciones un poco... incómodas; notas como la gente se queda extrañada ante reacciones de un niño que por aspecto físico esperas que hable mejor y tenga más edad.
De todas formas he aprendido que todo es cuestión de tiempo, que no puedes hacerles madurar más rápido para que estén al nivel del resto. De hecho, ahora me río de cosas que antes me preocupaban muchísimo y que no sabía si algún día llegarían.
Pero al final, todo llega.
Hace unos días comentaba que su hija, al ser nacida en noviembre, todos los cursos los comienza un poco "justilla". Pero que al final consigue ponerse a la altura del resto de la clase.
Me alegra (y alivia) leer esto porque Rodrigo es de finales de diciembre y también va más justo que algunos de sus compañeros. Y es que se lleva casi un año completo con algunos de los niños de su clase.
Varias personas me han comentado que, en el caso de algunos niños, este "retraso" se nota durante todo infantil y a veces parte de primaria. Incluso han habido casos en los que les han recomendado repetir curso para ir a la par de sus compañeros.
Y me pregunto: en vez de matricular a los niños el año que cumplen tres años ¿no podrían hacerlo el curso en el que cumplen los tres años?
Creo que todavía es pronto para prever el futuro escolar de Rodrigo. De momento progresa adecuadamente, está dentro de lo normal. De hecho, las observaciones que nos hace la profesora en las evaluaciones tienen que ver más con el comportamiento (le cuesta esperar su turno a la hora de hablar, no suele sentarse bien...) que con la adquisición de conocimientos.
En lo que sí he notado más esa diferencia de edad entre mi chico y sus compañeros es en el comportamiento, en la comprensión y en la forma de actuar. Cuando son tan pequeños, esos meses de más o de menos pueden situarlos en etapas diferentes y a veces poco compatibles.
A mi chico se le unen varias desventajas: le está costando más que a la mayoría hablar bien y es más grande y fuerte que muchos de los niños de su edad. Estas dos "características" nos han hecho vivir situaciones un poco... incómodas; notas como la gente se queda extrañada ante reacciones de un niño que por aspecto físico esperas que hable mejor y tenga más edad.
De todas formas he aprendido que todo es cuestión de tiempo, que no puedes hacerles madurar más rápido para que estén al nivel del resto. De hecho, ahora me río de cosas que antes me preocupaban muchísimo y que no sabía si algún día llegarían.
Pero al final, todo llega.
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jueves, 12 de abril de 2012
Un millón de primeras veces
Este fin de semana pasado, gracias a tres entradas que nos regalaron para la película "El Lorax. En busca de la trúfula perdida", llevamos a Rodrigo al cine por primera vez.
Era algo que teníamos pendiente y que no nos decidíamos a hacer porque, aunque estábamos dispuestos a no terminar de ver la película, no nos decidíamos por ninguna. Ninguna nos parecía que pudiera interesar lo suficiente al niño.
En esta ocasión no teníamos nada que perder, ni siquiera que elegir, ya estaba todo hecho. Así que el domingo por la tarde fuimos al cine sin saber cómo iba a resultar la experiencia. ¡Y fue estupenda! El niño estaba impresionado por el tamaño de la pantalla, y nosotros emocionados porque era la primera vez que íbamos al cine con él.
Además, la película y el "cacahuete peludo" (como llama él al Lorax) captaron su atención desde la primera escena. No paró de reír y de dar botes en el asiento, y bailó y cantó todas las escenas con música.
¡Así que repetiremos la experiencia!
Cuando tienes hijos todo se convierte en sus primeras veces: la primera vez que te mira, que sonríe, que le sale un diente, que gatea, que anda, que te llama mamá...
Y las primeras veces con ellos: la primera vez que vais con ellos de vacaciones, que vais al cine, al parque de atracciones...
Y así nos queda por delante una vida llena de primeras veces.
miércoles, 11 de abril de 2012
¿Estamos obligadas a trabajar fuera de casa?
Cuando hace cinco años me quedé embarazada y dejé de trabajar, poco podía yo imaginar cuánto iba a cambiar mi forma de ver las cosas.
Durante el embarazo empiezo a hacer planes aplicando todo lo que he aprendido sin darme cuenta gracias a la televisión, los comentarios y consejos gratuitos... Tengo claro que disfrutaré de las 16 semanas de baja por maternidad, pero que inmediatamente después volveré a trabajar dejándole el niño a mi madre para que lo cuide. Sin olvidarme de buscar guardería y tener la plaza guardada para cuando cumpla el año.
No le echo la culpa a nadie. Yo nunca dudé de lo que iba aprendiendo, nunca me planteé que había otra opción, que otra forma de hacer las cosas era posible. Simplemente me dejaba llevar y veía como normal lo que hacía la mayoría.
Ni que decir tiene que ahora no pienso así, y que al final tampoco fueron así las cosas.
Fueron pasando los días, las semanas y los meses de embarazo. Yo me encontraba estupendamente, me encantaba mi tripa, todo lo que estar embarazada significaba y sentir que había vida dentro de mí.
Cuando vi a Rodrigo por primera vez, cuando me lo pusieron sobre mi pecho desnudo y pude notar todo su calor y humedad, que hasta un instante antes había sido también mi calor y mi humedad... mi vida dio una vuelta completa y nada volvería a ser lo mismo. Todavía recuerdo los ruidos, los olores y las luces de aquel momento.
A partir de ahí nada iba a ser como lo había imaginado, nada transcurrió según lo planeado. Los días se llenaron de Rodrigo, de momentos de caricias, de largos ratos contemplándolo, de horas y horas de pecho y leche.
Así que cuando llegó el momento de volver a trabajar me encontré con que no estaba preparada para separarme de él, que no quería dejar de darle el pecho y de verlo durante más de ocho horas seguidas por volver al trabajo. Por eso, y por un sin fin de razones más, decidí no volver al mundo laboral; elegí quedarme en casa, ocupándome de nuestro hogar y criando a nuestro hijo.
Entiendo y respeto que hayan madres que prefieran volver a trabajar, dejar al niño al cuidado de otra persona, y probablemente contratar los servicios de alguien para que les limpie la casa. También entiendo que habrán madres que no puedan elegir, que no tengan otra opción.
Un día surge el tema y se te ocurre decir que cuando a ti te llegó el momento de volver a trabajar te lo pensaste. Sopesaste las dos opciones y la que más te compensaba era la de trabajar en casa, ocupándote de tu casa, y pasando el mayor tiempo posible con tu hijo. Y para rematarlo les dices que no te arrepientes, que es lo mejor que podrías haber hecho.
Entonces llegan las preguntas y con ellas el sentimiento de culpabilidad y la duda de si estarás haciendo lo correcto. Pero, lo correcto ¿para quién? Te preguntan si llegas a fin de mes sólo con un sueldo, si no te vuelves loca todo el día en casa con los niños, si no sabes que un niño necesita estar con más niños, que necesita socializarse...
Evidentemente, aunque llego a fin de mes, lo hago mucho más justo con un sueldo que con dos. No podemos salir a gastar sin mirar los precios ni comprar nada que no sea necesario. Y ya os podéis imaginar que cambia mucho el concepto de necesidad cuando se tienen hijos. A veces sí que me vuelvo loca en casa con los niños, pero afortunadamente tengo a mi tribu, mi red de apoyo, mis amigas, que están en una situación como poco parecida a la mía y me escuchan y entienden. Y lo de que un niño necesita socializarse os lo puede explicar mucho mejor Armando que yo.
Curiosamente, con quien más violenta me siento hablando de este tema es con algunas madres que trabajan fuera de casa.
Mas de una vez hemos hablado varias madres de las que cosas que nos gustaría hacer si tuviéramos más tiempo, y después de algunas conversaciones he llegado a la conclusión de que entre algunas madres de las que trabajan fuera de casa corre la creencia de que a las que no trabajamos fuera nos sobra el tiempo.
Cuando alguna vez he comentado que formo parte de dos clubs de lectura me han llegado a decir que como no trabajo, tengo tiempo y puedo leer. Precisamente leer es una de las cosas que puedes hacer mientras das el pecho o estás en el baño haciendo tus necesidades, por ejemplo. Claro que si una de tus aficiones es pintar cuadros entiendo que no sea tan fácil encontrar tiempo. O igual es que mis hijos dan mucho trabajo, o yo me organizo mal, porque no encuentro por ninguna parte el tiempo del que hablan.
De todas formas este es un tema de esos en los que hay tantas opiniones como gente para opinar, y todas diferentes.
Tampoco está bien "quejarte" de tu situación. Si tu has elegido quedarte en casa con lo que ello conlleva, no te quejes, que tú has elegido. Nada de decir que necesitas tiempo para ti, ni respirar aire fresco para ver las cosas de otra manera ¿No tienes lo que querías?
Otras veces tengo la sensación de que no produzco, de que no soy de provecho para la sociedad. Que sino me incorporo al mundo laboral y al estilo de vida que más se vende es como sino contara para lo demás.
Y me pregunto: ¿seré la única que se siente así? ¿que siente la obligación de trabajar fuera de casa?
.
Durante el embarazo empiezo a hacer planes aplicando todo lo que he aprendido sin darme cuenta gracias a la televisión, los comentarios y consejos gratuitos... Tengo claro que disfrutaré de las 16 semanas de baja por maternidad, pero que inmediatamente después volveré a trabajar dejándole el niño a mi madre para que lo cuide. Sin olvidarme de buscar guardería y tener la plaza guardada para cuando cumpla el año.
No le echo la culpa a nadie. Yo nunca dudé de lo que iba aprendiendo, nunca me planteé que había otra opción, que otra forma de hacer las cosas era posible. Simplemente me dejaba llevar y veía como normal lo que hacía la mayoría.
Ni que decir tiene que ahora no pienso así, y que al final tampoco fueron así las cosas.
Fueron pasando los días, las semanas y los meses de embarazo. Yo me encontraba estupendamente, me encantaba mi tripa, todo lo que estar embarazada significaba y sentir que había vida dentro de mí.
Cuando vi a Rodrigo por primera vez, cuando me lo pusieron sobre mi pecho desnudo y pude notar todo su calor y humedad, que hasta un instante antes había sido también mi calor y mi humedad... mi vida dio una vuelta completa y nada volvería a ser lo mismo. Todavía recuerdo los ruidos, los olores y las luces de aquel momento.
A partir de ahí nada iba a ser como lo había imaginado, nada transcurrió según lo planeado. Los días se llenaron de Rodrigo, de momentos de caricias, de largos ratos contemplándolo, de horas y horas de pecho y leche.
Así que cuando llegó el momento de volver a trabajar me encontré con que no estaba preparada para separarme de él, que no quería dejar de darle el pecho y de verlo durante más de ocho horas seguidas por volver al trabajo. Por eso, y por un sin fin de razones más, decidí no volver al mundo laboral; elegí quedarme en casa, ocupándome de nuestro hogar y criando a nuestro hijo.
Entiendo y respeto que hayan madres que prefieran volver a trabajar, dejar al niño al cuidado de otra persona, y probablemente contratar los servicios de alguien para que les limpie la casa. También entiendo que habrán madres que no puedan elegir, que no tengan otra opción.
Un día surge el tema y se te ocurre decir que cuando a ti te llegó el momento de volver a trabajar te lo pensaste. Sopesaste las dos opciones y la que más te compensaba era la de trabajar en casa, ocupándote de tu casa, y pasando el mayor tiempo posible con tu hijo. Y para rematarlo les dices que no te arrepientes, que es lo mejor que podrías haber hecho.
Entonces llegan las preguntas y con ellas el sentimiento de culpabilidad y la duda de si estarás haciendo lo correcto. Pero, lo correcto ¿para quién? Te preguntan si llegas a fin de mes sólo con un sueldo, si no te vuelves loca todo el día en casa con los niños, si no sabes que un niño necesita estar con más niños, que necesita socializarse...
Evidentemente, aunque llego a fin de mes, lo hago mucho más justo con un sueldo que con dos. No podemos salir a gastar sin mirar los precios ni comprar nada que no sea necesario. Y ya os podéis imaginar que cambia mucho el concepto de necesidad cuando se tienen hijos. A veces sí que me vuelvo loca en casa con los niños, pero afortunadamente tengo a mi tribu, mi red de apoyo, mis amigas, que están en una situación como poco parecida a la mía y me escuchan y entienden. Y lo de que un niño necesita socializarse os lo puede explicar mucho mejor Armando que yo.
Curiosamente, con quien más violenta me siento hablando de este tema es con algunas madres que trabajan fuera de casa.
Mas de una vez hemos hablado varias madres de las que cosas que nos gustaría hacer si tuviéramos más tiempo, y después de algunas conversaciones he llegado a la conclusión de que entre algunas madres de las que trabajan fuera de casa corre la creencia de que a las que no trabajamos fuera nos sobra el tiempo.
Cuando alguna vez he comentado que formo parte de dos clubs de lectura me han llegado a decir que como no trabajo, tengo tiempo y puedo leer. Precisamente leer es una de las cosas que puedes hacer mientras das el pecho o estás en el baño haciendo tus necesidades, por ejemplo. Claro que si una de tus aficiones es pintar cuadros entiendo que no sea tan fácil encontrar tiempo. O igual es que mis hijos dan mucho trabajo, o yo me organizo mal, porque no encuentro por ninguna parte el tiempo del que hablan.
De todas formas este es un tema de esos en los que hay tantas opiniones como gente para opinar, y todas diferentes.
Tampoco está bien "quejarte" de tu situación. Si tu has elegido quedarte en casa con lo que ello conlleva, no te quejes, que tú has elegido. Nada de decir que necesitas tiempo para ti, ni respirar aire fresco para ver las cosas de otra manera ¿No tienes lo que querías?
Otras veces tengo la sensación de que no produzco, de que no soy de provecho para la sociedad. Que sino me incorporo al mundo laboral y al estilo de vida que más se vende es como sino contara para lo demás.
Y me pregunto: ¿seré la única que se siente así? ¿que siente la obligación de trabajar fuera de casa?
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sábado, 17 de marzo de 2012
Gente tóxica
Gente tóxica es el título de un libro escrito por Bernardo Stamateas.
Hace tiempo que sabía de este libro, que me llamaba la atención y que me apetecía leerlo. Ahora que lo tengo espero encontrar el tiempo para hacerlo.
He echado un vistazo a la introducción y me gusta lo que dice de que cada capítulo es independiente del resto, ya que cada uno está dedicado a una clase de gente: el envidioso, el manipulador, el quejoso, el orgulloso...
Por cierto, he buscado tóxico en el diccionario y dice:
tóxico,ca: (Sustancia) venenosa o que produce efectos nocivos sobre el organismo.
Y para asegurarme sobre nocivo:
nocivo, va: Dañino, pernicioso, perjudicial.
Y es que yo creo que siempre, en todas las épocas de nuestra vida, tenemos a gente tóxica cerca de nosotros.
Ahora, me gustaría saber si son tóxicos para nosotros por lo que ellos pueden hacer, o por el poder que nosotros les damos.
Si las circunstancias te permiten alejarte o no tener relación con alguien así, no hay problema. Lo complicado viene cuando esa persona es de tu entorno, cuando forma parte de tu círculo de amistades, cuando es miembro de tu familia o de la de tu marido...
Si no eres una persona decidida y sin pelos en la lengua que deja las cosas claras y los límites bien marcados, optas por ignorar a la persona en cuestión. Pero no siempre es fácil.
El tiempo y la edad nos enseñan a conocernos a nosotros mismos, y las desilusiones y los tropiezos a saber con quien queremos estar y con quien no.
Yo he cambiado con el paso de los años, y lo sigo haciendo. La maternidad, la vida que llevas cuando tienes hijos, "te obliga" a tomar decisiones y caminos pensando en el bienestar de esas personitas por las que darías la vida.
Así que ahora quiero a gente alegre, optimista y con ganas de vivir a mi alrededor. Quiero ver todos los colores que tiene la vida.
Necesito estar con gente que me de energía, sentir que recargo las pilas y los sentidos.
Quiero estar sin miedo a ser observada, criticada o corregida, reírme de mis equivocaciones y aprender de ellas.
No quiero gente mal pensada, negativa o controladora a mi lado. En la medida en que pueda evitarlo, no quiero relaciones en las que tenga que ir con pies de plomo.
No me interesa la gente que cree que lo sabe todo, que nada tiene que aprender y se dedica a corregir a los demás. Esa gente que solo da por buena su opinión, y que piensa que la única manera de hacer bien las cosas es la suya. Que utilizan la buena acción de aconsejar para decirte lo que haces mal.
Pues eso, que voy a poner todo lo que esté en mi mano para seguir siendo feliz, rodeándome que quienes me hagan sentir así.
Bueno, y también hay que tener en cuenta que (cabe la posibilidad de que) nosotros también podemos ser tóxicos para otros ¿no?
Hace tiempo que sabía de este libro, que me llamaba la atención y que me apetecía leerlo. Ahora que lo tengo espero encontrar el tiempo para hacerlo.
He echado un vistazo a la introducción y me gusta lo que dice de que cada capítulo es independiente del resto, ya que cada uno está dedicado a una clase de gente: el envidioso, el manipulador, el quejoso, el orgulloso...
Por cierto, he buscado tóxico en el diccionario y dice:
tóxico,ca: (Sustancia) venenosa o que produce efectos nocivos sobre el organismo.
Y para asegurarme sobre nocivo:
nocivo, va: Dañino, pernicioso, perjudicial.
Y es que yo creo que siempre, en todas las épocas de nuestra vida, tenemos a gente tóxica cerca de nosotros.
Ahora, me gustaría saber si son tóxicos para nosotros por lo que ellos pueden hacer, o por el poder que nosotros les damos.
Si las circunstancias te permiten alejarte o no tener relación con alguien así, no hay problema. Lo complicado viene cuando esa persona es de tu entorno, cuando forma parte de tu círculo de amistades, cuando es miembro de tu familia o de la de tu marido...
Si no eres una persona decidida y sin pelos en la lengua que deja las cosas claras y los límites bien marcados, optas por ignorar a la persona en cuestión. Pero no siempre es fácil.
El tiempo y la edad nos enseñan a conocernos a nosotros mismos, y las desilusiones y los tropiezos a saber con quien queremos estar y con quien no.
Yo he cambiado con el paso de los años, y lo sigo haciendo. La maternidad, la vida que llevas cuando tienes hijos, "te obliga" a tomar decisiones y caminos pensando en el bienestar de esas personitas por las que darías la vida.
Así que ahora quiero a gente alegre, optimista y con ganas de vivir a mi alrededor. Quiero ver todos los colores que tiene la vida.
Necesito estar con gente que me de energía, sentir que recargo las pilas y los sentidos.
Quiero estar sin miedo a ser observada, criticada o corregida, reírme de mis equivocaciones y aprender de ellas.
No quiero gente mal pensada, negativa o controladora a mi lado. En la medida en que pueda evitarlo, no quiero relaciones en las que tenga que ir con pies de plomo.
No me interesa la gente que cree que lo sabe todo, que nada tiene que aprender y se dedica a corregir a los demás. Esa gente que solo da por buena su opinión, y que piensa que la única manera de hacer bien las cosas es la suya. Que utilizan la buena acción de aconsejar para decirte lo que haces mal.
Pues eso, que voy a poner todo lo que esté en mi mano para seguir siendo feliz, rodeándome que quienes me hagan sentir así.
Bueno, y también hay que tener en cuenta que (cabe la posibilidad de que) nosotros también podemos ser tóxicos para otros ¿no?
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miércoles, 22 de febrero de 2012
Poco tiempo y mucha pereza
Me costó mucho decidirme a escribir un blog.
Me apetecía contar y compartir experiencias, tener por escrito lo que pienso y siento en esta etapa tan importante de mi vida, pero no quería tener otra obligación a la que no poder atender.
Cuando por fin me decidí a escribirlo tenía muy poco tiempo, aunque muchas ganas, y ahora me encuentro con que tengo menos tiempo todavía. No es una excusa, es el motivo principal, aunque no el único, por el que escribo tan poco. El otro motivo, creo que tan importante (o quizás más importante todavía) como la falta de tiempo, es la pereza. Cuanto menos escribo, más me cuesta hacerlo cuando me pongo a ello; más me cuesta encontrar las palabras, el momento, y el ritmo que necesito para hacerlo. Y al final todo es falta de práctica.
Y por si fuera poco y me diera poca pereza ponerme a escribir, cuando me pongo a ello me encuentro con que tengo que instalarme Google Chrome porque mi navegador ya no es compatible con Blogger. Que como no tengo tiempo suficiente para estar frente al ordenador, no tengo narices de averiguar cómo centrar la imagen de cabecera que tengo en el blog. Y para colmo, como no estoy acostumbrada al nuevo aspecto de Blogger, ni me gusta ni me aclaro con él.
Pero bueno, aunque he empezado quejándome, tengo que reconocer que no todo es malo, ni mucho menos.
En casa estamos todos bien de salud, nos queremos y somos felices. Disfrutamos del tiempo que pasamos juntos y cada día está lleno de juegos y de risas, aunque a veces también de estrés y llantos.
Espero que esto sea el principio de algo que ya empezó hace tiempo, que pueda dejar la pereza de lado y arañar un poquito de aquí y otro poquito de allá para poder escribir más a menudo.
Me apetecía contar y compartir experiencias, tener por escrito lo que pienso y siento en esta etapa tan importante de mi vida, pero no quería tener otra obligación a la que no poder atender.
Cuando por fin me decidí a escribirlo tenía muy poco tiempo, aunque muchas ganas, y ahora me encuentro con que tengo menos tiempo todavía. No es una excusa, es el motivo principal, aunque no el único, por el que escribo tan poco. El otro motivo, creo que tan importante (o quizás más importante todavía) como la falta de tiempo, es la pereza. Cuanto menos escribo, más me cuesta hacerlo cuando me pongo a ello; más me cuesta encontrar las palabras, el momento, y el ritmo que necesito para hacerlo. Y al final todo es falta de práctica.
Y por si fuera poco y me diera poca pereza ponerme a escribir, cuando me pongo a ello me encuentro con que tengo que instalarme Google Chrome porque mi navegador ya no es compatible con Blogger. Que como no tengo tiempo suficiente para estar frente al ordenador, no tengo narices de averiguar cómo centrar la imagen de cabecera que tengo en el blog. Y para colmo, como no estoy acostumbrada al nuevo aspecto de Blogger, ni me gusta ni me aclaro con él.
Pero bueno, aunque he empezado quejándome, tengo que reconocer que no todo es malo, ni mucho menos.
En casa estamos todos bien de salud, nos queremos y somos felices. Disfrutamos del tiempo que pasamos juntos y cada día está lleno de juegos y de risas, aunque a veces también de estrés y llantos.
Espero que esto sea el principio de algo que ya empezó hace tiempo, que pueda dejar la pereza de lado y arañar un poquito de aquí y otro poquito de allá para poder escribir más a menudo.
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